lunes, 20 de noviembre de 2017

MARIANO FORTUNY MARSAL

Nacido en Reus, el 11 de junio de 1838. Nacido en el seno de una familia de tradición artesanal, muestra desde joven predisposición para la pintura y comienza a asistir a la Escuela de Arte Municipal. Al quedar huérfano a la edad de catorce años, su abuelo se ocupa de su tutela y educación. Gracias a una pequeña ayuda económica de dos eclesiásticos de Reus, en 1850 se trasladan a Barcelona, donde cola­bora en el taller de Talarn e ilumina fotografías para subsistir y poder entrar en la Escuela de Bellas Artes a la que asistirá entre 1853 y 1857, te­niendo como profesores a Pablo Milá, Claudio Lorenzale y Luis Rigalt.

Asiste al mismo tiempo a la escuela privada de Lorenzale. En el año 1858 se traslada a Roma gracias a una beca de ampliación de estudios y asiste a la Academia Chigi. La Diputación de Barcelona le propone viajar a Marruecos para pintar los encuentros bélicos que allí estaban teniendo lugar. En 1860 comienza sus bocetos de la batalla de Wad-Rass, en Madrid frecuenta el Prado, donde se interesa por la obra de Velázquez y Goya y conoce a su futuro suegro, Federico de Madrazo, entonces director del Real Museo del Prado y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En París conoce al pintor Martín Rico, con el que comenzará una duradera amistad, y también a Zamacois. De nuevo en Roma, comienza a pintar el cuadro de La batalla de Tetuán y asiste a clases de la Academia de Bellas Artes de Francia en la Villa Médicis. Solicita de la Diputación de Barcelona otra ayuda para regresar a África y logra estar en Marruecos los meses de septiembre y octubre de 1862, donde pinta temas costumbristas.

Pinta por encargo del duque de Riansares La reina María Cristina pasando revista a las tropas. Con ocasión de la exposición de su pintura en el estudio de su amigo Sans Cabot en Madrid en junio de 1866, Federico de Madrazo se interesa vivamente por su obra y le invita a su casa. Allí conoce a Cecilia de Madrazo, la que será su futura esposa. Aprovecha para visitar Toledo, donde descubre a El Greco. Una vez más se instala en Roma.


En mayo de 1874, viaja a París y se aloja en casa de su cuñado Raimundo de Madrazo. De regreso a Roma decide pasar el verano en Nápoles y alquila una casa en Portici, lugar de encuentro de artistas. Pinta el Desnudo en la playa de Portici y Los hijos del pintor, María Luisa y Mariano, en el salón japonés, ambas caracterizadas por la pincelada suelta y espontánea, manifestando en la última de ellas la influencia de la pintura japonesa. En otoño, cuando se encontraba trabajando de nuevo en Roma, se le diagnostica una úlcera de estómago que se agrava y le causa la muerte por hemorragia el día 21 de noviembre de 1874.

Papa PAULO II

Nació en Venecia el 23 de febrero de 1417, era hijo de Niccolo Barbo y Polixena Condulmer, hermana de Eugenio IV. Aunque estudió administración, recibió una excelente educación religiosa. Llegó a ser Arcediano de Boloña, Obispo de Cervia y de Vicenza, y en 1440 cardenal-diácono. Reconocido por su generosidad e intachable apariencia, el Cardenal de Venecia, como era llamado, estuvo muy influenciado en Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III, y un poco menos en Pío II.
Sucedió a Pio II, su elección se debió en parte a la insatisfacción de algunos de los cardenales con la política de su predecesor. Para esto se pudo descubrir la promesa que Barbo le prometió al cónclave, pero que legalmente descartó después de la elección, ya que se oponía a la constitución monárquica de la Iglesia. El Papa Pablo II fue elegido Papa el 30 de agosto de 1464. Presentó espléndidos festivales de carnavales, construyó el palacio de San Marco (hoy conocido como di Venecia), revisó los estatutos municipales de Roma, organizó trabajos de ayuda entre los pobres, otorgó pensiones a algunos cardenales. Su suspensión en 1466 del colegio de abreviadores aumentó la oposición, intensificado por una medida similar contra la Academia Romana. Platina, un miembro de ambas organizaciones, que había estado en varias oportunidades en prisión, se vengó escribiendo una biografía calumniosa de Pablo II.

No se oponía a los estudios Humanísticos, es más, protegía a las universidades, estimulando el arte de imprimir, incluso él mismo fue un recolector de trabajos de arte antiguo. La suspensión de la Academia Romana fue justificada por la degeneración moral y la actitud pagana que incitaba. Por otro lado, el cargo de inmoralidad que Gregorio de Heimburg presentó en contra de Pablo II era insostenible. El papa castigó a Fraticelli en los Estados Papales, persiguió a los herejes en Francia y Alemania, decretó en 1470 el cumplimiento del jubileo cada veinticinco años, y realizó un intento fallido de unir Rusia con la Iglesia. Se le otorgó ayuda financiera a Hungría y al líder albanés Scanderberg. Sin embargo no se obtuvo resultados generales, debido a la escasa cooperación de los poderes Cristianos, a los disturbios en los Estados Papales, donde Pablo II suspendió a los caballeros de Anguillara, y quizás principalmente al conflicto entre el papado y el Rey Jorge Podiebrad de Bohemia.

Falleció el 26 de julio de 1471. Oficialmente la muerte se debió a una indigestión de melón o por que se atragantó con otra fruta. Una extendida leyenda cuenta que murió de un infarto en su cama mientras era sodomizado por un efebo. Esta y otras leyendas pueden haber sido alimentadas por su enemistad con los funcionarios vaticanos, decepcionados por las tímidas reformas de la administración.

LOS REINOS DE TAIFAS-1 (Motivos y Exposición)

LOS REINOS DE TAIFAS

Exposición de motivos:
Tiempo atrás, nuestra amiga Marian García Romo, me propuso hacer un trabajo sobre los Reinos de Taifas. Los dos estábamos convencidos de que el Grupo COSAS DE HISTORIA Y ARTE, estaba necesitado de algún tema que provocara, primero el interés y luego la participación de nuestros amigos y componentes del grupo.
Desde el primer momento surgió la problemática de encontrar el tema. Hay que tener mucho cuidado en la elección de los temas si se quiere conservar el buen ambiente que reina en el grupo. Ambiente al que ninguno de los tres Administradores estamos dispuestos a perder.
Por fin elegimos escribir sobre los Reinos de Taifas. Ninguno nos sentimos arabistas, ni defendemos o atacamos su presencia en nuestra península. Pero somos conscientes que fueron 8 siglos, y eso nos ha dejado cantidad de huellas, en todos los órdenes de nuestro Gran País.
Ahora, cuando el tema desde hace tiempo es la disgregación de la unidad, con los movimientos aflorados en Cataluña, pidiendo su independencia; será importante leer, ampliar, comentar, este artículo; y darnos cuentas como la partición de un todo a veces trae consecuencias no deseadas.
Espero que los nacionalistas a ultranza, si es que los hubiere en el grupo, entiendan que esto es Historia, no Política.
Hemos partido el extenso tema, en varias partes, que iremos numerando para un mejor seguimiento, simplemente con: REINOS DE TAIFAS-1, REINOS DE TAIFAS-2 y así sucesivamente. Hemos corrido el riesgo de hacer un “tocho” inaguantable. Pero en este Grupo, no obligamos a nadie a leer los post, ni mucho menos, pasamos exámenes o encuestas sobre ellos. Solo estaremos deseando vuestros comentarios, o como decía anteriormente: ampliaciones.

Muchas gracias.
Ramón Martín Pérez



Introducción al tema:
Al-Andalus surgió como por arte de magia y estuvo a punto de desaparecer, cuando no se cumplía medio siglo de su nacimiento. Un fugitivo marwâní, huyendo de la muerte que sufrió la mayor parte de su dinastía, y buscando un lugar donde poder vivir lejos del peligro, se encontró por azar del destino, dueño de la Península Ibérica, salvando así Al-Andalus de su desaparición.
Tras treinta y siete años de dura lucha, dejó a sus sucesores uno de los más sólidos estados de la Edad Media. Tres siglos duraría la prosperidad de aquel Estado, sin duda un periodo larguísimo para un estado medieval. Su contemporáneo, el Imperio de Carlo Magno, duró unos tres cuartos de siglo, el Imperio Teutón, en sus diferentes ramas: los Welfos, los Hohenstaufen, los Babenberg, no pasaron de dos siglos. Luego, tras cuatro siglos desapareció tan de repente como había aparecido. Durante casi cinco siglos, arrastró al-Andalus una lánguida y penosa existencia, sin poder ponerse de nuevo en pie.
Hubo tentativas, pero fueron locales y de poca importancia, sólo aspiraban a fundar un emirato y a gozar de las recaudaciones, los intentos más significativos fueron norteafricanos y no buscaban la restauración de al-Andalus, sino conservar lo que quedaba de sus tierras, reclamar el resto para el Islam y transformarlo en una provincia. Este es el primer fenómeno que merece consideración, tanto por lo que atañe a la época de los Reyes de Taifas, sino por la historia de al-Andalus. Es difícil imaginar la desaparición de todo un pueblo, pues por débiles que estuviesen, «permanecían en su sitio por el prestigio de su pasado y por falta de un reivindicador». Lo que ocurrió a menudo fue la desaparición de una casa reinante siendo sustituid.
En noviembre de 1031 (dzu-l-qa'da 422). La aristocracia de Córdoba, cansada y arruinada después de un cuarto de siglo de disturbios e inestabilidad, decidió suprimir el califato y arrojar de la capital al último representante de esta casa. Así terminó, la gloria de los califatos de Córdoba. Claro es que estos hombres, sólo pensaron en guardar lo que quedaba y dominar en Córdoba y su provincia para recuperar lo perdido. Su visión política no llegó a concebir la patria. Pudieron recuperar sus riquezas, para luego sumergirse en el desplome al suprimir el Estado y destruir la unidad del país.
Lo sorprendente es el descuido con que los jefes de la comunidad de Córdoba tomaron su decisión. En aquellos tiempos la gente se aferraba al poder central por débil que éste fuese, con la esperanza de que la dinastía, restableciese la autoridad y el orden. Esto era lo habitual, salvo que existiera otro jefe ambicioso aspirante al poder. Pero siempre, las casas reinantes mantenían al menos los cuadros de la organización política y social.
Mahoma predicando
En Córdoba, sin embargo, los notables suprimieron este eje sin pensar en las consecuencias. Su jefe era nada menos que Abú-l-Hazm Yahwar ibn Muhammad ibn Yahwar, descendiente de los Banu Yahwar y de los Banu Abi 'Abda, que tantos ministros, generales y administradores proporcionaron a al-Andalus. El mismo ocupó importantes cargos bajo Almanzor y sus hijos. Al asumir la jefatura de Córdoba, supo dirigir la nave de Córdoba en el turbio mar del al-Andalus de entonces, pero, no vio la gravedad de suprimir el Califato. Parece que estaba seguro de que se trataba de una simple crisis. No se le ocurrió que podría ser el comienzo del fin¿Cómo podía pensar que de repente los países del norte empezarían a conquistar grandes zonas del Califato?
Solo despertaron de su sueño, al apoderarse Alfonso VI de Toledo, dándose cuenta del peligroso cariz que tomaban los acontecimientos. Buscaron el modo de eludirle, pero era tarde. Se habían enemistado unos con otros, sin posibilidad de reconciliación. Fueron dominados por el pánico. No obstante, los reyes cristianos no pensaron en conquistar las tierras musulmanas hasta que Alfonso VI descubrió lo fácil que resultaba. Una vieja leyenda cuenta que Alfonso dormitando un día bajo un árbol en el jardín del palacio de al ­Ma’mun ibn Dzû-l-Nùn, cuando escuchó una conversación que mantenían ciertos cortesanos de aquel reyezuelo, sobre la manera de apoderarse de Toledo sitiándola por hambre y talando su vega.

Aquella leyenda puede ser un símbolo de lo que descubrió Alfonso VI durante su dorado exilio toledano, que terminó el 7 de octubre de 1072: averiguó que toda la provincia de Toledo, desde la sierra de Guadarrama hasta casi Despeñaperros, estaba podrida interiormente e indefensa por fuera. Se encontraba rodeada de enemigos: por un lado, los Banu Hud de Zaragoza, y por otro la de los Banu al-Aftas de Badajoz. En las demás fronteras, débiles emiratos: el de Valencia, dominado por Abú Bakr ibn 'Abd al-Aziz, dependiente de Toledo, y el de Albarracín en donde reinaba un mercenario. Alfonso VI que se había refugiado en Toledo, huyendo de la lucha por el trono de León, cuando se despidió de Yahya al-Ma’mun ibn Dzû-l-Nùn, no dudó que regresaría como dueño.
El resto es demasiado conocido, con la entrada, casi pacífica, de Alfonso VI, el 6 de mayo de 1085 (10 de Muharram 478). Aquel día el destino del Islam en al-Andalus quedó decidido al perderse, casi la cuarta parte de su territorio. El resto se vio seriamente amenazado, abandonando las ciudades y los campos del norte y del centro para buscar refugio en el sur. Facilitando así, el proceso expansivo de leoneses, castellanos y aragoneses. Dominados por el pánico, se apresuraron a pagar tributos para comprar su seguridad durante cierto tiempo y más tarde, llamaron en su ayuda a los Almorávides.

Es sorprendente cómo una nación grande, como lo era al-Andalus, se desintegrase de tal modo. A primera vista parece que la causa principal fue que las fuerzas militares del país estuviesen divididas en dos bandos hostiles entre sí: los nuevos mercenarios bereberes de Almanzor y los tradicionales combatientes. Pero un desastre tal no puede producirse por un sólo factor. Otra causa fue la supresión del Califato por los altos dignatarios cordobeses. Luego tenemos las ambiciones de los jefes provinciales, que seguían su política de secesión, acabando con toda esperanza de unión.
Después, tenemos el enigmático agotamiento de la casa marwâní. Este linaje no dio después de Almanzor ningún otro hombre de talento. La razón es clara: durante casi un cuarto de siglo, Almanzor se dedicó a diezmar a la casa marwâní, acabando con todos los que pudiesen amenazar su poder. Especialmente los descendientes de Abd al-Rahman III le causaron muchas preocupaciones, persiguiéndoles con extremada crueldad. Se puede decir que Almanzor exterminó a la casa marwâní dejando solamente a los inútiles.

Sólo al-Andalus, de todos los países musulmanes, vivió continuamente bajo la amenaza de sus enemigos. Los cristianos del norte ocupaban regiones y allí crecían fuertes y belicosos. Sus tierras no eran pobres, pero sí duras y frías, por lo que siempre estaban pendientes de los fértiles campos del sur y del este, sintiendo la necesidad de expansión. La presión sobre las fronteras de al-Andalus se acentuaba día tras día, desde finales del reinado de al-Hakam II, al-Andalus vivió amenazado. Una vez que estalló la guerra civil (fitna) entre los musulmanes, el diluvio cayó no supieron aliarse entre sí, se peleaban unos con otros, por lo que se hacía más difícil la tarea de salvarse, hasta que todo esfuerzo fue vano.

La mayoría de los que se repartieron los restos del Califato cordobés a raíz de la «fitna», eran hechuras o parientes de Almanzor. De él aprendieron la crueldad, la astucia, la avidez por el poder y el manejo de los medios a su alcance. Pero no consiguieron aprender de él lo más importante: la valentía sin límites, el incansable tesón dando como fruto una profunda fe musulmana, y la generosidad propia de esta cultura. 

VALENCIA DESAPARECIDA-Casa natalicia de San Vicente Ferrer

En una casa del extremo de la calle del Mar más cercano a la actual Glorieta, nació San Vicente Ferrer el día 23 de enero de 1350, viviendo en ella hasta 1367. De ella se conserva el mismo pozo, bendecido por el santo, en el zaguán de entrada. La ciudad de Valencia adquirió la casa en 1573, reformándose en 1677 la capilla, cuya primitiva traza fue gótica en su bóveda y medía 130 metros cuadrados. Nuevas reformas de la fachada, que fue chapada con azulejería de Manises, tuvieron lugar en 1734. Tras múltiples vicisitudes, fue reconstruido completamente el edificio en 1953, adquiriéndose dos nuevas casas en la calle del Mar para su ampliación. 



Casa medieval modesta, en cuya planta baja estuvieron las dependencias comunes habituales, como el comedor y el estudio, mientras que en el piso superior  se dispusieron las estancias privadas. Sus dimensiones fueron ciertamente reducidas, sin que hoy en día podamos imaginar la primitiva estructura y disposición de la casa.

viernes, 17 de noviembre de 2017

PALACIO DE LOS VIVERO De Valladolid

En realidad vamos a ver en esta publicación, tres edificios que forman un conjunto: el Palacio de los Vivero, la Chancillería y la Cárcel de la Chancillería.

Palacio de los Vivero
Este edificio fue edificado a mediados del siglo XV por don Alonso Pérez de Vivero, vizconde de Altalmira. En el tuvo lugar uno de los hechos relevantes de la Historia de nuestro país: el matrimonio de Fernando V de Aragón e Isabel I de Castilla, celebrado el 14 de octubre de 1469. Los Reyes Católicos que habían emprendido una política de sometimiento de la nobleza, ordenaron la disminución de la capacidad defensiva de las moradas de estos. La casa de los Vivero era en rigor un baluarte, es decir, un verdadero castillo-palacio. En un documento de 22 de abril de 1475 ordenaban derribar barreras, torres, almenas, garitas, de esta casa, no vacilaron en acometer la eliminación de los elementos defensivos de la casa, pues en aquel mismo año se habían alojado en ella y se percataron del riesgo de conservarla en dicho estado.

Ante el crecimiento que iba experimentando la Real Chancillería, los Reyes Católicos proyectaron alojarla dignamente. A tal efecto don Alfonso Pérez de Vivero vendió su palacio a la Corona y ésta lo entregó a la Chancillería.
En la fachada, a los de la puerta figuraban los pilares con leones, portando escudos. Sobre la puerta se hallaba la inscripción conmemorativa de la fundación, coronada por el escudo de la monarquía. Disponía la casa de un remate en forma de espadaña, con su campanario. Sabemos por documentos que había otra puerta “por donde se manda el Presidente, que da a la sala del crimen”. Como la principal, tenía también dos postes con leones, y cadenas, en señal de jurisdicción. El enlucido de la fachada es de sólida cantería, mientras que el alto es de ladrillo. Esto coincide con la orden de demolición de la obra fuerte de la casa. Todos los huecos están alterados.

Archivo de la Chancillería
Juan I de Castilla dio el nombre de Chancillerías en 1387 a las audiencias creadas por Enrique II para administrar justicia. Se componía de ocho oidores, dos prelados y los chancilleres de gracia y justicia, que se encargaban de sellar los documentos. La Chancillería estaba presidida por un gobernador, dieciséis oidores (o jueces de lo civil), tres alcaldes del crimen agrupados en cuatro salas de lo civil, una de lo criminal y otra de los hijosdalgo. Las sentencias de la Chancillería eran irrevocables; aunque en un caso grave podía recurrirse al Consejo de Castilla.
El origen de este Tribunal está en las Cortes de Toro del año 1371 convocadas por Enrique II, y su definitivo asiento en Valladolid. Ordenado ya en las Cortes de Valladolid de los años 1442 y 1447, fue determinado en las Ordenanzas dadas a la Real Audiencia y Chancillería en Medina del Campo, en el año 1489; en un principio tuvo un carácter ambulante, pero durante el reinado de los Reyes Católicos, permaneciendo en Valladolid hasta su supresión en el año 1834. También estuvo en Medina del Campo de 1601 a 1605 por haberse mudado la Corte a la ciudad de Valladolid, trasladada luego al "Palacio de las Cuatro Torres" (actual Capitanía General) de la ciudad de Burgos nueve meses entre 1605-1606, volviendo a la ciudad de Valladolid cuando la Corte volvió a la villa de Madrid.

La Real Audiencia y Chancillería fue tomando una gran importancia, lo cual determinó un crecimiento desmesurado de documentación, cuya consulta era tan necesaria. Téngase presente que en la Chancillería se tramitaban los pleitos más substanciosos, en el orden civil y criminal, de la mitad norte de la Península, ya que la Chancillería de Granada se ocupaba de los asuntos de localidades situadas al sur del río Tajo. Figura también la documentación referente a ejecutorias. Por todo ello, Felipe II ordenó la construcción de un edificio para archivo, el cual se levantó a espaldas del Palacio de los Vivero y en comunicación con él. Núcleo de este edificio era un patio provisto en su cuerpo bajo por una galería de arcos de medio punto sobre columnas toscanas. Se conserva la inscripción conmemorativa: “Philipos Dei gratia Hispania (rum) rex fecit 1562”. La necesidad de mejorar la conservación de los documentos, y la atención de los investigadores, movió a emprender la construcción de otro edificio en los años 80 del siglo XX, siendo el arquitecto don Anselmo Arenillas, quien ha respetado el estilo del edifico anterior, conservando el patio. Para la documentación se dispuso de un gran bloque, con la debida iluminación, aireación y temperatura.
Hasta la entrada en servicio de este nuevo depósito, cumplió la función el que se levantó a partir de 1675, según proyecto conjunto para archivo y cárcel del arquitecto Nicolás Bueno, y cuya realización llevaron a cabo Felipe Berrojo, Juan de Medina Argüelles y Juan Tejedor Lozano. Es un edificio sencillo, pero robusto. Tiene disposición rectangular, dividiéndose el interior en tres crujías; la cubierta es a base de monumentales vigas de madera. En los mentados años 80 sufrió un grave incendio que lo dejó arruinado. Desde el punto de vista artístico, el archivo contiene elementos valiosos. En los mismos legajos se hallan testimonios gráficos aportados para los pleitos, como pinturas, planos y diseños. Las pinturas, ejecutadas al óleo sobre lienzo, ofrecen la topografía de los lugares en litigio. Han sido restauradas y presentan edificios antiguos. La sección de ejecutorias cuenta asimismo con otro valor artístico: las miniaturas con que se decoran las correspondientes a hidalguías. En efecto, los beneficiarios deseaban mostrar su título adornado con miniaturas, que muestran su escudo, el retrato de los miembros de la familia y escenas religiosas, muy principalmente el tema de la Inmaculada.


Cárcel de Chancillería
Necesaria junto a la Chancillería era la cárcel, que se hizo contigua para evitar el traslado de los presos que tenían que asistir a los juicios. Se edificó con todo lo necesario para el alto tribunal, pero con las condiciones de capacidad y seguridad necesarias. Se fabricó en piedra de sillería, y con muros muy robustos, asegurándose los huecos con rejas de recios barrotes de hierro. El edificio comienza a levantarse en 1675, pero su realización fue lenta. Se trabajaba a fondo en 1679, pero luego hubo un alto en las obras. Aparte de los arquitectos mencionados, también intervino Pedro de Biermo. La cárcel ya se utilizaba en 1703.
Es un oficio de planta cuadrada, provisto de patio central, de pilares cuadrados. Es exterior tiene aspecto palaciego, ordenándose con rigurosa simetría. A los lados van dos torres, enrasadas con la fachada. La puerta aparece envuelta en baquetón, de marco quebrado. Sobresale una peineta, en que figura el escudo real, en el que han sido borradas las armas. Se adorna con pirámides. Una imposta plana separa los dos pisos de que consta el edificación. Los huecos resultan espaciosos, pero ya se ha indicado que se guardan con sólidas rejas. En cuanto al estilo, se mantiene aún dentro de la corriente postescurialense, sin acusar la ornamentación barroca que entonces ya se prodigaba.

Con la inauguración de la nueva cárcel en 1935 el edificio cayó, en desuso, pasando a ser conocido como "Cárcel Vieja". Desde 1988 alberga la Biblioteca Universitaria Reina Sofía y la Casa del Estudiante, propiedad de la Universidad de Valladolid.

VALENCIA DESAPARECIDA-Casa del Pueblo

Edificio proyectado con el fin de que las Sociedades Obreras, existentes en aquella fecha en Valencia, tuvieran un lugar común de reunión y, a la vez, fuera centro de sus actividades políticas y culturales. La iniciativa para su construcción partió del político republicano Francisco Sanchis. El proyecto se encargó, en 1918, a la "Sociedad Española de Construcciones", fundada por Demetrio Ribes y en la que colaboraba Javier Goerlich. Este se hizo cargo del proyecto. Lo resolvió dentro de un especial estilo modernista en el que mezcló elementos de este estilo con otros de raíz barroca. La ornamentación exterior, muy severa, contraria, principalmente, con motivos extraídos del repertorio del gótico valenciano del siglo XV.

Los espacios interiores comprendían: Sala de conferencias -con entrada independiente desde la calle Guillem de Castro y perfil goticista- y las dependencias habituales en un edificio de uso público, recayentes hacia la calle de Quevedo.

Proyectado en 1919 se comenzó a construir a partir de 1921 no realizándose más que la primera planta en la que destacaban las poderosas columnas de los distintos pórticos. La abigarrada y eléctrica construcción inacabada la utilizó el Ayuntamiento, tras reformas muy someras, para servicios diversos, derribándose totalmente en 1973 para construir en el solar un edificio de viviendas.


jueves, 16 de noviembre de 2017

REPUBLIC P-47 Thunderbolt


El ingeniero Alexander De Seversky fue el diseñador del Republic P-47, ayudado por Alexander Kartveli lograron, partiendo de un diseño anterior, el P-43, que a su vez había evolucionado del P-35A, el primer prototipo XP-47B. De Seversky era ruso, aunque residente en los Estados Unidos por motivos políticos, en EEUU fundó su propia compañía de construcción de aviones. Junto con Kartveli diseñó el SEV-1XP. El USAAC quedó impresionado con este aparato del que le encargaron 77 unidades bajo la nomenclatura de P-35. De Seversky está convencido de poder mejorar su aparato y propone al USAAC realizar una serie de modificaciones. El USAAC acepta y se crea así el P-41 que contaba con un motor Pratt & Whitney R-1830. El diseño continuaría mejorando pasando por el XP-42, XP-43 y XP-44 que era ligeramente inferior técnicamente a sus enemigos alemanes, por lo que se decide crear el AP-10 montando un motor R-2800 de la Pratt & Whitney, el AP-10 pasaría al servicio como P-47 Thunderbolt.

El prototipo XP-47 B pasaría a ser el P-47 B que solo difería en que la carlinga razordback era enteramente deslizable hacia atrás, y no parcialmente y en la sujeción del cable de la antena que pasa de ser una varilla totalmente vertical a ser un poco mas larga y oblicua.

Posteriormente se conoce una versión que pasó sin pena ni gloria por la historia, el RP-47 B que era un avión de reconocimiento; otra versión fue la XP-47 E de la que solo se fabricó un aparato que básicamente era un P-47 B con cabina presurizada. El P-47 C era una modificación, y fue el primero en entrar en combate el 10 de marzo de 1943 durante un barrido de caza, posteriormente el 17 de agosto se realizó la primera misión de escolta a los Boeing B-17.


Al P-47 C-1 del que se fabricaron 55 unidades se le alargo el fuselaje en la parte delantera lo que conseguía una mejor estabilización del centro de gravedad. Fue seguido por el P-47 C-2 al que se dotó de un deposito fijo ventral de 200 galones de combustible, de este aparato se fabricaron 128 unidades. Una posterior modificación en la antena de radio es la que diferencia al P-47 C-5 de la serie C-1 y C-2, del C-5 se construyeron 362.

El P-47 D es una variación construida en las fabricas que la Republic tenia en Farmingdale y Evansville, a los aviones construidos en Farmingdale se les añadió el sufijo RE en su nomenclatura, por tanto la primera versión de este aparato fue la P-47 D-1-RE, por su parte a los fabricados en Evansville se les añadió el sufijo RA, quedando P-47 D-1-RA.

A la versión D se le añadieron aletas de escape para los gases del motor. Las versiones D de ambas fabricas fueron evolucionando en aspectos motrices sin apenas variaciones estructurales, cabe señalar la planta motriz R-2800-63 de 2.300 caballos que incorporó la versión P-47 D-10-RE. De aquí hasta la versión P-47 D-16 se incorporó la posibilidad de acarrear diferentes tipos de depósitos de combustible subalares, estas ampliaciones de combustible le dotaban de una autonomía de 3.000 kilómetros. Fue también durante la evolución de la serie D donde se paso del modelo de carlinga estándar a montar las tipo Malcolm con una sola pieza transparente en burbuja en el sector central de la misma, además otro modificación fue en las hélices que pasaron de usarse las Hamilton a utilizar las fabricadas por la Curtiss Electric.


Las fábricas de Farmingdale y Evansville vieron desbordada su capacidad de producción y al no disponer la Republic de una tercera factoría se le concedió licencia a la Curtiss para construir los aviones P-47 bajo la nomenclatura P-47 G-CU. Todos los P-47 G fueron aviones casi idénticos a los P-47 C y P-47 D salvo pequeñas modificaciones. La gran mayoría de la serie G fue empleada como aviones de entrenamiento, por lo tanto de amplió la cabina para un segundo pasajero conociéndose estos aparatos como P-47 G Doublebolt.

Al igual que el Mustang P-51 en sus orígenes, el P-47 contaba con una visibilidad hacia las 6 nula, por lo que un aparato de la serie D5-RE fue modificado para incorporar una carlinga de tipo burbuja. Esta carlinga era una modificación de la de los Hawker Tempest y su abertura y cierre se efectuaba de forma eléctrica. A la serie D conocida como Boubbletop se le aumentó la capacidad de combustible hasta los 370 galones y se le incorporaron más bombonas de oxigeno para el piloto; además disponía de capacidad para cargar 6 tubos de lanzamiento de cohetes de 4 pulgadas o raíles lanzadores de cohetes de 5 pulgadas. Los aparatos P-47 D evolucionaron hasta la variante P-47 D-40.

Posteriormente la versión M alcanzó los 2.800 caballos de potencia gracias al motor R-2800-57 que los hacía volar a 473 millas por hora ayudado por la hélice Curtis de 13 pies de diámetro.


Por último el P-47 N sufrió una importante variación a nivel estructural, se le amplio el ala respecto a la versión D consiguiendo una mayor envergadura y el borde posterior redondeado característico de todas las versiones fue recortado, con lo que se consiguió un ala mas larga y mas estrecha. El P-47 N era el aparato más robusto por lo que tuvo que montar un tren de aterrizaje más fuerte. El P-47 N combatió en el pacifico hasta el final de la guerra, pero sirvió hasta Corea.

En resumen el P-47 era el caza mas fuerte con el que se doto la USAF durante la segunda guerra mundial, a destacar que el piloto con más derribos en el teatro europeo Robert S. Johnson pilotaba un aparato P-47 llamado “Jug” con el que realizó un aterrizaje forzoso tras recibir 21 impactos de cañones de 20 mm y mas de 100 de ametralladoras de calibre estándar. Esta extraordinaria resistencia se explica gracias al motor radial refrigerado por aire, si se hubieran mantenido los motores Allison que montaban los primeros prototipos no habría conseguido esta extraordinaria capacidad de aguante, ya que un solo impacto en los circuitos de refrigeración hubiese bastado para quemar el motor. Se conocen casos de motores de la serie R-2800 que volvieron funcionando al aeródromo tras perder en combate cilindros enteros.

ALFONSO II el Casto o el Trovador

Había nacido en Huesca, en marzo de 1157, y falleció en Perpiñán el 25 de abril de 1196. Fue rey de Aragón y conde de Barcelona. Aunque siempre se le nombra Alfonso, desde su nacimiento fue designado por los nombres de Alfonso y Ramón indistintamente.
En agosto de 1162 falleció su padre Ramón Berenguer IV, y en su testamento le confirió la potestad regia, es decir, la capacidad de reinar en Aragón y Barcelona. Su primer acto fue dar su confirmación a los fueros de Zaragoza, ante notables aragoneses y catalanes. A continuación, como hicieran su abuelo Ramiro II y su padre Ramón Berenguer, viajó por el reino de Aragón para recibir el homenaje de fidelidad de los vasallos de dicho reino.
Llega a Calatayud el 1 de septiembre de 1162, acompañado por los obispos de Tarragona, Barcelona, Zaragoza y Tarazona, además del conde de Pallars y otros magnates aragoneses y catalanes, quienes constituirán el consejo de regencia que gobernaría durante su minoría de edad. El 27 de septiembre el rey Fernando II de León es aceptado como tutor de Alfonso y de su reino por los notables aragoneses y catalanes, a la vez que el rey leonés reconoció a Alfonso como rey de Aragón y conde de Barcelona. En octubre, la reina Petronila convocó una Curia en Huesca, y se hicieron públicas las últimas voluntades de Ramón Berenguer, en ellas se puso de manifiesto que el rey Enrique II de Inglaterra había sido designado como tutor.
En enero de 1163 ya se le denomina rey de Aragón, marqués de Lérida y de Tortosa, el 24 de febrero obtuvo el juramento de los habitantes de Barcelona como súbditos; a partir de entonces recorrió toda la llamada Cataluña vieja obteniendo la fidelidad de sus vasallos. El 25 de abril de ese año son los habitantes de Tortosa quienes le juran vasallaje.
Petronila seguía siendo la reina, hasta que el 18 de junio de 1164 hizo la renuncia de la corona en su hijo. En dicho documento Petronila, reina de Aragón y condesa de Barcelona, le hizo donación, mencionándole rey de Aragón y conde de Barcelona. Alfonso II juró como rey de Aragón en Zaragoza el 1 de noviembre de ese mismo año, desde entonces Alfonso fue rey de pleno derecho y siendo reconocido por el papa. Sus dominios, tras la incorporación posterior del reino de Valencia y desde la última década del siglo XIII, comenzarán a recibir la denominación de Corona de Aragón, aunque entre los siglos XII y XIV, la expresión más extendida fue la de Casal d'Aragó.
Alfonso II se casó en Zaragoza con Sancha de Castilla, el 18 de enero de 1174, con 16 años, edad en la que según el Derecho Canónico, un hombre casado alcanzaba la mayoría de edad. Además, fue armado caballero y pudo actuar al frente de su reino sin la tutoría de los magnates que la habían ejercido desde 1162.
En 1166, Ramón Berenguer III de Provenza, murió durante el sitio de Niza, dejando solo una hija, Dulce. La regencia aragonesa, alegando la falta de descendencia masculina, consiguió que el condado de Provenza fuera a parar a manos de Alfonso el Casto, que era primo hermano de Ramón Berenguer III. A pesar de eso, la casa de Tolosa siguió actuando en la zona, hasta que en 1176 Alfonso el Casto concertó la Paz de Tarascón con Ramiro V, por este tratado se estableció que, a cambio del pago de treinta mil marcos de plata, el conde de Tolosa renunciaba a sus pretensiones sobre Provenza. Esta paz supuso el fortalecimiento en Occitania de la posición de Alfonso.
Al darse cuenta de que el condado era una región alejada de Aragón y Cataluña, rodeada de posesiones del conde de Tolosa, Alfonso II encargó el gobierno de Provenza a su hermano Pedro, (Ramón Berenguer IV de Provenza), concediéndole el título de conde, aunque no renunció a sus derechos, ya que Ramón Berenguer IV de Provenza regía el condado únicamente como delegado de su hermano. Durante la crisis de la Santa Sede, apoyó de forma inequívoca al papa Alejandro III en contra de los antipapas.
En 1181 el conde de Tolosa invadió las tierras del vizconde de Narbona y Ramón Berenguer IV de Provenza fue asesinado cerca de Montpellier. Alfonso II nombró ahora conde de Provenza a su hermano Sancho, pero tuvo que destituirlo en 1185 por haber realizado tratos ilegales con Tolosa y Génova. En 1192, tras volver de la cruzada, Ricardo Corazón de León se alió con Ramón V de Tolosa contra Alfonso II, este consiguió fortalecer sus posiciones, al concertar el matrimonio de su hijo Alfonso con Gersenda de Sabrán, hija de Guillermo VI de Forcalquier, antiguo aliado de Ramón V de Tolosa. La paz de 1195, firmada entre Alfonso y Ramón VI de Tolosa, hijo y sucesor de Ramón V, puso fin a este conflicto.
Al abdicar Petronila en 1164 en su hijo Alfonso, la península ibérica ocupó una posición secundaria frente a Occitania durante el reinado de éste. El rey de Aragón se implicó en el juego político de los reinos cristianos con el fin de conseguir la reanexión de Navarra, separada de Aragón desde la muerte de Alfonso I de Aragón en 1134. Por otra parte, también dirigió ataques contra el Al-Ándalus, para obtener tributos o ganancias territoriales.
En 1162 la regencia aragonesa concertó una alianza entre Alfonso II y Fernando II de León para repartirse Navarra. Sin embargo, en 1168, se estableció una tregua con Sancho VI de Navarra. Al quedar pacificado el frente navarro, se inició un ataque contra Castilla, aunque fue un fracaso que condujo a la Paz Perpetua de Sahagún en 1170, firmada por Alfonso VIII de Castilla y Alfonso el Casto. Además, según un acuerdo estipulado en el Tratado de Lérida de 1157, el rey de Aragón tuvo que contraer matrimonio con Sancha, tía de Alfonso VIII.
El rey Ibn Mardanis de Murcia, que dominaba todo Xarq al Ándalus (zona oriental), asediado por los cristianos y por los Almohades, se convirtió en tributario de Aragón. En 1169 la regencia comenzó la conquista de la Matarraña y la ocupación de los territorios al sur de Aragón en 1171. Se fundó Teruel, base para ataques contra Valencia. En 1172, muerto Ibn Mardanis, Alfonso II asedió Valencia, tras concertar una alianza con el nuevo rey sarraceno, el rey de Aragón, de acuerdo con el emir de Valencia, atacó Játiva y Murcia, de donde se tuvo que retirar a raíz de una incursión de Navarra en las fronteras de Aragón.

La paz de Sahagún de 1170, y el aumento de poder de Castilla, supeditó la actuación de Alfonso II a los designios de Alfonso VIII; de esta forma, a cambio de colaborar en la conquista de Cuenca en 1177, que era anexionada a Castilla y bloqueaba las posibilidades expansivas de Aragón, Alfonso II obtuvo del rey de Castilla la renuncia del vasallaje aragonés para Zaragoza. Se firmó el Tratado de Cazorla, por el cual, en la futura expansión por el al-Ándalus, Alfonso II cedió la conquista de Murcia a Castilla, a cambio de que Alfonso VIII suprimiera el vasallaje de los reyes de Aragón por Valencia, una vez la conquistaran.
En 1175, el valle de Arán pasa a formar parte de la Corona de Aragón, mediante el Tratado de Amparanza  (de amparo o Emparança, en catalán) firmado por el rey Alfonso II con los habitantes del valle, que se separaban del condado de Cominges. Entre 1181 y 1186, Alfonso II concentró sus esfuerzos en la Provenza y en el Mediterráneo.
Alfonso II se distanció de Alfonso VIII; el rey de Castilla había abandonado una alianza pactada con el rey de Aragón de repartirse Navarra, una vez anexionada La Rioja; mantenía pretensiones territoriales en las fronteras aragonesas y había realizado tratos con Federico Barbarroja. Por eso, en 1190, Alfonso II llegó a un entendimiento con Navarra, León y Portugal, enemistados también con Castilla. Tras la derrota de Alfonso VIII en Alarcos, en 1195, animó el avance almohade, las indicaciones del Papa Celestino II, empujaron a Alfonso II a negociar una operación conjunta con Alfonso VIII de Castilla contra los musulmanes, operación que nunca llegó a realizarse.
Dentro de la Corona de Aragón, durante el reinado de Alfonso II se consolidó la estructura jurídica y territorial de lo que sería Cataluña: se establecieron las veguerías como división comarcal, se definieron los límites del territorio en la asamblea de Paz y Tregua de 1173, y promovió la elaboración de los inventarios de los derechos condales (Liber Feudorum Maior, hacia 1194).
Ante la duda de ser enterrado en el mausoleo paterno del Monasterio de Ripoll, o en el mausoleo conyugal del Monasterio de Sigena, se decantó por el Monasterio de Poblet, evitando levantar suspicacias. Según su testamento, en caso de haber conquistado Valencia en vida, debía ser enterrado en El Puig (Valencia), lugar que había donado al monasterio de Poblet en febrero de 1176, deseo expresado también por su hijo Pedro II de Aragón y muerto también sin cumplirlo. El rey Alfonso II fue enterrado en la pared del presbiterio, en una caja. Tras la reforma de las sepulturas reales impulsada por Pedro el Ceremonioso, el sepulcro quedó instalado en el primer arco del conjunto escultórico.

De su matrimonio con Sancha de Castilla, nacieron: Pedro II de Aragón, el Católico, rey de Aragón con el nombre de Pedro II y conde de Barcelona con el nombre de Pedro I; Constanza, casada con Emerico I de Hungría y posteriormente con Federico II Hohenstaufen; Alfonso, conde de Provenza, con el nombre de Alfonso II; Leonor, casada con Ramón VI de Tolosa; Sancha, casada con Ramón VII de Tolosa; Sancho; Ramón Berenguer; Fernando y Dulce. En su testamento, Alfonso II dispuso que sus territorios se repartieran entre sus dos hijos: Pedro y Alonso. 

miércoles, 15 de noviembre de 2017

VALENCIA DESAPARECIDA-Casa de la Democracia

Este edificio, de cuatro plantas con cuatro grandes vacíos en la planta baja, participaba de la doble condición de casino y círculo político aunque se había levantado por iniciativa privada. En el mismo se destacaba un cuerpo central,  con tres vanos en cada planta, de perfiles diversos rematado con barandilla de diseño próximo al estilo internacional. A su lado, simulando una especie de torreón, existía un cuerpo, de un vano por planta, rematado con un perfil superior más movido en el cual se incluían jarrones con decoración vegetal a modo de pináculos.
Construido el edificio sobre solares de José Suay, situados en la calle de Correos resultado de la demolición del antiguo Barrio de Pescadores, empleó Mora en él ornamentación neobarroca de influencia francesa, que luego él mismo fundió, con otros estilos en otras obras, con elementos barrocos inspirados en el tradicional barroco valenciano. Esta mezcolanza decorativa dará lugar, en su trayectoria arquitectónica, a una fase, que se denominó "neobarroco local", muy característica e interesante.


LOS COMUNEROS DE CASTILLA: Final

Fue nombrado Capitán General de los ejércitos Pedro Lasso, este apuntaba a la diplomacia, en la cual eran maestros los señores, olvidando la acción militar, donde llevaban ventaja los comuneros. Lasso utilizó toda su influencia para obtener dos lugartenientes: Acuña, con tantos bríos como el toledano, pero más responsable, y el leonés Gonzalo de Guzmán.
Había, pues, dos tendencias: las de los radicales encabezados por Padilla y la de los que pensaban que lo mejor era evitar el confrontamiento, dirigidos por Lasso. Poco a poco los realistas se fueron imponiendo. Padilla reunió a sus capitanes para trazar del plan de ataque, mientras Lasso acariciaba el plan de tomar Simancas y luego Torrelobatón. Padilla quería rescatar a Burgos para, libres del condestable, atacar seguros Tordesillas. Por su parte Acuña prefería dirigirse de inmediato a esta villa. Pero Gonzalo de Guzmán no apoyaba ninguna de estas fórmulas.
Aprovechó Lasso para insistir en las negociaciones. Llegaron, por fin, a un acuerdo. Acuña volvería a Palencia para vincular totalmente esa población, necesaria por sus recursos agrícolas e industriales.
En este estado de cosas, los realistas echaron mano de sus armas preferidas: los compromisos, las treguas, las intervenciones diplomáticas. Tenían tres importantes bazas: el embajador de Portugal, el nuncio del papa en Castilla y los Padres Generales de franciscanos y dominicos.

El embajador del rey de Portugal propuso una tregua, mientras Padilla y Vera convencían a la Junta de una actuación cautelosa e insistían en ocupar Tordesillas cuanto antes. La misión del nuncio era la reconciliación. Nada más llegar a Valladolid, la ciudad pedía a la Junta que le declarara persona no grata, odiado por sus continuas penas canónicas. Pidió el cese de hostilidades y la Junta no se opuso; exigió que depusieran su actitud, pero la Junta consultó a las ciudades; las respuestas fueron tajantes: la libertad de la reina, la disolución de las tropas de los señores, el derecho de las Comunidades para dirigirse directamente al soberano, y la negativa de la licencia de su ejército, única garantía contra todos los errores del pasado.
Estos negocios no mantuvieron inactivo al obispo Acuña. Volvió a Palencia y comenzó su campaña por Tierra de Campos. El miedo empujó a los gobernadores a destacar cinco banderas de su ejército en Ampudia, perteneciente al conde de Salvatierra. Los imperiales encontraron a los de Ampudia desprevenidos, ocupando rápidamente el castillo. Inmediatamente Padilla con 4.000 hombres acudió en su socorro. El capitán realista Francisco de Beamonte, sacó a la mitad de su gente camino de Torremormojón; informados los sitiadores, se lanzaron en su persecución. Los realistas llegaron a  Torremormojón y ocuparon su castillo.
El cerco de Padilla en su golpe relámpago, hizo que se rindieran en dos días. Mientras Acuña batía en castillo de Ampudia con el famoso cañón San Francisco. Al regreso de Padilla se celebraron conversaciones determinando la rendición de los sitiados.

Los más intransigentes de la Junta estaban decididos a situar un triángulo de operaciones, entre Valladolid, Medina de Rioseco y Tordesillas. Mientras a la Junta le llegaban nuevos cargamentos, los realistas, por su parte, alistaban a la fuerza. Castilla era un desastre en lo económico.
A mediados de febrero, Padilla, se puso en marcha camino de Zaratán, uniéndose a su paso los importantes contingentes de Villanubla. Pero una vez más surgieron las desavenencias. Por enésima vez hubo de ser el obispo Acuña, quién con su presencia dirimió las diferencias: a Torrelobatón. A las ocho de la mañana dieron vista a la población, rindiéndose al cuarto día. Desde aquel momento establecieron su plaza fuerte a quince kilómetros de Tordesillas, en el principal paso hacia Burgos.
Los de Tordesillas reclamaron nuevas treguas y Padilla no tuvo inconveniente en dar luz verde. Era, sin embargo, una concesión destinada a enconar a los nobles: “La Junta Santa -decía el documento- se complace en otorgar la tregua que le ha sido pedida por los gobernadores, para servicio de Dios nuestro Señor y por haberlo requerido el rey de Portugal”.
El tono del documento dejaba bien claro que, la Junta conocía la inferioridad de los nobles, los cuales montaron en cólera al verse humillados y rechazaron la concesión. Esta situación hacía mella en el cardenal Adriano, al poner en riesgo la autoridad del monarca. Sin embargo, las ideas del emperador coincidían muy poco con las de su regente; en vez de apoyarse en el pueblo, lo hacía don Carlos en su omnímodo poder y en la nobleza, poseedora de una declaración de traidores a 249 personas, los más notables de los comuneros, condenándoles, sin otro juicio ni investigación, a pena de muerte.
“…y los que han intervenido -rezaba ese decreto imperial- sean castigados, ejecutados, declarados infieles, rebeldes, desleales, condenamos a dichas personas a pena de muerte, perdida de oficios y confiscación de bienes. Sean despojados de su dignidad y nadie los guarde respeto, ni les preste ayuda, ni pública, ni privadamente…”
En menos líneas no podía contenerse más dureza, Al día siguiente aparecían nuevos pasquines, en Valladolid, pidiendo la declaración de traidores a los gobernadores y la nobleza, y la vuelta decidida, suicida, a la lucha armada con el fin de conseguir “la libertad y el bien común”.

Después de mutuas ofensas, se reanudaron las conversaciones. El almirante había escrito una carta al padre de Padilla, Lope de Padilla, a su esposa María de Pacheco y a su amigo Avalos, llena de lamentos, amenazas y promesas.
En un principio lograron los comuneros que los gobernadores fueran elegidos con el consentimiento del pueblo, y que estos juraran ante las Cortes guardar las leyes y dar cargos públicos únicamente a los castellanos más idóneos. Los gobernadores por su parte, alegaron la necesidad de consultarlo con el rey, y exigían que los actuales fueran depuestos. Los comuneros pidieron seguridades.
Se endurecían las posiciones, conocían los gobernadores que, de no vencer la sublevación comunera, tendrían un severo castigo a juzgar por los documentos llegados desde Alemania. La Junta hizo una interpelación: si su Majestad no concedía las peticiones, debían unirse los nobles al pueblo, para guardar y defender, aún con las armas, lo que el Emperador denegara.
Los imperiales contestaron, como siempre, con evasivas. Padilla permanecía en Torrelobatón, impasible cuando el obispo de Osma, hermano del almirante,  y el conde Don Hernando atacaron la villa de Palacio de Meneses. Ocaña, cuartel y guarida de los Osorio, bien fortificada, atraía la atención del prior Zúñiga aún antes de acercarse a Acuña. A pesar de que Zúñiga tenía un acuerdo con los comuneros de no molestarse, aunque nunca lo cumplió. En Illescas y Tepes se sumaron a Acuña más soldados. Ocaña resistía. 
Con la bandera tomada a Zúñiga, salieron los soldados de Acuña y Gaitán en busca del prior, localizándole en Corral de Almaguer. En los términos de El Romeral, las dos formaciones trabaron pelea. Fijo el prelado una tregua de dos días. Pero cuando Acuña se retiraba hacia El Romeral, parte del ejército de Zúñiga calló sobre los comuneros. Las noticias se propagaron, con distintas formas por toda la Tierra de Campos. Era Semana Santa y Acuña determinó un descanso para las tropas y acercarse él a Toledo para entrevistarse con María de Pacheco y los canónigos.
Reconocido al entrar en la ciudad, fue llevado en volandas por los vecinos de Zocodover hasta la catedral, donde le declararon arzobispo de Toledo. Con objeto de congraciarse con la Padilla, esgrimió el tema del nombramiento del Capitán General comuneros para Gran Maestre de la Orden Militar de Santiago. Al terminar las conversaciones, ofreció Acuña un banquete a los representantes de las Comunidades en Toledo. El obispo se ganó en masa a Toledo, cosa que no consiguió con los canónigos, los cuales habían recibido, semanas antes, un documento de León Z, para proceder al nombramiento de arzobispo de Toledo,  puesto que había muerto Guillermo de Croy, negándose a aceptar su nombramiento. Acuña movilizó al pueblo que entró en la Catedral, consiguiendo un documento firmado, donde se reconocían sus exigencias. Poco después, partiendo desde Tepes, continuó la campaña militar.

A estas alturas en las Comunidades se notaba, a estas alturas, la indecisión y el miedo a las traiciones. El almirante Iñigo de Velasco recababa ayuda por parte del condestable, al ver como se agotaban las posibilidades de un acuerdo. Esta vez, el condestable, si se impresionó por la situación, y dejando a un lado sus intereses personales, se dispuso a preparar la salida hacia el centro de operaciones.. Enterado Padilla, de estos preparativos, pidió nuevos alistamientos. El mismo se traslado a Valladolid, suplicando de calle en calle ayuda en hombres y pertrechos. La respuesta fue positiva, se alistaron más de 2.000 hombres, que junto a los 2.000 acuartelados en Torrelobatón y los que esperaban órdenes en Toro y Zamora, podían sumar unos 6.000 soldados. La contestación de las villas y ciudades era también esplendida, con los reunidos por Palencia, Dueñas, Palacios de Meneses, Baltanás de Cerrato, León, Ávila y Segovia, se podrían alcanzar los 14.000 hombres.
La intención del ejército comunero era dirigirse desde Torrelobatón hacia Toro, girar en dos direcciones, por León y Segovia, y caer sobre Burgos, desde donde se dirigiría hacia Tierra de Campos, arrollando al ejército real en Tordesillas. Mientras Juan de Guzmán, desde Francia, con 12.000 hombres caía sobre Medina de Pomar.
Pero a pesar de las elevadas cifras de los contingentes comuneros, estos aislados por la fuerzas realistas de Burgos, las fuerzas más cercanas no pudieron llegar a Torrelobatón, Valladolid quedó incomunicada, y los sitiadores de Medina de Pomar vencidos. El condestable y el joven Manrique de Lara, dejaron a un lado Palencia, que les hubiera retrasado, llegando a Medina de Rioseco con 4.000 soldados y la flor y nata de la nobleza.
Buscaban cercar al ejército de Padilla, el 22 de abril hicieron una demostración de fuerza con un desfile en las heras de Peñaflor. Todo empujaba a Padilla a la salida camino de Toro, pues no sería posible resistir muchos días en Torrelobatón. En la mañana del día 23, con muy mal tiempo y atenazados por el fantasma de la traición, salieron pegados al cauce del rio Hornija. Descubiertos por las escuchas realistas, pronto salió todo el ejército al mando del de Haro, pasaron de largo Torrelobatón. Padilla sobrepasó San Salvador, teniendo intención, un poco mas adelante, en Vega de Valdetronco, tomar camino hacia Toro.
Los nobles hicieron dos simulacros de ataque, y cuando Padilla intentó hacerles frente en condiciones ventajosas, la mayoría de los capitanes se opusieron, exceptuando a Bravo y Maldonado, poniendo sus esperanzas en el pueblo de Villalar. A kilometro y medio de esta población, en una llanura que desde entonces se llama Campo de los Caballeros, comenzaron los preparativos para la batalla. Los nobles tras rodear a los comuneros, dividieron sus tropas en dos secciones, una comandada por los señores atacaba desde Villalar, la otra a las ordenes de Pedro Velasco, desde las estribaciones del Gualdrafa.
En Villalar quedaron atrapados muchos de los fugitivos, allí quedaron en poder de los realistas Juan Bravo y Maldonado. Seguido de unos cuantos capitanes, Padilla se lanzó contra un grupo de soldados, derribando al señor de Valduerna, don Alonso de la Cueva le hirió en una pierna, pero fue reducido, momento que aprovechó don Juan de Ulloa, de Toro para darle una estocada en el rostro.
Todo había terminado con la deshonrosa huida de quienes defendían las libertades del pueblo. Tampoco fue un honor para los vencedores, por mucho que se empeñaran en llamarla batalla o por los muy alambicados informes que el Capitán General realista enviara a Carlos I. Lo cierto es que, allí murieron las libertades de Castilla. Lo veremos en la represión del emperador, en las recomendaciones del condestable a Carlos a fin de que tuviera siempre vigilado, cualquier movimiento en Castilla, en los consejos de Carlos I a su hijo Felipe II, en el castigo de este a la menor desobediencia de cualquier ciudad castellana y en la situación económica de la región, que individual y colectivamente tuvo que pagar la guerra.
Al día siguiente, 24 de abril de 1521, en el mismo Villalar, sin defensa, y tras una parodia de juicio a cargo del alcalde Cornejo, fueron decapitados los tres principales cabecillas: Padilla, Bravo y Maldonado; no Pedro Maldonado como se había determinado, sino Francisco, ya que Pedro era pariente directo del conde de Benavente. Comenzaba el juego de las influencias que seguiría en los posteriores procesos de la guerra civil castellana.
La desbandada de Villalar no suponía una total victoria, ni el sencillo allanamiento de Castilla. Los incidentes se produjeron con mayor o menor intensidad por varias ciudades, como Valladolid, Toledo, Madrid o Cuenca. A la vez se hallaba en marcha la represión. Los que antes pedían al emperador un perdón general, ahora eran partidarios de un gran escarmiento. Excluyeron del perdón a cuantos había intervenido en la detención del Consejo Real, habían impedido la salida de Valladolid al cardenal Adriano, se habían apoderado de doña Juana en Tordesillas y a los jefes que habían combatido en Villalar. Los condenados por los gobernadores desde el 24 de abril de 1521 al 16 de agosto de 1522 fueron: Padilla, Bravo, Maldonado, el licenciado Urrez, Pedro de Velasco, Alonso de Saravia, Diego Pacheco, y el licenciado Alonso del Rincón, a los que puede añadirse el zamorano Francisco Pardo, suicidado en la cárcel.
El 16 de agosto de 1522 regresaba a Castilla Carlos I, sin ningún interés de otorgar perdón alguno. Inmediatamente se encaminó a Palencia, donde, durante dos meses comenzó, bajo su dirección, la temida represión contra los comuneros. Olvidándose durante ese tiempos de cualquier otro negocio, y había muchos de gran importancia. En solo tres meses se pronunciaron más de cien condenas, quince de ellas ejecutadas. Algunos capitanes, para labrar su culpa, se alistaron en la defensa de Navarra, contra las acometidas francesas; fue un argumento positivo en el perdón de los gobernadores, pero no ante el monarca, pleno de venganza. En cuanto estos adivinaron lo irrefrenable, escaparon a Portugal. Fueron: Pedro Lasso de la Vega, Pedro Girón y María de Pacheco.
Entre los primeros ejecutados estaban los siete procuradores que estaban presos en el castillo de La Mota, tras la rendición de Tordesillas, fueron ahorcados en agosto de 1522 en la plaza de Medina del Campo. Tras estas ejecuciones el emperador dijo: “Esto basta ya, no se derrame mas sangre”, y no fue ejecutado sino el obispo de Zamora don Antonio de Acuña. Desde el 11 de noviembre de 1522, después del Perdón, hasta el 5 de junio de 1523, los tribunales condenaron a 43 comuneros más, entre estos estaban Lasso de la Vega y el bachiller Guadalajara.
Por tanto, el alzamiento de las Comunidades de Castilla, continúa siendo exponente válido, apuesta en esta región por unas libertades, no solo no obtenidas, sino perdidas durante siglos y aún no recuperadas. Castilla ha sido la gran victima del centralismo. El ideario político, económico, sociológico de antaño es un reflejo, en muchos casos, de cuanto hoy se quiere lograr. Todos los pueblos de España buscan su identidad, Castilla tiene sus propias características como pueblo.

Sería importante que nuestros políticos de hoy, no se queden en el romanticismo de una lucha, tan desacreditada por la peculiar historia escrita hasta ahora y sepan ahondar en los postulados políticos de aquellos hombres, sin detenerse en el espíritu de Villalar, un espíritu de derrota, sino adoptando el de Ávila, Tordesillas o Valladolid, lugares en donde se fraguó el profundo deseo de reforma de la Castilla derrumbada. Puede ser un aceptable exponente de convivencia entre todos los castellanos.

MARIANO FORTUNY MARSAL

Nacido en Reus, el 11 de junio de 1838. Nacido en el seno de una familia de tradición artesanal, muestra desde joven predisposición para ...