miércoles, 2 de mayo de 2018

GRANDES ASEDIOS DE LA HISTORIA: Cartagena de Indias


Del  13 de marzo al 20 de mayo de 1741, tuvo lugar La batalla de Cartagena de Indias,  entre las armadas española e inglesa. Batalla decisiva para el  desenlace final de la Guerra de la Oreja de Jenkins, que transcurrió entre 1739 y 1748,  y fue uno de los conflictos armados entre España y Gran Bretaña que tuvieron lugar durante el siglo XVIII.


La Armada Inglesa que participó, con 195 navíos, era mayor que la que Felipe II envió, con tan desastrosos resultados, a la conquista de Inglaterra. El ejército inglés estaba comandado por el almirante Edward Vernon, con 32.000 soldados y 3.000 piezas de artillería, mientras que Cartagena estaba defendida por 3.600 soldados y 6 navíos. Inglaterra estaba tan segura de su victoria que el rey inglés mandó acuñar monedas celebrando su triunfo, en las que se leía "la arrogancia española humillada por el almirante Vernon y los héroes británicos tomaron Cartagena, abril 1, 1741 ", en ellas aparecía Blas de Lezo representado de rodillas entregando su espada al almirante Vernon.

La victoria de las fuerzas españolas, al mando del teniente general de la Armada Blas de Lezo, prolongó la supremacía militar española en el Atlántico occidental hasta el siglo XIX.

Eran tiempos difíciles para España puesto que, en el siglo XVIII, estábamos involucrados en multitud de conflictos bélicos. En 1713, España había firmado de manera deshonrosa el Tratado de Utrecht, por el que perdía las posesiones continentales europeas; pero todavía quedaban las americanas y sus ciudades que se habían convertido en bastiones críticos para asegurar el comercio con América. Cartagena de Indias era principal ciudad, para los intereses españoles, en el continente americano. Una ciudad espléndidamente fortificada, donde los españoles darían muestra de su valentía y heroísmo en la guerra que pasó a la historia con el nombre de la Guerra de la Oreja de Jenkins.





¿Por qué el nombre de Oreja de Jenkins?

En las costas de Florida actuaba un pirata llamado Robert Jenkins, que fue interceptado por un guardacostas español, a las órdenes del capitán Juan de León Fandiño. Éste permitió seguir con vida al pirata y le amputó una oreja; y con la oreja del pirata en la mano, le dijo: “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. Como parte de una campaña de la oposición parlamentaria en contra del primer ministro Walpole, Jenkins compareció en la Cámara de los Comunes en 1738, denunciando el caso con su oreja en la mano. Como consecuencia Walpole se vio obligado a declarar la guerra a España el 23 de octubre de 1739; una oreja iba a provocar una guerra. Pero la verdad es que los ingleses encontraron la escusa para declararle la guerra a España ya que trataban de desplazar a España y ocupar su posición para controlar los mares atlánticos, arrebatándole las mejores posesiones americanas.

Para llevar a cabo esos objetivos, Inglaterra organizó un ejército formidable. Preparó y armó una magnífica flota con 195 navíos entre buques de guerra y transporte, la flota se puso rumbo a Cartagena de Indias, para tomarla al asalto. Entre las tropas inglesas estaba el hermanastro de Jorge Washington, el futuro presidente norteamericano, que dirigía un grupo de 4.000 milicianos americanos que iban a participara en la toma de la ciudad. Junto a los navíos, viajaban 11.000 soldados de asalto, 15.000 marineros, los 4.000 milicianos americanos y 2.000 negros jamaicanos, que constituirían la vanguardia. Los ingleses eran los mejores artilleros del momento e iban a atacar con lo mejor que tenía en su armada de guerra, en material y personal de asalto, estaba determinada a la victoria.



Blas de Lezo era el responsable de la defensa de la ciudad. Cartagena de Indias contaba con magníficas fortalezas y castillos que protegían la ciudad, aunque las fuerzas defensoras eran pocas, ya que Lezo disponía de 3.000 soldados del ejército regular español, reforzados con 600 arqueros indios del interior y unas 1.000 piezas de artillería. Para el desenlace final de la batalla, resultó decisiva la eficacia de los servicios de inteligencia españoles, que consiguieron infiltrar espías en la Corte Londinense y en el Cuartel General del almirante Vernon. El plan general inglés fue conocido de antemano en las Cortes Españolas y por Blas de Lezo. Se dispuso de tiempo suficiente para reaccionar y adelantarse a los acontecimientos.

El virrey Eslava, jefe político y militar del Virreinato, tenía confianza de que el almirante Torres llegaría a tiempo a Cartagena para atacar a Vernon por la retaguardia, pues la flota española estaba anclada en La Habana a la espera de la llegada de la flota inglesa. Pero Torres nunca llegó. Cartagena no se iba a rendir y Blas de Lezo se decidió por la resistencia a ultranza y organizó los recursos disponibles. Sabía que tenía pocos recursos, pero aún así pretendía resistir con todo lo que tenía. Los 6 navíos disponibles fueron hundidos por los españoles para impedir el movimiento de los barcos enemigos por la bocana del puerto. Antes de hundir los navíos, Blas de Lezo, ordenó desmontar los cañones de las 6 naves y situarlas estratégicamente rodeando la ciudad.

La flota inglesa estaba mandada por el vicealmirante Edward Vernon, que mandaba la Primera Escuadra; el contraalmirante Chaloner-Ogle, la Segunda; y el Capitán en jefe Lestock, la Tercera, y estaba compuesta por un navío de a 90 cañones, nueve de a 80. 32 de entre 60/70 cañones, 6 fragatas de 40/50 cañones, 6 fragatillas, 3 burlotes, 3 bombardas o paquebotes y 135 transportes.

La bahía de Cartagena está dividida en dos bahías naturales: la Bahía Exterior limitada por la península de Bocagrande, continente, y las islas de Tierrabomba, Barú y Manzanillo; y la Bahía Interior con el puerto colonial, cerrada también por Bocagrande, continente, y por las islas de Manzanillo y Manga. El 17 de marzo de 1640, naufragan en la Bocagrande la nave capitana y los galeones Buensuceso y Concepción, de la armada comandada por Rodrigo Lobo da Silva. Los cascos hundidos sirvieron de núcleo colector de arena lo que aceleró la formación de la barra, dificultando la navegación. A partir de 1640, las mareas profundizan de manera natural el canal de Bocachica cuyo fondo era de barro. Con un ligero dragado, los más pesados galeones y naves de guerra iniciaron su tránsito entre Barú y Tierrabomba, modificando radicalmente todo el sistema  defensivo de la bahía de Cartagena. En 1741, el canal de Bocachica sería el adecuado para los navíos de guerra ingleses de tres puentes.

El 13 de marzo de 1741 la imponente flota del almirante Edward Vernon llegaba a la bahía de Cartagena. Vernon ordenó las maniobras oportunas para que las naves inglesas se situaran de flanco frente a las defensas de Cartagena. El 15 llegan los primeros buques ingleses a Playa Grande y dos días después fondearon sobre la misma playa el resto de los navíos pertenecientes a las tres escuadras.



El 19 de marzo, los ingleses continúan estudiando el campo de operaciones. Algún pequeño intento de desembarco frustrado por la Boquilla sin relevancia. El día 20 toda la armada inglesa queda anclada en la Punta de Hicacos, muy cerca del puerto de Cartagena; donde estaban los buques españoles Dragón y el Conquistador que impedían el paso a la bahía interior de Cartagena por Bocagrande.

Ante la imposibilidad de entrar por Bocagrande, Lestock, con 12 navíos pone rumbo a Bocachica. En el trayecto, disparan contra la batería de Santiago que disponía de 11 cañones cuyo comandante, el capitán de fragata Lorenzo Alderete, también era el responsable de la batería de San Felipe de Bocachica, con 5 cañones. Fracasaron en su intento de romper el cerco de Bocachica y se mantuvieron disparando contra el castillo de San Felipe. Consiguen desembarcar 500 efectivos cerca de la batería de Santiago y el 21 desembarca el resto del contingente británico. Durante la noche del 20 al 21, los ingleses toman la batería de Varadero y con sus cañones disparan a la de Punta de Abanicos, los españoles se ven obligados a abandonar la batería, quedando Campuzano con un sargento y 11 soldados del regimiento de Aragón y dos artilleros.  Les responden con cañonazos los buques San Felipe y África, quedando retrasados en reserva el Galicia y el San Carlos.

El 3 de abril, 18 buques alineados frente a Bocachica inician un terrible bombardeo para romper las defensas de los castillos de San Luis y San José que cierran su paso a  la Bahía exterior. Knowles se dirige a la ensenada de Abanicos  para destruir definitivamente la resistencia de Campuzano, que finalmente tienen que retirarse con su escasa tropa al castillo de San José. Al día siguiente, la batería de Abanicos queda completamente destruida y Lestock vuelve al ataque contra el fuerte de San José y San Luis, que durante dos días reciben un intensísimo cañoneo. Las tres baterías del fuerte de San Luis quedaron desmanteladas y las playas desprotegidas para un desembarco. Las murallas, derrumbadas, y por la brecha abierta cargaron los ingleses a bayoneta calada desde tierra. Ante la imposibilidad de resistir, se tocó retirada y durante toda la noche continuó el desembarco enemigo.

La noche del 5 al 6 de abril, Blas de Lezo sitúa los buques Dragón y Conquistador entre los canales del Castillo Grande y Manzanillo con intención de hundirlos para impedir el paso de los navíos ingleses por la entrada de Bocagrande, se incendió el San Felipe, y se disparó desde el San Carlos nueve cañonazos al África para hundirle en la bocana de entrada. La situación empeoraba para los españoles, y el fuerte de San José fue evacuado al castillo Grande y posteriormente a Cartagena. El 11 de abril, los ingleses toman el castillo de Santa Cruz que previamente había sido abandonado.



Comienza el asedio de la ciudad a las 9 de la mañana del 13 de abril, con continuos bombardeos, al mismo tiempo, otra escuadra atacaba  al fuerte Manzanillo. La situación empezaba a ser desesperada para los españoles, iban pasado los días, y el cañoneo inglés no cesaba, intenso, continuo, repitiéndose mañana, tarde, noche, mañana... pero la moral de los españoles estaba a la altura de las defensas de la ciudad, manteniéndose intacta. La ciudad fue severamente castigada por la artillería inglesa, pero las defensas seguían soportando todo lo que les llegaba desde los barcos ingleses. Vernon había calculado que los españoles resistirían dos o tres días más, era imposible pensar que tan pocos pudieran resistir a tantos. Los españoles tenían orden de resistir hasta el final no se les permitía ni un paso atrás, habían clavado la bandera e iban a morir allí, defendiendo la ciudad hasta el final.

A las 4 de la mañana del 16 de abril Vernon, que había decidido tomar Cartagena de Indias al asalto, hizo que una fuerza de unos 10.000 hombres, compuesta por los macheteros jamaicanos, los milicianos americanos y las fuerzas regulares inglesas, desembarcara por la costa de Jefar. Pero las sucesivas avalanchas inglesas se encontraron con trincheras inexpugnables, repletas de mosquetes y bayonetas españolas, que a pesar de su corto número, parecían multiplicarse. El 17 de abril, la infantería británica, toman el alto de Popa, a un kilómetro del castillo de San Felipe, que era el auténtico baluarte español en el Caribe.

Ante estos acontecimientos, Blas de Lezo  tomó tres decisiones que serían decisivas para el desenlace final de la batalla. En primer lugar, mandó  excavar un foso en torno al castillo para que las escalas inglesas se quedasen cortas al intentar tomarlo; también ordenó cavar una trinchera en zigzag, para evitar que los cañones ingleses se acercasen demasiado; y por último, les envió dos “desertores” que engañaron y dirigieron a la tropa inglesa hasta un flanco de la muralla bien protegido, donde serían masacrados sin piedad.






Asalto definitivo al castillo de San Felipe de Barajas

Llegamos así a la noche del 19 al 20 de abril, tras  una potente  preparación artillera, Vernon intentó asaltar el castillo con unos 10.200 hombres de infantería, organizados en  tres columnas, apoyados por los negros macheteros  jamaicanos. En frente tenía la batería de San Lázaro de propio castillo de San Felipe y 1.000 hombres muy motivados. Cuando los ingleses llegaron a las murallas, la sorpresa fue mayúscula, comprobaron que sus escalas eran demasiado cortas y no podían escalarlas. Debido al peso del equipo, no podían avanzar ni retroceder, circunstancia que los españoles aprovecharon, abriendo fuego contra los británicos, produciéndose una carnicería sin precedentes, al amanecer, se encontraron con las bayonetas de unos trescientos soldados de los tercios españoles que saltaban sobre ellos desde sus trincheras. Fue una masacre.

Esto desmoralizó a los ingleses. El engreído Sir Andrew Vernon había sido incapaz de vencer a unos pocos harapientos españoles capitaneados por un anciano tuerto, manco y cojo. El pánico se apoderó de ellos, rompieron sus líneas de combate y huyeron despavoridos tras la última carga española hacia sus barcos para protegerse de la furia de la infantería de los tercios. Del 22 al 25 de abril, decrecieron los enfrentamientos. El 26 los ingleses volvieron a bombardear la ciudad, pero el 9 de mayo, Vernon asumió que era imposible tomar al asalto la fortaleza de Cartagena de Indias, ordenó la retirada, levantar el asedio y volver a Jamaica. Había fracasado estrepitosamente. Tan sólo acertó a pronunciar, entre dientes, una frase: “God damn you, Lezo!”.

Al partir, Vernon, se permitió enviar una carta a Lezo, con una velada amenaza: “Hemos decidido retirarnos, pero para volver pronto a esta plaza, después de reforzarnos en Jamaica”. A lo que Lezo respondió con ironía: “Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque esta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres.” Fueron tantas las bajas inglesas, que tuvieron que hundir numerosos barcos, allí mismo, no les quedaban suficientes marineros. Hasta el 20 de mayo estuvieron saliendo embarcaciones inglesas de Cartagena. El último en abandonar el sitio fue Lestock. De los 195 buques se contaron  en la retirada 186. Los ingleses tuvieron 9.500 muertos, 7.500 heridos, perdieron 1.500 cañones y 50 naves. En contra, los españoles sufrieron 800 muertos, 1.200 heridos y perdieron 6 naves. Los fuertes de Bocachica, Castillo Grande y Manzanillo quedaron totalmente destruidos. La mayor operación de la Royal Navy hasta el momento se saldó también como la mayor derrota de su historia.

A Inglaterra habían llegado noticias erróneas, asegurando que la victoria en Cartagena se había consumado. Vernon, había mandado un correo al rey inglés asegurando que había logrado la victoria, lo que generó una euforia en su país; aunque lo que consiguió en realidad fue la mayor y más humillante derrota de toda la historia de la Royal Navy. En vista de las “buenas noticias” enviadas por Vernon, el rey Jorge II ordenó se elaboraran medallas conmemorativas de la supuesta victoria. En las medallas se representaba a un Blas de Lezo, entero y completo con dos brazos, dos piernas, arrodillado ante Vernon. Hubo celebraciones y fiestas, hasta que llegó la verdadera noticia, anunciando la humillante derrota de Vernon ante Blas de Lezo; la realidad heló sus sonrisas.

Fue tal la humillación que el rey Jorge II ordenó a los historiadores ingleses no se escribiera nada de la derrota; y los historiadores ingleses son hegemónicos, lo que ellos no publican no existe. Y como los historiadores no escribieron nada sobre Cartagena de Indias, esta batalla fue injustamente ocultada para la historia. A su vuelta a Inglaterra, Vernon fue relevado de su cargo y expulsado de la Marina en 1746. A pesar de su profundo descrédito, a su muerte en 1757 se le enterró en la Abadía de Westminster, como si fuera un héroe más. La leyenda de su tumba reza : “He subdued Chagre, and at Carthagena conquered as far as naval forces could carry victory” ("Sometió a Charges y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria"). Por estas acciones militares recibió el agradecimiento de ambas Cámaras del Parlamento. Después de esto se retiró sin título. Recibió su recompensa, el amor y la estima de todos sus contemporáneos y generaciones posteriores.

Blas de Lezo corrió una suerte diferente, quedó muy mal herido por los combates de Cartagena de Indias, murió cinco meses más tarde víctima de las heridas del combate. Nadie sabe donde está enterrado, sus restos quedaron en una fosa común, por lo que su cuerpo no pudo ser enterrado en las condiciones que merecía, Blas de Lezo murió en Cartagena en septiembre de 1741. Murió sin el reconocimiento merecido y además denostado por su rey. Pasados 20 años, recibió la concesión de un título honorífico en la persona de su hijo. Tras 70 años se publicaron las primeras monografías sobre el ilustre marino, se colocó una placa en su casa de Pasajes, una escultura donada por el gobierno español, en Cartagena de Indias,  un busto en una calle de San Sebastián y se puso su nombre a una fragata de la Armada Española. Con el paso del tiempo se fue perdiendo su recuerdo para generaciones posteriores. Otro ejemplo de la gratitud de los españoles por los que lucharon y murieron por nuestro país. Increíble pero cierto, España le olvidó. Se le concedió a título póstumo el marquesado de Ovieco y después muchos navíos españoles llevaron su nombre.

Curiosidades del destino, aquel que les humilló fue a Londres para amargar un poco, en su orgullo a los ingleses, representado por la fragata F103 Blas de Lezo, participó en las celebraciones del 200 aniversario de la victoria de Trafalgar celebrada por los ingleses. Don Blas había resucitado de sus cenizas. En los locales de Cartagena, todavía se bromea cuando se nombra a don Blas de Lezo, agitando los puños cada vez que se menciona su nombre, diciendo: "¡Gracias a él, nosotros no hablamos inglés!".

La victoria aseguró el comercio con América 60 años más. Los ingleses nunca volvieron, ni a Cartagena ni a los puertos del Caribe, que siguieron siendo hispanos hasta que decidieron ser hispanoamericanos. Los mares del Caribe volvieron a convertirse en un lago español. Los españoles pudieron continuar enarbolando la bandera en la inmensidad del océano Atlántico. Inglaterra ya no volvió a amenazar seriamente al Imperio español. España, en cambio, contribuyó años más tarde, con Bernardo de Gálvez, al desmoronamiento de las colonias inglesas en América, cuestión también poco difundida. Pero esto ya es otra historia.




lunes, 23 de abril de 2018

EL RENACIMIENTO: En el Mundo

Miguel de Cervantes


El Renacimiento en España: En España el cambio no es tan extremo como en otros países, por ello se habla de un Renacimiento español más original y variado que en el resto de Europa. Así, la literatura acepta las innovaciones italianas de Dante y Petrarca, pero no olvida la poesía del Cancionero y la tradición anterior. En cuanto a las artes plásticas, el Renacimiento hispano mezcló elementos importados de Italia, de donde llegaron Paolo de San Leocadio, Pietro Torrigiano o Domenico Fancelli, con la tradición local, y con algunos otros influjos, como lo flamenco. Las innovaciones renacentistas llegaron a España de forma muy tardía: hasta la década de 1520 no se encuentran ejemplos acabados de las mismas y tales ejemplos son minoritarios. No llegaron a España plenamente, lo que determina que el arte renacentista español pase casi abruptamente del gótico al manierismo. 


En el campo de la arquitectura se distinguen tres periodos: plateresco (siglo xv-primer cuarto del siglo xvi), purismo o estilo italianizante (primera mitad del siglo xvi) y estilo herreriano (a partir de 1559-mediados del siglo siguiente). En el plateresco aparece de forma superficial, en la decoración de las fachadas, lo más característico es una decoración menuda, detallista y abundante, semejante a la labor de los plateros, de donde deriva el nombre. El núcleo fundamental fue la ciudad de Salamanca, cuya Universidad y su fachada son el paradigma del estilo. Arquitectos destacados del mismo fueron Rodrigo Gil de Hontañón y Juan de Álava. 

El purismo representa una fase más avanzada de la italianización en la arquitectura. El palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada, obra de Pedro de Machuca, es ejemplo de ello. El foco principal de este estilo se situó en Andalucía, donde además del citado palacio destacaron los núcleos de Úbeda y Baeza y arquitectos como Andrés de Vandelvira y Diego de Siloé.

Finalmente, apareció el estilo escurialense o herreriano, original adaptación del manierismo romano caracterizada por la desnudez y el gigantismo arquitectónico. La obra fundamental fue el palacio-monasterio de El Escorial, trazado por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, sin duda la obra más ambiciosa del Renacimiento hispano. Lo escurialense traspasó el umbral cronológico del siglo xvi llegando con gran vigencia a la época barroca. 

En escultura, la tradición gótica mantuvo su hegemonía durante buena parte del siglo xvi. Los primeros ecos del nuevo estilo corresponden a artistas como Felipe Vigarny o Domenico Fancelli, que trabajó al servicio de los Reyes Católicos, esculpiendo su sepulcro. No obstante, pronto surgieron artistas locales como Bartolomé Ordóñez y Damián Forment. Posteriormente surgieron grandes figuras, creadoras de un manierismo que sentó las bases de la posterior escultura barroca: Juan de Juni y Alonso Berruguete son los más destacados. 

La pintura renacentista española está determinada igualmente por el pulso que mantiene la herencia del gótico con los nuevos modos venidos de Italia. Esto se aprecia en la obra de Pedro Berruguete, que trabajó al servicio de Federico de Montefeltro, y Alejo Fernández. Posteriormente aparecieron artistas influidos por las novedades italianas, como Vicente Macip o su hijo Juan de Juanes —influidos por Rafael—, Luis de Morales, Juan Fernández de Navarrete o los leonardescos Fernando Yáñez de la Almedina y Hernando de los Llanos. Pero la gran figura del Renacimiento español, que se inscribe en el manierismo, aunque rebasando sus límites al crear un universo estilístico propio: El Greco. 

La literatura renacentista es un reflejo de los principios que dominaron el pensamiento de la época. Grandes figuras nos han legado una producción literaria cuyo mensaje, en muchos casos, continúa de actualidad. Los temas principales de la literatura renacentista son: el amor, la naturaleza, la mitología y la llamada al goce de la vida, reflejado en la expresión latina carpe diem.

La lírica se caracteriza por la flexibilidad y elegancia de la lengua poética, ejemplificada en el uso del verso endecasílabo y del soneto. En este sentido, cabe mencionar a Francesco Petrarca en Italia. En España destacan Garcilaso de la Vega, poetas ascéticos como Fray Luis de León y místicos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Tanto Fray Luis como San Juan de la Cruz se sirvieron de un tipo de estrofa que, tanto por el ritmo poético como por la combinación de versos heptasílabos y endecasílabos, ofrece una gran musicalidad; es “música escrita”.

En la narrativa podemos distinguir varios tipos:

a) Narrativa de ficción, representada por Miguel de Cervantes en sus Novelas Ejemplares, que son recreaciones literarias de modelos de comportamiento asociables a la tradición de la literatura didáctica, ya existente en la Edad Media con obras como El Conde Lucanor de Don Juan Manuel o los Milagros de Nuestra Señora de Berceo.

b) Poemas épico-legendarios, como el Orlando Furioso de Ludovico Ariosto.

c) Novela picaresca, con ejemplos como el anónimo Lazarillo de Tormes o el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán.

d) El cuento urbano burgués, representado por El Decamerón de Boccaccio, en el que se busca deleitar y entretener al lector.


Arte colonial hispanoamericano: Las primeras muestras de arquitectura colonial en América tuvieron cierta pervivencia de rasgos góticos, si bien pronto llegaron las nuevas corrientes que se producían en España, como el purismo y el plateresco. Al iniciarse la colonización, la arquitectura fue, principalmente de signo religioso, ya que, por orden real, el primer edificio que se debía construir en cualquier nueva ciudad debía ser una iglesia. Durante la primera mitad del siglo xvi fueron las órdenes religiosas las encargadas de edificar las iglesias en México, preferentemente iglesias fortificadas, un conjunto almenado con iglesia, convento, un atrio y una capilla abierta, como el Convento de Tepeaca, el de Huejotzingo y el de San Gabriel en Cholula. A mediados de siglo se empezaron a construir las primeras grandes catedrales, como las de México, Puebla y Guadalajara. En Perú, en 1582 se inició la Catedral del Cuzco y, en 1592, la de Lima, ambas obras del extremeño Francisco Becerra. En Argentina destaca la Catedral de Córdoba, obra del jesuita Andrés Blanqui. 

Las primeras pinturas fueron de escenas religiosas obras de maestros anónimos, realizadas con tintas vegetales y minerales y telas de trama áspera e irregular. Destacaron las imágenes de la Virgen con el Niño, con raíces autóctonas donde se representaban los arcángeles como arcabuceros contemporáneos. La producción artística hecha en Nueva España por indígenas en el siglo xvi es denominada arte indocristiano. Adentrado el siglo xvi surgieron los grandes frescos murales, de carácter popular. Desde mediados de siglo empezaron a llegar, procedentes de Sevilla, maestros españoles: Alonso Vázquez, Alonso López de Herrera, flamencos: Simón Pereyns e italianos: Mateo Pérez de Alesio, Angelino Medoro. 

En escultura, las primeras muestras fueron también del tema religioso, en tallas y retablos para iglesias, confeccionadas en madera recubierta con yeso, decorada con encarnación: aplique directo del color, o estofado, sobre un fondo de plata y oro. A principios del siglo xvii nacen las primeras escuelas locales, como la quiteña, la cuzqueña y la chilota, destacando la labor de la orden jesuita. 


Un repaso rápido al Renacimiento en Francia. Fontainebleau fue la auténtica capital artística de Francia durante el Renacimiento, sin embargo, el impulso definitivo al Renacimiento se dio bajo el reinado de Francisco I. Este monarca solicitó los servicios de grandes maestros, entre ellos el mismo Leonardo da Vinci, que murió en el castillo de Cloux. En lo que respecta a la arquitectura, destacar los castillos del valle del Loira, conjunto de mansiones para la realeza y la nobleza que muestran los rasgos más característicos del Renacimiento francés, el decorativismo de raigambre manierista. Francisco I se embarcó en la obra fundamental de este período: el palacio de Fontainebleau, con su célebre Escalera Imperial. En el involucró a artistas como los pintores Francesco Primaticcio o Rosso Fiorentino, el escultor Benvenuto Cellini o el arquitecto Sebastiano Serlio.​

Tras Francisco I, bajo Enrique II, cuya esposa, Catalina de Médicis, pertenecía a la poderosa familia florentina, se reformó la antigua sede de la corte en París, el palacio del Louvre, la reforma se debe al arquitecto francés, Pierre Lescot. Asimismo, estos monarcas iniciaron la construcción de un nuevo palacio, enfrente del Louvre, el palacio de las Tullerías, en el que intervino otro gran arquitecto francés del Renacimiento, Philibert Delorme.

La escultura del Renacimiento en Francia, contó con dos autores sobresalientes: Germain Pilon y Jean Goujon. En la pintura Francisco I impulsó la formación de artistas franceses bajo la dirección de maestros italianos, como Niccolò dell'Abbate o Primaticcio, conocemos los nombres de algunos: Jean Cousin el Viejo o Antoine Caron entre los más destacados. Sin embargo, el pintor francés más importante de la época, fue François Clouet.


Alberto Durero

El Renacimiento en Alemania no fue una tentativa de resurrección del arte clásico, sino una renovación intensa del espíritu germánico, motivado por la Reforma protestante. Alberto Durero fue la figura dominante del Renacimiento alemán. Su obra impuso la impronta del artista moderno, sus trabajos ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo xvi de su país y de los Países Bajos. La pintura germánica conoció uno de sus mayores momentos de esplendor. Junto a Durero surgieron otros grandes autores, como Lucas Cranach el Viejo, Hans Baldung Grien, Matthias Grünewald, Albrecht Altdorfer, o Hans Holbein el Joven. En escultura pervivieron las formas góticas hasta bien entrado el siglo xvi. Destaca la obra de Peter Vischer, autor de las tumbas imperiales de Innsbruck. También trabajaron aquí algunos artistas flamencos, como Hubert Gerhard, autor del San Miguel de la fachada de la iglesia de San Miguel de Múnich. En arquitectura, los primeros exponentes fueron los edificios patrocinados por la familia Fugger en Augsburgo, como la Capilla Fugger en la iglesia de Santa Ana o el barrio de casas obreras llamado Fuggerei. A mediados del siglo xvi se amplió el castillo de Heidelberg, siguiendo las directrices clásicas. La mayoría de los príncipes alemanes prefirieron conservar las obras góticas, limitándose a decorarlas con ornamentación renacentista. 


El Renacimiento en Flandes y Países Bajos, a la par que se desarrollaba en Italia el Cinquecento la escuela flamenca de pintura alcanzó un desarrollo notable, de la paleta de Jan van Eyck, Rogier van der Weyden y otros grandes maestros. Se caracterizó por su naturalismo, aunque los modos del gótico pervivieron, aunque matizados con cierta vena caricaturesca y fantástica y una mayor sensibilidad a la realidad del pueblo llano y sus costumbres. A mediados del siglo xvi el clasicismo italiano se manifiesta en la llamada Escuela de Amberes y en pintores como Jan van Scorel o Mabuse. Algunos grandes nombres de la época fueron Joachim Patinir, Quentin Metsys, el retratista Antonio Moro, el Bosco, uno de los precedentes del surrealismo (El jardín de las delicias), y Pieter Brueghel el Viejo, que en su pintura glosa sentencias morales y de crítica social (El triunfo de la Muerte). En el campo de la escultura destacó Adriaen de Vries, autor de expresivas obras excelentes ejemplos de manierismo escultórico fuera de Italia. En arquitectura el gótico siguió teniendo una gran preponderancia hasta entrado el siglo xvi, en que se recibió la influencia de la arquitectura renacentista francesa, como se denota en el Ayuntamiento de Amberes, obra de Cornelis Floris de Vriendt.


Boccaccio

El Renacimiento en otros países:

- Inglaterra, en arquitectura, durante todo el siglo xvi pervivió el estilo Tudor de origen gótico, mientras que las novedades renacentistas fueron adoptadas únicamente en elementos ornamentales, como en la tumba de Enrique VII en la abadía de Westminster, realizada arquitectónicamente en estilo gótico, se contrató al artista italiano Pietro Torrigiano para realizar la decoración escultórica.​ Otros ejemplos de estilo Tudor serían los palacios de Sutton, Nonsuch y Hampton Court. ​

- Portugal: en arquitectura, el gótico pervivió en el llamado estilo manuelino. A mediados de siglo se recibió la influencia de arquitectos italianos como Serlio o Palladio, como se denota en la iglesia de Nuestra Señora de Gracia en Évora o en el claustro del convento de Cristo de Tomar, obras de Diogo de Torralva.​ Aquí trabajó el arquitecto italiano Filippo Terzi, autor de la iglesia de San Vicente de Fora en Lisboa.​

- Austria y Bohemia: formando parte del imperio de los Habsburgo, estos países contaron con el patrocinio del emperador Rodolfo II, que atesoró en su corte de Praga una gran cantidad de obras y objetos de todo tipo. Adquirió cuadros de artistas como Brueghel, Tiziano, Leone Leoni o Durero, y acogió a artistas como Giuseppe Arcimboldo. ​ En Bohemia se construyeron diversos palacios, como el Comunal de Pilsen y el de Schwarzenberg en Praga; y castillos, como los de Litomyšl, Černý y Kostelec. 

- Suiza: la influencia italiana se notó especialmente en el cantón de Ticino, como se evidencia en las catedrales de San Lorenzo de Lugano y San Francisco de Locarno. En pintura destacó la obra de Niklaus Manuel, aún cercana al gótico tardío. 

- Hungría: contó con el mecenazgo del rey Matías Corvino, gran amante del arte italiano. El monarca contrató artistas y arquitectos italianos para reformar y decorar sus palacios, como Benedetto da Maiano, Clemente Camicia y Giovanni Dalmata; el miniaturista Attavante degli Attavanti; y el escultor Andrea Ferracci. 

- Polonia: el Renacimiento llegó de la mano de artistas italianos llegados al país, como los arquitectos Franciscus Italus y Bartolomeo Berecci, Gian Maria Mosca y Giovanni Battista di Quadro; y los escultores Santi Gucci, Girolamo Canavesi y Domenico Veneziano. En cambio, en pintura trabajaron mayormente artistas alemanes, como Hans Sues von Kulmbach, Louz von Kitzingen y Martin Koeber. 

- Rusia: en esta época continuó la tradicional arquitectura rusa de influencia bizantina, pero se recibió alguna influencia del Renacimiento italiano a través del arquitecto boloñés Aristotele Fioravanti, que construyó la catedral de la Dormición en el Kremlin de Moscú; otro arquitaliano, Aloisio Nuovo, fue el encargado de construir la catedral del Arcángel Miguel también en el Kremlin. La influencia italiana se denota igualmente en la catedral de San Basilio de Moscú, obra de Póstnik Yákovlev.







JOSÉ MONGRELL Y TORRENT: Batalla de las Navas de Tolosa


Pintado en 1890, óleo sobre lienzo de 148 X 250 cm. En colección particular

viernes, 20 de abril de 2018

EL RENACIMIENTO: Arte Renacentista


           

Arte Renacentista: En este clima cultural de renovación, que paradójicamente buscaba sus modelos en la Antigüedad Clásica, surgió a principios del siglo XV un renacimiento artístico en Italia, de empuje extraordinario, que se extendería de inmediato a otros países de Europa.
Leonardo da Vinci

El artista toma conciencia de individuo con valor y personalidad propios, se ve atraído por el saber y comienza a estudiar los modelos de la antigüedad clásica a la vez que investigaba nuevas técnicas, por ejemplo el claroscuro en la Pintura. Se desarrollan enormemente las formas de representar la perspectiva y el mundo natural con fidelidad; se interesan especialmente en la anatomía humana y las técnicas de construcción arquitectónica. El paradigma de esta nueva actitud es Leonardo da Vinci, personalidad eminentemente renacentista, quien dominó distintas ramas del saber; del mismo modo, Miguel Ángel Buanorroti, Rafael Sanzio, Sandro Botticelli y Bramante fueron artistas conmovidos por la imagen de la Antigüedad y preocupados por desarrollar nuevas técnicas escultóricas, pictóricas y arquitectónicas, así como por la música, la poesía y la nueva sensibilidad humanística.

Miguel Ángel

Mientras surgía en Florencia el arte del Quattrocento o primer Renacimiento italiano, así llamado por desarrollarse durante los años de 1400, gracias a la búsqueda de los cánones de belleza de la antigüedad y de las bases científicas el arte, se produjo un fenómeno parecido y simultáneo en Flandes, especialmente en pintura, basado principalmente en la observación de la vida y la naturaleza. El Quattrocento es uno de los períodos más importantes del panorama artístico europeo. Aparece la figura del artista-creador en detrimento del anonimato. Surge el taller del maestro, que es quien recibe los encargos de los clientes. Este hecho podría considerarse como el nacimiento de la categoría de autor. El hombre es la obra más perfecta de Dios. Se pinta la figura humana independientemente de lo que represente.


Rafael Sanzio
En este arte evolucionan técnicas de pintura, se afianza el retrato como género autónomo. Se aprecia el interés por el desnudo, procedente del arte clásico, y se consigue la perspectiva; en escultura se vuelve a la imitación de la clásica griega y romana, y con respecto a la arquitectura hay un retorno a las líneas del arte griego y romano. En general este arte es de líneas más puras que su predecesor europeo, el gótico, siendo de menor tamaño y simplicidad. Son sus principales representantes Brunelleschi en arquitectura, Donatello y Ghiberti en escultura y Botticelli y Fra Angélico, Masaccio y Piero della Francesca en pintura.



Un factor que coadyuvó enormemente al éxito de las nuevas teorías artísticas fue el mecenazgo, tanto de ciudades como de personajes provenientes de la aristocracia, el clero, y la nueva burguesía. El patronazgo de la cultura era una señal de poder y estatus social, que otorgaba a quien lo ejercía prestigio y ostentación frente a sus semejantes. Algunos de los mecenas más distinguidos fueron: el florentino Lorenzo de Médicis, el Magnífico; Federico da Montefeltro, duque de Urbino; Ludovico Gonzaga, marqués de Mantua; Alfonso el Magnánimo, rey de Nápoles; Francesco y Ludovico Sforza, duques de Milán; además de los papas y cardenales de la Iglesia.
Sandro Botticcelli


La segunda fase del Renacimiento, o Cinquecento (siglo XVI), se caracterizó por la hegemonía artística de Roma, cuyos papas Julio II, León X, Clemente VII y Pablo III, algunos de ellos pertenecientes a la familia florentina de los Médici, apoyaron fervorosamente el desarrollo de las artes, así como la investigación de la Antigüedad Clásica. Sin embargo, con las guerras de Italia muchos de estos artistas, o sus seguidores, emigraron y profundizaron la propagación de los principios renacentistas por toda Europa Occidental.


Se caracteriza intelectualmente por el paso del teocentrismo medieval al antropocentrismo humanista de la Edad Moderna; y estilísticamente por la búsqueda de las formas artísticas de la antigüedad clásica y la imitación (mímesis) de la naturaleza. Comprende dos fases: comienza con el denominado Alto Renacimiento (finales del siglo XV y primeras décadas del s. XVI), y termina con el denominado Bajo Renacimiento o Manierismo.

De entre los muchos artistas que trabajaron durante el Cinquecento, destacan los siguientes: en Italia, Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel en pintura (éste último también en escultura), Bramante en arquitectura; en Alemania. Los pintores Alberto Durero y Lucas Cranach; en España, Berruguete, Juan de Juanes y otros muchos, para culminar con El Greco.

Durante la segunda mitad del siglo XVI empezó la decadencia del Renacimiento, que cayó en un rígido formalismo, y tras el Manierismo dejó paso al Barroco.


Literatura: La literatura renacentista se desarrolló en torno al humanismo, la teoría que destacaba el papel primordial del ser humano sobre cualquier otra consideración, especialmente la religiosa. El mundo de las letras recibió un gran impulso con la invención de la imprenta por Gutenberg, hecho que propició el acceso a la literatura por un público más mayoritario, surgieron los primeros sistemas de gramática en lenguas vernáculas, como la española de Elio Antonio de Nebrija, a la vez que aparecían las primeras academias de lenguas nacionales.
Fra Angélico

La nueva literatura se inspiró, como el arte, en la tradición grecolatina, aunque recibió una gran influencia de la filosofía neoplatónica. Refleja el nuevo ideal de hombre renacentista, que se ejemplifica en la figura del “cortesano” definida por Baldassare Castiglione: debía de dominar las armas y las letras por igual, y tener «buena gracia» o naturalidad sin artificio.

En Italia, perduraban aún los ecos de tres grandes autores medievales considerados precursores del nuevo movimiento: Dante, Petrarca y Boccaccio. Entre los literatos surgidos conviene destacar a: Ángelo Poliziano, Matteo Maria Boiardo, Ludovico Ariosto, Jacopo Sannazaro, Pietro Bembo, Baldassare Castiglione, Torquato Tasso, Nicolás Maquiavelo y Pietro Aretino. Su influencia llegó a Francia, donde destacaron François Rabelais, Pierre de Ronsard, Michel de Montaigne y Joachim du Bellay. Mientras en Alemania, la reforma protestante impuso una mayor austeridad y una temática religiosa, cultivada por Ulrich von Hutten, Sebastián Brant y Hans Sachs. En Inglaterra, cabe citar a Tomás Moro, Edmund Spenser, Michael Drayton, Henry Constable, George Chapman, Henry Howard y Thomas Wyatt. En Portugal se halla la figura predominante de Luís de Camões.
Tomás Moro
En España comenzó una edad dorada de las letras, que se prolongaría hasta el siglo xvii: la poesía, influida por el stil nuovo, contó con las figuras de Garcilaso de la Vega, fray Luis de León, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús; en prosa surgieron los libros de caballería como Amadís de Gaula y se inició el género de la picaresca con el Lazarillo de Tormes, mientras que despuntó la obra de Miguel de Cervantes, el gran genio de las letras españolas, autor del inmortal Don Quijote.


San Juan de la Cruz
Teatro: El teatro renacentista acusó el paso del teocentrismo al antropocentrismo, con obras más naturalistas. Surgió la reglamentación basada en tres unidades: acción, espacio y tiempo, basándose en la Poética de Aristóteles, teoría introducida por Lodovico Castelvetro. Hacia 1520 surgió en el norte de Italia la Commedia dell'arte, con textos improvisados, predominando la mímica con personajes arquetípicos como Arlequín, Colombina, Pulcinella, Pierrot, Pantalone, Pagliaccio, etc. Como principales dramaturgos destacaron Niccolò Machiavelli, Pietro Aretino, Bartolomé Torres Naharro, Lope de Rueda y Fernando de Rojas, con su gran obra La Celestina. En Inglaterra descolló el teatro isabelino, con autores como Christopher Marlowe, Ben Jonson, Thomas Kyd y, especialmente, William Shakespeare. ​


Santa Teresa de Jesús
Música: La música renacentista supuso la consagración de la polifonía y el afianzamiento de la música instrumental, que iría evolucionando hacia la orquesta moderna. Apareció el madrigal género profano que sería la máxima expresión de la música renacentista. En 1498 Ottaviano Petrucci ideó el pentagrama, con lo que se empezó a editar música. En Flandes se desarrolló la polifonía “a la flamenca”, cultivada por Guillaume Dufay, Johannes Ockeghem y Josquin des Prés. También cultivaron el madrigal Orlandus Lassus, Luca Marenzio, Carlo Gesualdo, Claudio Monteverdi, Cristóbal de Morales y Tomás Luis de Victoria, mientras que en polifonía religiosa destacó Giovanni Pierluigi da Palestrina. En música instrumental descolló Giovanni Gabrieli. ​

El propio Lutero defendía la importancia de la música en la liturgia religiosa. Se cultivó especialmente el coral, un género musical a capella o con acompañamiento instrumental, generalmente a cuatro voces mixtas. Algunos de los compositores que lo cultivaron fueron Johann Walther y Valentin Bapst.

A finales del siglo xvi nació la ópera, iniciativa en la Camerata Fiorentina que, al descubrir que el teatro griego antiguo era cantado, musicalizaron textos dramáticos. La primera ópera fue Dafne, de Jacopo Peri, a la que siguió Euridice, del mismo autor; en 1602 Giulio Caccini escribió otra Euridice; y, en 1607, Claudio Monteverdi compuso La favola d'Orfeo, donde añadió una introducción musical que denominó sinfonía, y dividió las estructuras cantadas en arias.

Danza: La danza renacentista tuvo una gran revitalización, debida al papel preponderante del ser humano sobre la religión, muchos autores consideran esta época el nacimiento de la danza moderna. Se desarrolló sobre todo en Francia, ballet-comique, historias bailadas, sobre textos mitológicos clásicos, impulsado por la reina Catalina de Médicis. El primer ballet fue el Ballet comique de la Reine Louise, en 1581, de Balthazar de Beaujoyeulx. Las principales modalidades eran la gallarda, la pavana y el tourdion. Surgieron los primeros tratados sobre danza: Domenico da Piacenza escribió De arte saltandi et choreas ducendi, siendo considerado el primer coreógrafo de la historia; Thoinot Arbeau hizo una recopilación de danzas populares francesas: Orchesographie.​

Filosofía: La filosofía renacentista estuvo marcada por el declive de la teología, en un mundo abocado a la modernidad, que circunscribe la religión al ámbito espiritual y personal del individuo. La nueva forma de afrontar los problemas del ser humano será el racionalismo.​ Aun así, la religión siguió presente, aunque derivó de la teología escolástica hacia el misticismo, como se percibe en la obra de Jan van Ruysbroek, Dionisio Cartujano y Tomás de Kempis.

La nueva corriente será el humanismo, más interesado en el hombre y la naturaleza que en las cuestiones divinas y espirituales. El naturalismo impregna la ciencia natural, el derecho natural, la moral natural e, incluso, la religión natural, una religión que abandona todo lo sobrenatural para ser fiel reflejo de la posición del ser humano en el mundo. El humanismo se fundamenta, en la oposición a lo medieval y el retorno a la antigüedad clásica, buena parte de la filosofía renacentista evoluciona en una línea que llega hasta Descartes. Aun así, numerosos humanistas despreciaron el aristotelismo escolástico por ser excesivamente teologizado, y abordaron a Platón desde la obra de sus seguidores posteriores, el llamado neoplatonismo, especialmente desde el terreno de la filosofía estoica que, como la renacentista, incidía en el ser humano como medida de todas las cosas.​

El pensamiento humanístico nació en Italia, en torno a la Academia Platónica Florentina patrocinada por Cosme de Médici, con pensadores como Marsilio Ficino, Giovanni Pico della Mirandola, Cristoforo Landino, Ángelo Poliziano o Benedetto Varchi. Otros se encaminaron más hacia la política, como Nicolás Maquiavelo, Leonardo Da Vinci y Bernardino Telesio.​ En Francia, el humanismo tuvo un componente más escéptico, representado por Michel de Montaigne o Pierre Charron, mientras que algunas figuras se adhirieron a la reforma protestante, como Pierre de la Ramée o Henri Estienne.​ En Inglaterra destacó la figura de Tomás Moro, canciller de Enrique VIII, quien lo decapitó por oponerse a la reforma anglicana; autor de Utopía, un esbozo de estado ideal de reminiscencias platónicas. Pero el más afamado humanista surgió en Holanda: Erasmo de Róterdam, autor del Elogio de la locura.​

En Alemania no recaló tanto el humanismo como en otros países europeos, y la filosofía se encaminó más a la mística especulativa, heredera del Maestro Eckhart; otras figuras mezclaron esta tendencia con las ciencias naturales o la alquimia y la astrología, como Agrippa von Nettesheim o Paracelso. Por otro lado, la Reforma protestante contó con figuras como Martín Lutero, Zwinglio, Philipp Melanchthon, Sebastian Franck y Jakob Böhme. ​

En España el pensamiento filosófico no rompió con el pasado medieval, mostrando un especial interés por la lingüística, tanto clásica como vernácula: Antonio de Nebrija, Benito Arias Montano. La corriente escéptica estuvo representada por Francisco Sánchez, mientras que el humanismo antiescolástico, contó con la figura de Juan Luis Vives, preocupado por la moral y la educación. Una reacción escolástica estuvo originada por la Contrarreforma tridentina que revivió el misticismo y contó con figuras como santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz.


Además del humanismo hay otras corrientes de pensamiento que convergerán en la filosofía cartesiana y en los fundamentos de la filosofía moderna: una es heredera pensamiento medieval, representado por Nicolás de Cusa o por la escolástica española; otra, más preocupada por la naturaleza, dará origen a la ciencia física moderna.​ Nicolás de Cusa, cardenal y obispo de Bresanona, intentó conciliar la doctrina católica con la teoría
Galileo Galilei
platónica, a través de una noción de Dios infinito y trascendente en el que se aglutinan la verdad y la realidad, De docta ignorantia.​ La escolástica española estuvo muy ligada a la Contrarreforma, y se asoció especialmente con los jesuitas, estuvo representada por Francisco de Vitoria, Alfonso Salmerón, Luis de Molina y, especialmente, Francisco Suárez.​ El estudio de la naturaleza dio en el terreno filosófico la relevante figura de Giordano Bruno, autor de una doctrina panteísta por la que fue quemado por hereje.​ También influyeron en la filosofía las nuevas teorías científicas de Nicolás Copérnico, Johannes Kepler y Galileo Galilei.

Ciencia: Durante el Renacimiento la ciencia cobró un gran auge, favorecida por la invención de la imprenta y por los viajes y descubrimientos geográficos. Las ciencias naturales, fundamentadas en la metafísica nominalista, evolucionan por dos factores esenciales: la idea de la naturaleza y el método físico, que se fundamenta en el empirismo, basado en el “análisis de la naturaleza”. Uno de los principales teóricos de la nueva ciencia fue el filósofo inglés Francis Bacon, padre del empirismo filosófico y científico; su principal obra, Novum organum, presenta la ciencia como técnica, experimental e inductiva, capaz de dar al ser humano el dominio sobre la naturaleza.


Una de las disciplinas científicas que más se desarrolló en esta época fue la astronomía, gracias especialmente a la figura de Nicolás Copérnico: fue el difusor de la teoría heliocéntrica —los planetas giran alrededor del Sol— frente a la geocéntrica admitida en la Edad Media —la Tierra es el centro del universo—. Expuso esta teoría, basada en la de
Nicolás Copernico
Aristarco de Samos, en su obra De revolutionibus orbium coelestium. Este sistema fue posteriormente desarrollado por Johannes Kepler, quien describió el movimiento de los planetas conforme a órbitas elípticas. Por último, Galileo Galilei que formuló los principios modernos del conocimiento científico, por lo que fue procesado por la Inquisición y obligado a retractarse; sin embargo, está considerado por ello el fundador de la física moderna. Otro astrónomo destacado de este período fue Tycho Brahe, creador del observatorio de Uraniborg. También destacar que en 1582 el papa Gregorio XIII introdujo el calendario gregoriano, que sustituyó al anterior calendario juliano. Las matemáticas también avanzaron notablemente en esta época: Christoph Rudolff desarrolló la utilización de las fracciones decimales; Regiomontano estudió la trigonometría esférica y rectilínea; los italianos Gerolamo Cardano y Lodovico Ferrari resolvieron las ecuaciones de tercer y cuarto grado, respectivamente; otro italiano, Tartaglia, utilizó el triángulo aritmético para calcular los coeficientes de un binomio; Rafael Bombelli estudió los números imaginarios; François Viète efectuó importantes avances en trigonometría, y creó el simbolismo algebraico; Simón Stevin estudió las primeras tablas de intereses, resolvió el problema de la composición de fuerzas y sistematizó las fracciones decimales.

En ciencias naturales y medicina también hubo importantes avances: Andrés Vesalio publicó un compendio de anatomía con ilustraciones, considerado uno de los más influyentes libros científicos de todos los tiempos; Bartolomeo Eustachio descubrió las cápsulas suprarrenales; Ambroise Paré inició la cirugía moderna; Conrad von Gesner inauguró la zoología moderna; Miguel Servet describió la circulación pulmonar, y William Harvey la de la sangre; Gabriele Falloppio estudió la estructura interna del oído; Ulisse Aldrovandi creó el primer jardín botánico en Bolonia; Bernard Palissy fundamentó la paleogeografía; Caspar Bauhin introdujo un primer método de clasificación de las plantas; y Zacharias Janssen inventó el microscopio en 1590.

También avanzó notablemente la geografía y la cartografía, gracias a los numerosos descubrimientos realizados. Destacaremos al flamenco Gerardus Mercator, autor del primer mapa del mundo en 1538 y descubridor de un método de posicionamiento sobre un mapa, del rumbo dado por una aguja imantada.

En el terreno de la química, hubo escasos avances: Georgius Agricola fundó la mineralogía moderna; Paracelso aplicó la alquimia a la medicina, estudiando las propiedades de los minerales como fármacos, durante sus investigaciones descubrió el cinc; Andreas Libavius escribió el primer tratado sobre química, Alchimia, en 1597, e introdujo diversos preparados químicos, como el ácido clorhídrico, el tetracloruro de estaño y el sulfato amónico, así como la preparación del agua regia.

Por último, conviene citar la figura polifacética de Leonardo da Vinci, ejemplo del hombre renacentista interesado en todas las materias tanto artísticas como científicas.


El Greco

Vida y costumbres: Con el Renacimiento y su cultura más humanista e individualista, así como el despegue económico, unido a los avances tecnológicos, se desarrollaron notablemente todos los aspectos relacionados con el aspecto individual y el cuidado personal, como la peluquería y la moda. La peluquería sufrió una profunda transformación. Se puso de moda la depilación de las cejas, así como de la frente. Aumentó el gusto por el teñido, siendo el rubio el color preferido. Por lo general, los peinados incluían un tocado, con cinco tipos principales: las tocas, las cofias o albanegas, los bonetes, los rollos y los sombreros. Desde el siglo xvi los peinados, especialmente los femeninos, fueron ganando en complejidad, con sofisticadas estructuras de rizos, encajes, cintas y muselinas. ​

En el Renacimiento surgió el concepto de moda tal como lo entendemos hoy: se introdujeron nuevos géneros y la costura adquirió un alto grado de profesionalización. En Italia aparecieron los trajes más ricos y espectaculares de la historia, de vivos colores y formas imaginativas y originales, con finos bordados y rica pasamanería. En el siglo xvi el calzón corto era a modo de bombacho, y continuó usándose el jubón medieval, junto a capas de diverso tipo y adornos como la gorguera. En el atuendo femenino apareció el corsé, sobre una falda en forma de campana llamada crinolina, hecha de tela y crin de caballo, y reforzada con aros metálicos.

También cobró una especial relevancia la gastronomía, que llegó a altas cotas de refinamiento y sofisticación. La cocina veneciana, gracias a su comercio con Oriente favoreció la importación de especias: pimienta, mostaza, azafrán, nuez moscada, clavo, canela, etc. Otro factor determinante fue el descubrimiento de América, de donde llegaron nuevos alimentos como el maíz, la patata, el tomate, el cacao, los frijoles, el cacahuete, el pimiento, la vainilla, la piña, el aguacate, el mango o el tabaco.















JOSÉ CASADO DE ALISAL

Nacido en Villada, Palencia, el 24 de marzo de 1832, y fallecido en Madrid, el 2 de octubre de 1886. Estudió en la Escuela de Dibujo de Palencia y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En 1855 fue pensionado a Roma y posteriormente se trasladó a Francia, donde pintó El juramento de las Cortes de Cádiz, que decora el testero del hemiciclo del Congreso de los Diputados.



Fue uno de los encargados de pintar la basílica de San Francisco el Grande y llegaría a ser director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma. Concurrió habitualmente a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y obtuvo un premio extraordinario de primera clase en 1860 con el cuadro de influencia nazarena Últimos momentos de Fernando IV, el Emplazado, basado en la leyenda de los Carvajales y la extraña muerte de Fernando IV de Castilla.

Fue un afamado pintor de historia, autor de algunos de los más célebres cuadros del género en España como La rendición de Bailén, que evoca la capitulación del ejército francés ante las tropas españolas el 19 de julio de 1808. Fue galardonado con primera medalla en la Exposición de 1864.

También es célebre La leyenda del rey monje o La campana de Huesca, uno de los lienzos más truculentos y sobrecogedores de toda la pintura de historia española, basado en el sangriento episodio en que Ramiro II, rey de Aragón, consuma el escarmiento a los nobles aragoneses que se habían rebelado contra su autoridad degollando a los responsables y formando una gigantesca campana con sus cabezas. El cuadro no obtuvo la medalla de honor que el pintor esperaba en la Exposición Nacional de 1881, solo mención honorífica, lo que motivó la dimisión de su cargo en la Academia de Bellas Artes de Roma.

Cultivó asimismo el cuadro de género y el retrato, destacando entre estos últimos Dama con abanico, Mujer con mantilla blanca o Retrato de dama francesa, conservados en el Museo del Prado.


jueves, 19 de abril de 2018

MUJERES EN LA HISTORIA: Doña Jimena esposa de El Cid


Jimena Díaz o Doña Jimena, se cree que nació antes de 1046, falleciendo en 1115. Fue la esposa del Cid y señora de Valencia entre el 1093 y 1102. Jimena Díaz, fue hija del conde de Asturias, Diego Fernández, fallecido antes del 24 de julio de 1046, y de una dama de apellido Fernández, probablemente llamada Cristina. El conde Diego Fernández era hijo del conde Fernando Flaínez de la Casa de Cea y de Elvira Peláez. Casó dos veces; en primeras nupcias con Cristina Fernández y en segundas con Elvira Ovéquiz.

Doña Jimena fue nepta (sobrina) del emperador Alfonso VI de León, aunque por el lado paterno (los Flaínez), el rey Alfonso VI y doña Jimena, comparten como ancestros al conde Bermudo Núñez de Cea y su esposa Argilo. Partiendo de esta relación, doña Jimena sería prima tercera del emperador. Según Menéndez Pidal, la madre de Jimena Díaz, Cristina Fernández, sería hija del conde Fernando Gundemáriz y la infanta Jimena de León, hija del rey Alfonso V de León. En este caso, doña Jimena sería hija de una prima hermana del rey Alfonso, con lo que, siguiendo la costumbre mantenida hasta hoy en determinadas regiones españolas, recibiría el nombre de sobrina del monarca.

El conde Fernando Gundemáriz, casó con Sancha Ordoñez, hija del infante Ordoño Ramírez el Ciego, hijo de Ramiro III de León y de la infanta Cristina Bermúdez, hija de Bermudo II de León y la reina Velasquita de León. Según esta hipótesis, doña Jimena sería prima tercera de Alfonso VI de León, el mismo grado de parentesco que tendría por el lado paterno.




El padre de doña Jimena probablemente casó dos veces. Los hijos documentados del primer matrimonio con Cristina Fernández, aparte de doña Jimena, fueron:

- Rodrigo Díaz, conde en Asturias. Según el registro del Monasterio de Corias en Asturias, pudo haber casado con una Gontroda, padres de Sancha y de Mayor Rodríguez.

- Fernando Díaz, conde en Asturias al fallecimiento de su hermano. Casó en primeras nupcias con Godo González Salvadórez, hija de Gonzalo Salvadórez y Elvira Díaz, sin sucesión. Contrajo segundo matrimonio con Enderquina Muñoz, hija del conde Munio González y la condesa Mayor Muñoz, con dilatada sucesión.


Del segundo matrimonio con Elvira Ovéquiz, hija del conde Oveco Sánchez y la condesa Elo, nacieron dos hijas:

- Onneca "Mayor" Díaz quien casó con Gundemaro Iohannes (Ibáñez)

- Aurovita Díaz, casada con Munio Godestéiz.


Casó doña Jimena en julio de 1074 con El Cid en la iglesia de San Miguel de Palencia. No hay constancia escrita de que acompañase a su esposo en el primer destierro del guerrero. En el año 1089 Jimena y sus tres hijos son encerrados por orden del monarca Alfonso VI de Castilla. En 1094, cuando el Cid, ya ha conquistado la ciudad de Valencia, y vence en la Batalla de Cuarte, se reúne con sus esposa e hijos en Valencia. El matrimonio se realizó como política de acercamiento entre los nobles de Alfonso VI, teniendo la siguiente sucesión:

- Cristina Rodríguez, casó con Ramiro Sánchez, señor de Monzón, hijo del infante Sancho Garcés y de Constanza, y nieto del rey García Sánchez III de Pamplona, siendo padres de, entre otros, el rey García Ramírez el Restaurador.

- Diego Rodríguez, muerto en la batalla de Consuegra.

- María Rodríguez, contrajo matrimonio con Ramón Berenguer III, conde de Barcelona.


A la muerte del Cid en 1099 sostuvo el cerco de Valencia ante los ataques musulmanes, pero no pudo mantener la ciudad a salvo. En 1102 Valencia fue ocupada y Jimena y la población fueron escoltados por el ejército del Rey de León Alfonso VI, primo suyo. Se retiró al Monasterio de San Pedro de Cardeña, en el que murió hacia 1115. Fue enterrada junto a El Cid en dicho Monasterio. En 1921 se trasladaron sus restos a la Catedral de Burgos, donde permanecen.









EL RENACIMIENTO: Definición


  Se llama Renacimiento al período que se extiende en Europa durante los siglos XV y XVI. Aunque Italia, la ciudad de Florencia fue la cuna de este movimiento del arte renacentista, ve los inicios de esta nueva era un siglo antes: en el siglo XIV, mientras otros países aún estaban despertando a un cambio de mentalidad, en el período conocido como “Ars Nova”.

El término “Renacimiento” hace referencia al verbo “renacer”. Pero nos asalta la duda y surge la pregunta: ¿Qué es lo que renace? Después de casi diez siglos de mentalidad cerrada, centrada en refugiarse en Dios como “remedio” para los males de la época (enfermedades, hambre, muertes), la humanidad, cansada de vivir de esa manera, vuelve su mirada hacia los ideales de la cultura clásica, de Grecia y Roma, como modelos de perfección. Grecia, cuna de la democracia y de la filosofía, era el mejor maestro. La visión teocéntrica del mundo, característica de la Edad Media, se transformará en una visión antropocéntrica (la persona como medida de todas las cosas).



La cultura renacentista posee las siguientes características:

- Racionalismo: los renacentistas estaban convencidos de que gracias a la razón se puede llegar al conocimiento, ya que todo puede ser explicado a través de la razón y la ciencia.

- Experimentalismo: lo que quiere decir que para ellos, todo conocimiento debe de ser demostrado a través de la experiencia científica.

- Individualismo: el hombre busca conocerse a si mismo, su personalidad, talentos, ambiciones, tomando en cuenta que la opinión propia está por encima de la opinión colectiva.

- Antropocentrismo: colocan al hombre como la suprema creación de Dios y del universo.




Junto al Renacimiento se desarrolla un movimiento cultural llamado Humanismo, en el que se busca formar a la persona en el estudio de las letras, las ciencias y las artes. En este sentido, saber música era considerado un signo de buena educación, no olvidemos que en Grecia, la Música y la Educación Física eran las materias más importantes en la educación de los jóvenes.

El Renacimiento marca el inicio de la Edad Moderna, un período que se suele establecer entre el descubrimiento de América en 1492 y la Revolución francesa en 1789, y que, en el terreno cultural, se divide en el Renacimiento (siglos xv y xvi) y el Barroco (siglos xvii y xviii), con subdivisiones como el manierismo, el rococó y el neoclasicismo. Otros historiadores sitúan la fecha de inicio en 1453, caída de Constantinopla.



Tres hechos marcaron profundamente esta época:

- Los viajes: la idea de viajar supone un encuentro con el conocimiento. Históricamente, el Renacimiento es contemporáneo de la era de los Descubrimientos y las conquistas ultramarinas. Esta era marca el comienzo de la expansión de la cultura europea, con los viajes portugueses y el descubrimiento de América por parte de los españoles. Muchos compositores de la época viajaban a otros países, por lo que estaban en contacto con Europa.




- La invención de la imprenta por Johannes Gutemberg. Gracias a la imprenta, la difusión de la cultura a través de los libros permitió que aquélla llegase a un mayor número de personas. La introducción de la imprenta entre 1460 y 1480 y la consiguiente difusión de la cultura fue uno de los motores del cambio.

- El desmembramiento de la cristiandad con el surgimiento de la Reforma protestante supuso una crisis que dejó honda huella en el arte.

El Renacimiento será fruto de la difusión de las ideas del Humanismo, que determinaron una nueva concepción del hombre y del mundo.