martes, 23 de enero de 2018

JUAN DE FLANDES: Santiago Peregrino

Realizado aproximadamente en 1507. Es un óleo sobre tabla, de 49 X 37 cm.

Representa a Santiago el Mayor como peregrino, con el báculo o bordón, en este caso sin la habitual calabaza para el agua. Lleva esclavina y sombrero mostrando sobre la frente la concha o vieira, símbolo distintivo de las peregrinaciones a Compostela, como la cruz griega y la palma lo eran de las que se dirigían a Jerusalén, y la doble llave y la Verónica, de las que se dirigían a Roma. Aunque el origen de la concha sigue siendo oscuro, una tradición tardía aseguraba que un jinete caído al mar fue salvado por el apóstol cubriendo su cuerpo con conchas. Es tal la importancia de la peregrinación a Compostela, que los atributos del peregrino llegan a contaminar las otras dos iconografías de Santiago el Mayor, como apóstol y como caballero, lo que explica la aparición en esta obra del libro, símbolo de la doctrina evangélica


JOSÉ SANTIAGO GARNELO Y ALDA: Bacante en reposo

JOSÉ SANTIAGO GARNELO Y ALDA

BACANTE EN REPOSO: Óleo sobre lienzo de 121 X 180 cm. Colección particular

CASTILLOS DE CASTILLA: Alcázar de Segovia

El Alcázar se asienta sobre una colina en la confluencia de los ríos Clamores y Eresma, lugar estratégico empleado por pueblos celtíberos y, posteriormente, por romanos y árabes. El primer documento referente a la fortaleza es del siglo XII, siendo rey Alfonso VII de Castilla y León, en la que se hace mención a un castro sobre el Eresma. En 1155 ya se le cita con el nombre de Alcázar (al Qasr).
Sin embargo, la construcción se atribuye al reinado de Alfonso VIII y su esposa Leonor de Plantagenet, cuando instalan su corte en el Alcázar, monarca que aportaría una decoración claramente hispano-musulmana de aspecto cisterciense. En la centuria siguiente Fernando III el Santo y Fernando X el Sabio realizaron ampliaciones, éste último convocó Cortes del Reino en los años 1258 y 1278. A Alfonso X el rey Sabio se le atribuyen varias leyendas, una de ellas es la que nos cuenta que habiendo establecido su observatorio astronómico en una de las torres, cayó un rayo sobre ella matando a varios sirvientes pero saliendo el rey ileso. El franciscano fray Antonio de Segovia atribuyó el hecho a un castigo divino por la soberbia del rey al efectuar unos comentarios que ponía en duda la perfección del orden celeste. "Si Dios me hubiera consultado, el mundo hubiera salido mejor”. El rey arrepentido se confesó ante el franciscano y como penitencia colocó un cordón en escayola de la orden de San Francisco en la sala que desde entonces recibe el nombre de Sala del Cordón. 

Enrique II Trastámara, hizo del Alcázar su corte casi permanente, de hecho según una leyenda, uno de sus hijos el infante Pedro Enríquez cayó desde la Sala de Reyes, al ama de cría que se encargaba del cuidado del infante, hijo natural, se le cayó cuando tenía pocos meses por una de las ventanas del Alcázar, desesperada la mujer se lanzó al vacío detrás del niño. Se sabe con certeza que esta leyenda es falsa pues en el momento de la muerte del infante en 1366 este debía tener doce años. El hijo y sucesor Juan I continuó con la corte en Segovia y convocó Cortes en 1383, 1386 y 1390.
El aspecto actual del Alcázar tiene lugar durante los reinados de Juan II y Enrique IV, ya en el siglo XV. Será con Enrique IV, cuando el Alcázar alcance su máximo esplendor. La sucesora de Enrique IV, Isabel I de Castilla pasó temporadas en el Alcázar, de hecho, de este castillo salió hacia la Iglesia de San Miguel de Segovia para ser coronada Reina de Castilla. Todavía en vida de de Isabel la Católica, el centro de poder se desplaza de Segovia. Carlos I (primera parte), Carlos I (segunda parte) se ve obligado a luchar contra los comuneros que se han refugiado en el Alcázar. Su hijo Felipe II (primera parte), Felipe II (segunda parte) se alojó en el Alcázar contrayendo matrimonio con Ana de Austria en la capilla del mismo, pero con el establecimiento de la capital en Madrid y la construcción del Monasterio del Escorial como Panteón Real y centro de la vida cortesana, el Alcázar cayó en el olvido de una manera paulatina. 

El rey Carlos III establece aquí el Colegio del Real Cuerpo de Artillería. Un incendio ocurrido el 6 de marzo de 1862 destrozo el castillo, la Academia de Artillería cambió de sede y el Alcázar quedó desocupado. En este incendio ardieron prácticamente todas las techumbres y artesonados de madera del Alcázar, pero gracias a las pinturas que en 1844 había realizado José María Avrial Flores pudieron ser reconstruidas en su integridad. Después del incendio se uso como Archivo General Militar, función que todavía cumple en la actualidad. En 1882 comenzó la restauración del edificio que se encontraba medio en ruinas y que se han prolongado hasta el último tercio del siglo XX. 
A lo largo de su historia ha sufrido diversos usos, muchos hechos históricos han ocurrido entre sus muros y muchos personajes importantes han paseado por sus salones: fue prisión de Estado y en él pasaron sus días algunos personajes ejecutados de la más alta alcurnia de Castilla; en el fue proclamada como reina de Castilla, Isabel I la Católica; en el Alcázar fue recibido por los reyes Isabel y Fernando, Cristóbal Colón; aquí se alojó Jorge Manrique, poeta autor del bello poema "Coplas de la muerte de mi padre"; y en este castillo contrajeron matrimonio el rey Felipe II con su cuarta esposa Ana de Austria en 1570.


Características

La entrada al Alcázar se realiza a través de un puente de piedra realizado en tiempos del rey Felipe II, que sustituía a uno de madera y levadizo, lo que facilitaba la defensa del Alcázar. Este puente salva un foso de 26 metros de profundidad, este foso en origen era natural, pero poco a poco se fue excavando y usando sus piedras como material de construcción del castillo. Sobre el dintel de la puerta podemos ver las armas del rey Felipe V de Borbón. Nada más traspasar la puerta nos encontramos con la torre de Juan II que domina todo el conjunto y es la más alta de todo el castillo. La entrada se dispone en una pequeña muralla que antecede a la torre de Juan II y cuya parte superior recibe el nombre de Galería de Moros, ya que según se dice por ella realizaba vigilancia la guardia mora del rey Enrique IV. 

En el interior, dos patios, el de Armas el más cercano a la torre de Juan II y el del reloj, más cercano a la Torre del Homenaje situado en el punto más lejano de la entrada. El patio de armas tiene su origen en el siglo XII-XIII aunque rehecho en el siglo XVI. En 1598 el arquitecto Francisco de Mora, discípulo de Juan de Herrera realizó una fuerte transformación en el aspecto exterior e interior del castillo. Al exterior destacan los tejados de pizarra y los chapiteles cónicos de las torres que le dan su configuración característica. Estos son obra de Gaspar de la Vega por encargo del rey Felipe II. 
En el lado opuesto a la Torre de Juan II encontramos la Torre del Homenaje y el patio conocido como del Reloj. Una escalera realizada por Francisco de Mora sube por el interior de la misma y lleva a las habitaciones superiores. Del mismo autor es la modificación del patio de armas, de su anterior estructura gótica por otra formada por dos cuerpos de arquerías superpuestas: la inferior de pilares y arcos de medio punto y la superior de pilares y arquitrabes. La Torre es de planta rectangular y de menor altura que la de Juan II, tiene cuatro estilizadas torres circulares en cada uno de sus ángulos y una torre semicircular adosada a la parte posterior. En los muros de la Torre del Homenaje se abren diversas ventanas geminadas y otras tantas semicirculares en las diversas torres auxiliares que la componen. 

El primer rey que efectuó obras en el interior del castillo fue Alfonso X el Sabio, amplió habitaciones y habilitó nuevos salones. Pero los reyes que más atención prestaron al Alcázar fueron los de la dinastía Trastámara y el rey Felipe II que le dio su actual configuración. Otro rey, Juan II levantó la torre principal que lleva su nombre y efectuó reformas en el interior del palacio. Su hijo Enrique IV enriqueció el interior de las habitaciones con la construcción de artesonados y el mejoramiento interior a base de elementos decorativos de gran lujo, pavimentos de alabastro, mobiliario, estucos, tapices, decoración con los escudos de Castilla y León y estatuas de los reyes que le precedieron. 
- Torre de Juan II. Levantada por el rey Juan II, es de planta rectangular y 80 metros de altura, se articula en tres cuerpos horizontales separados por líneas de imposta; el cuerpo superior es de mayor altura que los dos inferiores, se protege por almenas blasonadas con escudos de Castilla y doce torreones circulares denominados escaraguaitas con decoración de escamas en lugar de almenas. Encontramos cuatro torreones en los lados más anchos y dos en los lados cortos del rectángulo y son obra de Juan Guas. Los muros de la torre de Juan II se decoran con arabescos sobre el enlucido del muro y una serie de balcones-miradores góticos en el tercer cuerpo que logran mitigar en gran medida el aspecto militar de la torre. En los balcones se abren unas saeteras en forma de cruz. La torre de levantó sobre otra anterior, pero son Enrique IV e Isabel la Católica quienes coronaron la torre y le dieron su altura y forma actual. La subida se realiza por una escalera de caracol de 152 escalones.

Algunas de las salas de esta torre eran utilizadas como mazmorras, entre los prisioneros célebres destacan don Álvaro de Luna, válido del rey Juan II, ejecutado el 2 de junio de 1453 por orden Real; el conde de Treviño y don Francisco de Guzmán y Zuñiga, Marqués de Ayamonte, ejecutado el 12 de diciembre de 1648 por conspirar contra el Rey. En el frontal de la torre destaca una ventana de estilo almohade realizada en el siglo XIII recientemente restaurada.
- El Patio de armas de planta cuadrangular irregular, se encuentra porticado en tres de sus lados con dos alturas. La planta inferior con arcos de medio punto apoyados en pilares, mientras que el segundo piso se estructura en una galería adintelada apoyadas en pilares que soporta la techumbre. En el lado que no está porticado se puede adivinar la arquería románica del antiguo Alcázar. En el centro encontramos una gran fuente de taza realizada en una sola pieza. Este patio también conocido como Patio de Honor, ejerce de distribuidor principal al resto del palacio. 
- Sala de los ajimeces, también llamada Sala de los caballos o Sala del Palacio Viejo. Es una de las más antiguas del Alcázar, remontándose al siglo XII con el rey Alfonso VIII. Tiene su entrada desde el patio de armas y debe su nombre a las cuatro ventanas dobles o ajimeces que antes de las reformas efectuadas por Enrique IV recaían al exterior del Eresma. Esta sala es una de las correspondientes al primitivo Alcázar. Conserva algunos restos de pinturas mudéjares de color rojo sobre fondo blanco. Las ventanas que aquí se pueden encontrar son de las conocidas como festejadores pues en ellas se sentaban los prometidos a conversar. El espacio entre las ventanas se decora con un zócalo de azulejos de estilo mudéjar del siglo XIII procedente de una vivienda del barrio de las canongías de Segovia, y que fue colocado en este lugar durante las reformas de rehabilitación del palacio en el siglo XX. 
- Sala de la Chimenea, también conocida como Sala de Felipe II o del Consejo. Tiene su entrada por la Sala de Ajimeces, es una pequeña sala cuadrangular que servía de reunión del consejo y despacho. Una chimenea de granito permitía caldear la habitación de donde toma su nombre. El zócalo de la sala es de cerámica de Talavera. Esta sala procede de la ordenación palaciega realizada por Felipe II. 

- Sala del Trono o del Solio (trono con dosel). Esta sala, de planta cuadrangular corresponde a la ampliación realizada por Enrique IV de Trastámara en el siglo XV. Su actual configuración es un recreación que ha querido ser fiel a la forma que debió tener en tiempos de los Reyes Católicos. La sala se cubre con una cúpula octogonal mudéjar traída desde la Iglesia de Santa María de Urones de Castroponce (Valladolid), obra de Xadel Alcalde ya que la original del Alcázar ardió en 1862. Era también obra de Xadel Alcalde, realizada en 1456 en tiempos de Enrique IV. En el muro se alza un estrado simulando el trono o solio de los Reyes Católicos con su gran escudo y la divisa "Tanto monta". En una de sus ventanas podemos ver un vidriera realizada por Carlos Muñoz de Pablos en el siglo XX representando a Enrique IV a caballo. La sillas de madera son regalo del rey Alfonso XII. El friso decorativo bajo la techumbre, es el original en yeso, en el se podía leer una inscripción que decía: “Esta cuadra mandó faser el muy alto e muy poderoso ilustre señor el rrey don Enrique el quarto, la qual se acabó de obrar en el anno del nascimiento de nuestro señor Jesu Cxpto, de mili e quatrocientos e cinquenta e seis annos, estando el señor rrey en la guerra de los moros, quando gano á Ximena, la qual obra fiso por su mandado Francisco de Ávila mayordomo de la obra, seyendo alcaide Pero de Muncharas criado del rrey, la qual obra ordenó e obró maestro Xadel Alcalde”.

- Otra sala es la conocida como La Galera o de los Embajadores, conocida con este nombre por el artesonado que fue pasto de las llamas en 1862 y que recordaba el casco de un buque invertido. Es una gran sala rectangular, en la que esperaban los embajadores a ser recibidos por el rey y también era usada como salón de ceremonias y antesala del Trono. Fue mandada construir en 1412 por Catalina de Lancaster, esposa de Enrique III el Doliente  mientras era menor de edad su hijo Juan II. Al ser una ampliación, el muro izquierdo conserva el esgrafiado que decora el exterior de todo el palacio ya que con anterioridad este muro daba al exterior del acantilado. Destaca un gran mural realizado en la década de los ochenta del siglo XX, que representa la coronación de la reina Isabel la Católica el 13 de diciembre de 1474. La coronación de Isabel I tuvo lugar en la Iglesia de San Miguel de Segovia; y salió de este Alcázar para ser coronada. Abierto en el muro formando parte de la pintura mural una puerta comunica con la Sala de Piñas. El mural es obra del pintor segoviano Carlos Muñoz de Pablos, quien además fue el encargado de realizar la mayoría de las vidrieras que decoran las ventanas. 
De las dos vidrieras de esta sala, una representa al rey Enrique III el Doliente con su esposa Catalina de Lancaster a quien se le debe la construcción de esta sala. En otra vidriera vemos en el centro a Enrique II y a ambos lados: el asesinato de Pedro I el Cruel por parte de su hermanastro Enrique II, y la muerte del hijo de Enrique II a consecuencia de una caída de caballo. Las vidrieras están basadas en miniaturas realizadas por Hernando de Ávila en el siglo XVI, cuyos originales se conservan en el Monasterio del Escorial. La techumbre es de principios del siglo XX pero es copia exacta de la original que desapareció en el incendio de 1862. Por debajo de la techumbre corre un gran friso mudéjar formado por tres líneas, la central adornada con un grupo de figuras geométricas y escudos heráldicos, la línea inferior recoge una plegaria y letanía en latín y la línea superior tiene una leyenda en castellano antiguo que dice: “Esta obra mandó faser la muy esclarecida Señora rreyna dona Catalina [de Lancáster], tutora rregidora madre del muy alto é muy noble esclarecido Señor rrey don Juhan [II] que Dios mantenga e dexe vevir e rreynar por muchos tiempos e buenos, amen. E fisola faser por mandado de la dicha Señora rreyna Diego Fernandes, vecero de Arebalo vasallo de dicho Señor rrey. Acabóse esta dicha obra en el anno del nascimiento de nuestro Señor Jehu Xro. de mili quatrocientos e doce annos. En el nombre del Padre e del Fillio e del Espíritu Sancto, amen. Señor Jehu Cpo, lo protesto delante de la vuestra Sanctisima magestat que en este día e por siempre jamás yo quiero vevir e morir en la vuestra sancta Fe Católica, amen. Reparólo el rrey don Phelipe Z, anno de 1592”.

- Sala de las Piñas, debe su nombre al artesonado que cubre la sala ya que este se encuentra decorada con 392 piñas doradas que cuelgan de la techumbre. Un friso de yesería mudéjar dice: "Esta Cámara mando faser el muy alto e muy poderoso esclarecido Principe don Enrrique [después Enrique IV] filio primogénito del muy alto e muy poderoso esclarecido Principe e Señor el rey don Juhan de Castilla e de León el segundo. La qual se acabo de obrar en el mes de noviembre del anno del nuestro Señor Jehu Xpo. de mili e CCCC e L e í annos". En esta sala encontramos una vidriera de Carlos Muñoz de Pablos representando al rey Alfonso VIII montado a caballo y detrás a su hija Berenguela.
- Alcoba del rey. Esta pequeña sala ofrece una recreación de lo que fue la alcoba del rey Juan II. Una cama del siglo XVI con dosel nos retrotrae a la época medieval. Una puerta con arco apuntado decorada con yeserías permite la comunicación entre esta sala y la Sala de Ajimeces. Las dos puertas que tiene son reproducciones neo-mudéjares del siglo XIX tomadas como modelo del Palacio Real de Enrique IV en el barrio de San Martín de la ciudad de Segovia. 
- Sala de los Reyes. Toma su nombre de la serie de reyes españoles que decora la sala en su parte alta. Fue comenzada en tiempos del rey Alfonso X el Sabio, aunque su configuración definitiva y su terminación fue en 1596 con el rey Felipe II. Cuatro ventanas iluminan su interior. También en esta sala se conservaba la sarga pintada con escenas de la batalla de Higueruela y que sirvió de modelo para pintar el fresco que hoy día puede verse en la sala de las batallas del Monasterio del Escorial. En la actualidad esta sarga se ha perdido sin saber exactamente que fue de ella. 

La sala se cubre con un artesonado a base de hexágonos y rombos con una gran piña central. Por debajo del artesonado corre un friso formado por cincuenta y dos tallas policromadas de los reyes astures, leoneses y castellanos-leoneses desde Pelayo hasta Juana la Loca. Todas las figuras aparecen en posición sedente, todas bajo doseletes dorados rematados por blasones reales. Los reyes aparecen con su nombre, los atributos por los que son conocidos y bajo ellos una pequeña biografía de los mismos. En cuatro nichos abiertos en el muro sobre las puertas, encontramos las figuras de Fernán González, El Cid Campeador, Fernando VI y a Enrique de Borgoña. El friso es obra de primeros del siglo XX aunque es copia fiel del original. El balcón central de la Sala muestra una cruz que rememora un suceso del que los siglos han cuajado dos versiones. La más legendaria cuenta que, estando el infante D. Pedro de Castilla, hijo de Enrique II, en el balcón en brazos de su aya, resbaló y cayó al vacío, el aya, atemorizada, se lanzó tras el niño. La versión histórica apunta que el infante, de 12 años, cayó mientras jugaba a la pelota con sus amigos. 
- Patio del Reloj. Es el segundo patio alrededor del cual se articulan todas las dependencias del Alcázar. Recibe su nombre por el reloj solar que podemos encontrar en uno de sus lados. Sobre la puerta que accede a la escalera que sube a la Torre del Homenaje podemos ver el escudo imperial de Carlos I, traído desde las ya desaparecidas murallas de Segovia. Por el interior de los muros de este patio podemos ver el característico esgrafiado segoviano con manchas negras que no son más que escorias de hierros utilizados en la construcción del edificio. 
- Capilla. Desde el patio del reloj se accede a la antecapilla y desde esta a la capilla que se encuentra protegida por una reja de hierro renacentista salida del taller de Cristóbal de Andino (siglo XVI). Se cubre por una techumbre mudéjar de finales del siglo XV traída a principios del siglo XX desde Cedillo de la Torre (Segovia). Aquí se casaron Felipe II y su cuarta esposa Ana de Austria. El Retablo Mayor de la capilla pertenece a la escuela castellana del siglo XVI y dispone de 17 tablas con escenas del Antiguo Testamento. En el centro una talla de Santa Bárbara, patrona de los artilleros. 
- Sala del cordón, es una sala estrecha pero muy alargada. Para llegar a ella hay que pasar por una antesala que recibe el nombre de Camarín de la Reina o Tocador de la Reina. Se cree que desde este camarín se inició el incendio que devastó el palacio en 1862. El nombre del cordón le viene porque la sala estaba adornada con doce cordones de San Francisco de Asís que alternando con los blasones reales decoraban los muros de la sala. Esta sala era usada como despacho de los Reyes en su actividad diaria. La decoración del cordón fue mandada hacer por el rey Alfonso X el Sabio. La techumbre es de principios del siglo XX copia fiel de la original realizada como nos dice la inscripción en 1458 por el rey Enrique IV. Esta cubierta recuerda el cielo estrellado de la noche segoviana. 

El techo está dividido en 39 cuarteles, entrecruzada por arquillos dorados formando una especie de doseletes colgantes. Un friso formado por trece blasones dorados con las armas de Castilla y León. Bajo el mismo otro friso en forma de yeserías doradas y pintadas con formas zoomorfas. En un nivel inferior una inscripción dice: "Esta obra mando faser el muy alto i muy poderoso esclarecido señor el rrey D. Enrrique quarto al qual Dios todo poderoso dexe vevir é rreynar por muchos tiempos é buenos. La qual se acabó de obrar en el anno del nascimiento del nuestro Sr. Jehu Xpo, de mili e quatrocientos e cincuenta e ocho annos. La qual fiso por su mandado Francisco Arias rregidor de Segovia su Mayordomo de las dichas obras e seyendo su alcayde en los Alcázares Pero rruiz de Muncharas Camarero de su Senoria"
- Torre del Homenaje. Construida en el siglo XIII y remodelada por Felipe II, de planta prismática, dispone de algunas torrecillas adosadas a su estructura. Situada en el extremo opuesto a la Torre de Juan II, domina esta sobre el Patio del Pozo, también conocido como Patio de los Reyes o Terraza de los Reyes y también sobre el Patio del Reloj. El nombre de patio del pozo lo tiene porque debajo del brocal se sitúa el aljibe que almacenaba el agua en caso de asedio y además en este lugar finaliza el recorrido del acueducto romano. Una de las salas se ha habilitado como Armería o Sala de Armas, destacan por su gran vistosidad las armaduras tanto de caballeros como de caballerías, aunque hay que hacer notar que este tipo de armaduras no eran de guerra, ya que solo se usaban en justas y torneos. Esta sala siempre ha cumplido el papel de Sala de Armas. 

Una torre semicircular se adosa a la parte posterior de la Torre del Homenaje; en ella se guardaba el tesoro de la corona de los reyes castellanos-leoneses. La entrada actualmente está protegida por una reja de ventana de estilo románico del siglo XII traída desde una vivienda particular de Segovia. A los pies de la Torre del Homenaje en su parte externa, encontramos un pequeño jardín de estilo almohade, diseñado de Herranz Cano. Desde este punto podemos alcanzar el garitón de proa, punto más lejano del Alcázar. También, un alargado paso de ronda almenado acaba en una pequeña torrecilla con chapitel de pizarra que recibe el nombre de torre albarrana. 

LOS REINOS DE TAIFAS-La Taifa de Valencia

Uno de los primeros actos que realizó Muhammad II al-Mahdí, después de dar el golpe de estado contra Hisham II en 1009, fue el de expulsar de Córdoba, a los saqalibas, antiguos esclavos eslavos que habían ocupado altos puestos en la Administración y en la milicia, con una mayoría de los llamados “amiríes”, clientes de Almanzor y de sus hijos. Para sobrevivir, los saqalibas tuvieron que refugiarse en diferentes lugares de al-Andalus, aunque mayoritariamente lo hicieron en la zona de Levante (Xarq), donde consiguieron constituir algunos reinos de taifas. Uno de ellos fue el de Valencia, que seguramente fue creado por un grupo de eslavos hasta que se destacaron dos de ellos, Mubarak y Muzaffar.
Muzaffar y Mubarak, fueron los primeros régulos del reino taifa de Valencia y gobernaron conjuntamente. De niños fueron esclavizados, en la Europa oriental, y llevados a Córdoba donde entraron al servicio de otro eslavo liberto muy encumbrado en la ciudad palatina de Almanzor. Gracias a éste, progresaron en la Administración. En 1010, ya libertos, se dieron a conocer por tener que defenderse de la acusación de irregularidades en la administración de los regadíos de las huertas de Valencia, que ellos supervisaban. Poco más tarde los encontramos ejerciendo como régulos en Valencia y adoptando varias medidas para consolidar su posición, como la de acoger a numerosos refugiados saqalibas que huían de la guerra civil en Córdoba (fitna), reforzar las murallas de la ciudad y enriquecerse con altísimos impuestos que provocaron el descontento y la emigración de muchos valencianos.
En los primeros años de sus reinados, ayudaron a Labib, régulo del reino taifa de Tortosa, a recuperar su trono del que le había expulsado Mundir al-Mansur de Zaragoza, cuando se apoderó de la ciudad. Parece que Mubarak llevó el peso del gobierno aunque mantenía una gran armonía con Muzaffar, con el que compartía residencia en el mismo palacio. Mubarak murió en un accidente mientras montaba a caballo y Muzaffar, que tenía fama de poseer virtudes caballerescas, murió algo más tarde entre 1017 y 1019, al parecer como consecuencia del asalto de los valencianos al palacio.
Labib de Tortosa y Muyahid de Denia,  fueron los siguientes régulos de Valencia. Al primero, los valencianos le ofrecieron el reino directamente, y éste lo asoció a Muyahid, régulo de Denia. En un principio gobernaron conjuntamente, pero las diferencias entre ellos hicieron que Labib abandonara Valencia y regresara a Tortosa, quedando Muyahid como único régulo. Pero en 1021, los eslavos se sublevaron, y después de destronarlo, nombraron soberano a Abd al-Aziz.
Abd al-Aziz al-Mutamin, hijo de “Sanchuelo” y nieto de Almanzor, puso fin al poder eslavo en Valencia e inició la dinastía árabe amirí, los descendientes de Almanzor. Tenía unos quince años cuando fue entronizado régulo de Valencia, y hasta entonces había vivido refugiado en el reino taifa de Zaragoza. Los valencianos se sometieron fácilmente a su poder debido a la moderación de su gobierno y a que se había desligado del apoyo de los eslavos para buscarlo en otros sectores de la sociedad valenciana, hecho que le reprocharon los que lo habían encumbrado.
Reconoció al califa de Córdoba al-Qasim ben Hammud, que lo confirmó en su puesto y le dio los títulos honoríficos de du l-sabiqatayn y al-Mutamin. Poco después tomaría el título de al-Mansur. Más tarde, como otros muchos régulos, reconoció al pretendido califa Hisham II, patrocinado por el régulo de Sevilla Muhammad ben Abbad.
En 1038 murió Zuhayr, régulo de Murcia y Almería, y aunque Abd al-Aziz había guerreado contra aquellas taifas, los almerienses lo llamaron para que se hiciera cargo de los ambos reinos. Abd al-Aziz entró en Almería y colocó como gobernador a su cuñado y visir Abú l-Ahwas Man ben Sumadih, que compartió el gobierno con su hermano Abú Utba. En un principio, tuvo buenas relaciones con Muyahid, régulo de Denia, pero más tarde aquellas se deterioraron y Muyahid invadió Orihuela, Elche y algunas tierras de Murcia. También contra Abd al-Aziz se alzaron Lorca, Játiva y Jódar. Aunque el valenciano recuperó rápidamente Játiva, la guerra contra Muyahid fue desastrosa para la taifa de Valencia que quedó reducida a algo más que la ciudad y a unos pocos territorios y castillos casi autónomos. Gracias a que Muyahid casó estratégicamente a sus hijas con los reyes de Valencia, Zaragoza y Sevilla, la guerra terminó en 1041. Al año siguiente, la dependencia de Murcia con respecto a Valencia sólo fue nominal.
Entre 1042 y 1044, el gobernador Ibn Sumadih puesto por Abd al-Aziz, independizó Almería de Valencia. Abd al-Aziz reforzó las murallas de Valencia, y a él se debe la construcción de una almunia (finca de recreo) con palacios, jardines y estanques de gran lujo inspirado en modelos orientales. Todo ello para reafirmar su poder. Murió en 1061, dejando como heredero a su hijo Abd al-Malik.
Abd al-Malik Nizam al-Dawla, fue el segundo régulo de la dinastía amirí y tomó el título honorífico de Nizam al-Dawla (el orden del Estado). Era un hombre de carácter débil y sin ninguna cualidad para gobernar, por lo que todo el poder fue acaparado por el poderoso visir Muhammad ben Abd al-Aziz ben Rubas, que ya lo fue con su padre. En 1065, el castellano-leonés Fernando I atacó la taifa de Valencia venciendo en Paterna, pero tuvo que retirarse al sentirse enfermo. Abd al-Malik Nizam al-Dawla, que estaba casado con una hija de al-Mamun de Toledo, fue ayudado por su suegro que le envió tropas. A continuación, no se sabe con certeza la causa, al-Mamun se apoderó de Valencia de forma pacífica mediante un ardid y recluyó a Abd al-Malik en Cuenca o en Uclés.
Yahya ben Ismail ben Abd al-Rahman ben Di l-Nun al-Mamun, régulo de Toledo, se anexionó el reino Taifa de Valencia. Para gobernarlo en su nombre, nombró al anterior visir valenciano Ibn Abd al-Aziz ben Rubas, que lo hizo durante diez años hasta la muerte de al-Mamun en 1075.
Abú Bakr ben Abd al-Aziz, hijo de Abd al-Aziz, fue entronizado en Valencia por los amiríes cuando en Toledo subió al trono al-Qadir, nieto de al-Mamun. Para consolidarse en su trono, encarceló, a pesar de su buen gobierno, a Ibn Abd al-Aziz ben Rubas. No adoptó ningún título honorífico, seguramente para no provocar al toledano. En 1076 tuvo que aceptar el vasallaje a al-Muqtadir de Zaragoza ante el acoso del zaragozano. En 1081, los habitantes de Ateca, Terrer y Calatayud del reino taifa de Zaragoza, casi autónomos de su régulo, pidieron la ayuda de Abú Bakr ante los ataque de “el Cid”. Las tropas que envió el valenciano fueron vencidas por el castellano.
En 1084 tuvo que hacer frente a la primera aparición del Cid en tierras valencianas. Ello motivó la necesidad de consolidar su dinastía mediante una política de alianzas con los reinos cercanos. Así, en enero de 1085, casó a una de sus hijas con Ahmad al-Mustain, hijo de al-Mutamin de Zaragoza. Abú Bakr murió en junio de 1085.
Utman ben Abú Bakr, era hijo de Abú Bakr y se alzó con la sucesión en pugna con un hermano, siendo entronizado el mismo día de la muerte de su padre. Solamente pudo mantenerse en el poder durante nueve meses, ya que fue destronado por los valencianos que entregaron la taifa, por temor a Alfonso VI, a al-Qadir, que había sido régulo de Toledo. Éste se presentó en Valencia con tropas del rey castellano-leonés mandadas por Álvar Fáñez.
Yahya ben Ismail ben Yahya al-Qadir, había sido régulo del reino taifa de Toledo desde 1075 a 1085, hasta que acordó con Alfonso VI el abandono de aquél reino a cambio del de Valencia. La situación de al-Qadir, una vez instalado en el trono valenciano, fue muy inestable. Ésta se puso de manifiesto en 1086 cuando intentó doblegar al señor de la plaza de Játiva, que no lo reconocía. Mundir ben al-Muqtadir, régulo de Lérida, Tortosa y Denia, para apoyar al de Játiva, se presentó ante las murallas de Valencia obligando a al-Qadir a encerrarse en la ciudad. Los valencianos protestaron por la presencia de las fuerzas cristianas que lo sostenían y por la fuerte presión fiscal que era necesaria para pagar a dichas fuerzas. Personajes que lo habían aceptado sin entusiasmo, comenzaron a distanciarse de él. Uno de ellos fue su visir Abú Isá Lubbun, que se retiró a Murviedro (Sagunto) y allí, más tarde, se independizó.
La situación de al-Qadir empeoró cuando las tropas de Álvar Fáñez tuvieron que salir de Valencia para unirse al ejército que estaba reuniendo Alfonso VI en Toledo para hacer frente a los almorávides, que habían desembarcado en Algeciras y que con las tropas de las taifas se dirigían hacia Badajoz. El enfrentamiento se produjo en octubre de 1086 en Sagrajas/Zallaqa y el ejército de Alfonso VI fue derrotado. Este hecho estimuló el deseo de algunos régulos de reinos vecinos de apoderarse de Valencia.
En 1087, Mundir ben al-Muqtadir fue uno de ellos. Se presentó de nuevo ante las murallas de Valencia reforzado con efectivos del condado de Barcelona. Al-Qadir pidió ayuda de al-Mustain de Zaragoza y a Alfonso VI. Ambos respondieron enviando tropas. Las castellanas-leonesas estaban comandadas por el Cid. Juntos repelieron el ataque. Al-Mustain reclamó sus derechos al trono de Valencia pero el Cid, que tenía encomendada por Alfonso VI la misión de sostener a al-Qadir, se los negó. Después, seguramente por llamamiento del rey, el Cid tuvo que ausentarse unos meses de Valencia.
El 1088, Alfonso VI desterró por segunda vez al Cid por no haber acudido en su ayuda para levantar el cerco que los almorávides, que habían desembarcado por segunda vez, realizaban sobre Aledo en la taifa de Murcia, y que no consiguieron tomar en aquella ocasión. A partir de aquel momento, el Cid comenzó a actuar como un caudillo independiente y se dedicó a hacer correrías por todo el territorio de Levante que le reportaron grandes beneficios en tributos, siendo los más cuantiosos los de Valencia, ciudad que dominaba de facto a través de un visir que hizo nombrar.
Finalmente, fue la presión de los almorávides la que determinó el destino de al-Qadir. El cadí árabe Abú Ahmad Yafar ben Abd Allah ben Yahhaf, que encabezaba la facción de los descontentos con al-Qadir, escribió al cadí almorávide de Murcia ofreciéndole Valencia. Aprovechando la entrada en Valencia de tropas almorávides enviadas por el cadí, hubo un levantamiento que acabó con la vida de al-Qadir en octubre de 1092.
Ibn Yahhaf, fue proclamado al día siguiente y adoptó una pompa real, aunque guardó las formas para no indisponer al emir almorávide. No adoptó ningún título honorífico ni acuño moneda. En aquel año de 1092, Alfonso VI intentó tomar Valencia con la ayuda de las flotas de Pisa y Génova; al no conseguirlo, dejó el campo libre al Cid que inició su guerra contra Valencia. Primero se apostó en El Puig, a muy pocos kilómetros de la capital, y en noviembre de aquel año comenzó el asedio. En 1093, los valencianos consintieron en expulsar a la pequeña guarnición almorávide, volver a pagar tributos y abrir las puertas, pero reconociendo el Cid el gobierno de Ibn Yahhaf. Pero una facción partidaria de los almorávides volvió a sublevarse y cerró las puertas de la ciudad. Después de un nuevo asedio que duró veinte meses, el Cid entró en Valencia en junio de 1094.

Así terminó el poder musulmán en la taifa de Valencia y comenzó el cristiano que duró hasta 1102, cuando fue evacuada por las gentes del Cid, muerto en 1099, para ser ocupada por los almorávides.

BOEING B-52 Stratofortress

El Boeing B-52 Stratofortress es un bombardero estratégico, en servicio en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) desde 1955. Es el sucesor del Convair B-36 Peacemaker. 
El B-52 del Air Combat Command (ACC) es un bombardero pesado de largo alcance que puede efectuar una gran variedad de misiones, es capaz de volar a altas velocidades subsónicas a cotas de hasta 15 km. Puede llevar armas nucleares, armas guiadas de precisión, o servir de plataforma de misiles ALCM y ACM, entre otros. En un conflicto convencional, el B-52 puede llevar a cabo ataques estratégicos, interdicción aérea, operaciones marítimas y ofensivas aéreas.

Durante la Operación Tormenta del Desierto los B-52 llevaron el 40 % de todas las bombas que la coalición utilizó. Es altamente efectivo cuando se usa para vigilancia marítima, pudiendo asistir a la marina en operaciones anti-buque o colocación de minas. Dos B-52 en dos horas pueden monitorizar hasta 364.000 km2 de océano.


Fueron construidos un total de 744 B-52 hasta el último modelo H, que fue entregado en 1962. Actualmente sólo se encuentra operativo el modelo H, y está asignado al Air Combat Command y a la Reserva de la Fuerza Aérea. El modelo más viejo de B-52 es un B-52B que opera con la NASA construido en 1955 que paradójicamente es el que menos horas de vuelo tiene y que sirve como vector de drones y aviones en el Dryden Flight Research Center. El 30 de julio de 2001 el centro recibió un B-52H que pretende reemplazar al viejo modelo B para finales del 2004.

El primero de 102 B-52 del modelo H fue entregado al SAC (Strategic Air Command) en mayo de 1961. El modelo H puede llevar hasta 20 misiles de crucero. Además, puede llevar el misil de crucero convencional que fue lanzado durante los años 90 en multitud de campañas, empezando por la Operación Tormenta del Desierto y terminando por la Operación Fuerza Aliada.

Por la firma de los tratados SALT (Strategic Arms Limitations Treaty) la flota de B-52 se fue reduciendo, ya que el mencionado tratado limitaba a las potencias enfrentadas (EE.UU y Unión Soviética) a un máximo de 190 bombarderos estratégicos. Y siendo el más numeroso en el inventario de la USAF el BUFF fue quien mas sintió esta reducción, pero aun así, para comienzos del año 1997 las necesidades fueron establecidas en un total 71 bombarderos B-52, cantidad que para 2002, fue aumentada en 5 ejemplares mas, por una serie de accidentes acontecidos en la flota de B-1.


Un análisis posterior del listado de aviones disponibles y requeridos del poder Aéreo de largo Alcance, sugirió que la cifra compuesta por: 90 B-1, 21 B-2 y 76 B-52, no podía ser sostenida a largo plazo por la cantidad de horas consumidas del ciclo de vida útil de los aviones, obligando a tomar una serie de medidas garantizar a partir de 2004, tener codificados para el combate unos 130 aviones de los tres modelos, de los cuales 44 serian B-52.

Al analizar el principal limitador de la vida útil de los aviones, nos encontramos que la fatiga de los materiales es la principal causa de esto, siendo para el caso del B-52: Fuselaje: 42.000 a 47.600 horas de vuelo, deriva vertical: 150.000 horas de vuelo. Por solo nombrar dos ejemplos; pero el principal problema o el que menos duración en horas de vuelo tiene y por consiguiente dará la limite en los periodos de utilización, es el forro inferior de las alas, que llega a lo sumo a 37.500 horas de vuelo. Y de acuerdo a estos valores y con la tasa de uso prevista, la vida en servicio se puede asumir que para 2044, unos 84 años después de haber entrado en servicio, se comenzaran a tener varios problemas para mantener la cifra de 62 aviones en forma disponible. E indudablemente será el comienzo de fin, si es que para esos años ya la USAF no esta ya inmersa en el reemplazo de este legendario bombardero. Pese a esto podemos asegurar hoy, que para 2050, 90 años después de su primer vuelo, aun habrá B-52 en vuelo.


La triada de bombarderos de la USAF ha sido obligada a realizar un programa de modernización estructurados en tres etapas, 2000-10, 2006-15 y de 2015 en adelante. En el marco de estas los B-52 recibirán el link-16 que le permitirá al avión compartir información de una red de usuarios y sistemas tácticos, recibir información en tiempo real de información táctica digitalizada y disponer de una imagen del entorno del campo de batalla en tiempo real. Además mejorar la fiabilidad y el mantenimiento de los aviones, al instalar un nuevo CDU o unidad de control y presentación.


Se avanzó en la mejora de los sistemas de aviónica ofensiva de los B-52H además del sistema de navegación inercial, siendo elegido el SNU-84. Pero a pesar de lo avanzado que es hoy la aviónica de EE.UU, al tratarse de una plataforma concebida en los 60, por ejemplo los procesadores equivalentes a una Comodote 64, solo se pueden cambiar por algo equivalente a lo que seria una Pentium II, aunque de arquitectura abierta que flexibilicen futuras mejoras.


Se le incorpora o se le ha hecho ya, el bus de datos MIL-STD-1760 en la bodega de armas y así ampliar la capacidad de llevar armas inteligentes que hoy esta solo en los pilones de las alas, en 20 unidades de JDAM, JSOW y JASSM.

lunes, 22 de enero de 2018

JOSE SANTIAGO GARNELO Y ALDA: Alfonso XIII

Alfonso XIII, con uniforme de capitán general de Artillería. Pintado en 1906 de 176 X 116 cm. Sobre el uniforme ostenta el Toisón de Oro, un pasador con condecoraciones y las cruces de las cuatro órdenes de caballería españolas: Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Al fondo, el Alcázar de Segovia, sede de la Academia de Artillería, destino para el que probablemente se pintase este retrato. Museo Nacional del Prado.

JOAQUIN AGRASOT JUAN: Valenciana Cortando Flores

JOAQUIN AGRASOT JUAN
VALENCIANA CORTANDO FLORES: Acuarela de 30X52 cms 

En Colección Particular.

Boeing B29A Superfortress

Sin duda, este avión  es el máximo representante del poderío industrial norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial. Sus innovaciones tecnológicas lo convirtieron en uno de los símbolos de la capacidad como arma disuasoria ante los nuevos enemigos al otro lado del Telón de Acero.

Su historia comienza en 1937 con el primer vuelo del proyecto XB-15, designado por la Boeing como modelo 294, siendo el avión más pesado construido hasta entonces en los Estados Unidos. Este cuatrimotor había sido solicitado por la USAAC, como bombardero estratégico, con un alcance superior a los 8.000 kilómetros y que pudiera cargar como mínimo 900 kilos de bombas. El proyecto XB-15 se quedó atascado, pues en aquella época no existían motores adecuados, y su velocidad máxima solo alcanzaba 312 kilómetros por hora, por todo insuficientes.

El presidente Franklin Delano Roosevelt, decidió reforzar el arma aérea norteamericana. Ello supuso el espaldarazo para la construcción del B-29. El Cuerpo Aéreo del Ejército (USAAC), tras recabar información de los analistas militares, decidió seleccionar a Boeing y a Lockheed, aunque posteriormente Lockheed se retiró del proyecto y la Consolidated recibió también el mismo encargo. El B-29, a pesar de todo, cuajó como un gran avión. Boeing había propuesto un enorme cuatrimotor completamente metálico, con una envergadura de 43 metros y casi 29 de longitud, capaz de volar a más de 600 kilómetros por hora a 7.600 metros y de transportar 900 kilos de bombas a 8.000 kilómetros de distancia. Estaría defendido por diez ametralladoras de 12.7 mm en cinco posiciones más un cañón de 20 mm en la cola. La USAAC aprobó el proyecto, siendo designado como XB-29. Los ingenieros de la Boeing aumentaron la superficie alar del avión a 161 metros cuadrados, necesitando unos enormes flaps para hacer más lentos y manejables los aterrizajes. La presurización era otro de los grandes argumentos técnicos del avión, los ingenieros delimitaron dos grandes zonas presurizadas en el morro y la cola del avión, interconectadas por un angosto tubo para poder pasar de un lado a otro.

El armamento defensivo era muy novedoso, yo diría que casi revolucionario en su época. Diseñado por General Electric, el sistema consistía en un computador analógico que corregía alcance, altitud, temperatura y velocidad del aire y permitía a cualquiera de los artilleros disparar más de una de las cinco torretas motorizadas y con ametralladoras Browning M2 de 12.7 mm. También aportaría mayor precisión el sistema de navegación y bombardeo por radar a bordo del avión, diseñado por Bell Laboratories, Western Electric y el Instituto de Tecnología de Massachusetts, y denominado AN/APQ-13, e incluso el nuevo sistema de aire comprimido para la apertura y cierre rápido de las compuertas para no reducir las prestaciones del avión en el mismo instante del bombardeo. Como vemos, soluciones tecnológicas revolucionarias.


Los motores estuvieron a punto de acabar con todo el programa. Para mover las 45 toneladas de peso bruto del nuevo avión, harían falta unos propulsores mucho más potentes que  lo que hasta ahora se había utilizado. Boeing seleccionó los enormes radiales de 18 cilindros en doble anillo Wright  R-3350 Dúplex-Cyclone, este motor empezó produciendo 1.500 Hp para, con la ayuda de dos turbosobrealimentadores, ser capaz de desarrollar 2.200. Los motores con una magnífica relación peso/potencia, estaban construidos en parte con magnesio, pero se sobrecalentaban excesivamente y provocaban graves fracturas estructurales en las alas. Como metal combustible, el magnesio arde con facilidad. Tras muchas pruebas, se comprobó que el sobrecalentamiento procedía de las válvulas de escape del anillo posterior de cilindros, por lo que se efectuaron varias modificaciones, consistentes en unos nuevos deflectores de aire frío, recorte de las aletas superiores y rediseño del caudal de aceite lubricante a dichas válvulas.

La Boeing tuvo que ingeniárselas para poder satisfacer la demanda de la USAAF. Y lo hizo de la misma forma que había repartido el trabajo con la construcción del B-17. Tres contratistas –Fisher División de la General Motors, Bell Aircraft Corporation y North American Aviation– fueron los encargados de suministrar componentes y subconjuntos completos del futuro bombardero. Las distintas secciones del gran avión eran montadas en cuatro plantas Boeing: Renton, Omaha, Wichita y Marietta. El día 11 de septiembre de 1942, con el jefe de pilotos de Boeing, Edmund T. Allen, a los mandos, el prototipo se fue al aire de Seattle.

Se creó la XX Fuerza Aérea, al mando del General Kenneth B. Wolfe y su primera ala, la 58ª. Las primeras tripulaciones empezaron a ser entrenadas en aquel nuevo y complicado monstruo en el aeródromo de Smoky Hill, en Salina (Kansas). Se estableció como fecha de inicio operativo el 1 de marzo de 1944: para entonces, se esperaba contar con 150 superfortalezas y 300 tripulaciones listas para el combate.

En un principio, el B-29 iba a operar en Europa, pero al calcular que hasta 1944 no podrían estar plenamente operativos, se desistió de esa idea. A finales de 1943 las tropas del Eje se encontraban en decadencia y el Estado Mayor Conjunto Aliado (SHAEF) decidió que el objetivo de las flotas de B-17 Flying Fortress y B-24 Liberator  serían suficientes para completar el trabajo encomendado. Por tanto, el objetivo de los nuevos superbombarderos iba a ser Japón. Los aviones se trasladaron a China, a una base construida exprofeso en Chengdu. Los suministros, el combustible, los repuestos, las municiones y las tripulaciones se remitían desde bases en la India, en bases construidas por los británicos y adecuadas para la nueva misión, en zonas cercanas a Calcuta, sobrevolando el Himalaya (denominado “cruzar la joroba”). El 26 de marzo de 1944, despegaron desde Wichita las primeras once Superfortalezas, rumbo a Calcuta, con escalas en Gander (Terranova), Marrakech (Marruecos) y El Cairo.

Las primeras misiones no fueron prometedoras. Desde el bautismo de fuego, ataque a Bangkok el 5
de junio de 1944, el porcentaje de aviones que regresaban por averías mecánicas graves o se estrellaban por las mismas siempre rondaba la quinta parte, y casi siempre los efectos de los bombardeos eran nimios. Las tripulaciones tenían que seguir corrigiendo fallos y ser capaces de sacar todo el rendimiento a sus potentes pero aún demasiado imprevisibles máquinas. Pero ni el general Wolfe ni su sustituto, el general Saunders, fueron capaces de mejorar los resultados a la velocidad que Washington quería. El máximo  responsable de la USAAF, el teniente general Henry H. “Hap” Arnold, dio con la clave trayendo al general Curtis Le May, procedente de la Octava Fuerza Aérea y que, en Europa, se había convertido en una arma efectiva y demoledora. Le May adaptó tácticas de navegación procedentes de la guerra europea, mejoró con mano de hierro la formación de las tripulaciones y la fiabilidad de los aviones. Y los resultados empezaron a llegar. El 14 de Octubre de 1944 atacaron un complejo aeronáutico en Formosa. Destruyeron casi todos los edificios, así como 116 aviones estacionados en tierra. Ningún avión fue derribado sobre el objetivo.

Los B-29 iban a convertirse en el martillo del infierno para los japoneses al tomar las Islas Marianas, en el verano de 1944. Todo el archipiélago nipón estaba ahora a tiro.  Los ingenieros norteamericanos, construyeron tres enormes bases en las islas de Saipán, Tinian y Guam. La información aportada por el avión de reconocimiento fotográfico Tokio Rose permitió localizar la ubicación de las factorías aeronáuticas en el área metropolitana de la capital, y el 24 de noviembre de 1944 se produjo el primer bombardeo de precisión sobre la capital. Pero las perturbaciones meteorológicas, dificultaban la precisión de los impactos y las bajas volvieron a ser prohibitivas. Hansell fue sustituido por Le May y éste decidió bajar la cota de los ataques de los Superfortress, de los 9.000 a los 3.000 metros, para mejorar el ratio de impactos. Además, y a petición de Washington, empezaron a plantearse el realizar bombardeos con bombas incendiarias, cambiando el concepto del bombardeo “quirúrgico” por el de la alfombra de fuego. Los químicos norteamericanos habían descubierto un compuesto de gasolina gelatinosa que prendía todo lo que tocaba y provocaba incendios de gran potencia. Lo denominaron napalm y se prepararon a utilizarlo lo antes posible.

Con estos nuevos condicionantes, el 10 de marzo de 1945, se efectuó una incursión nocturna sobre la ciudad de Tokio con 334 superfortalezas cargadas con bombas incendiarias de napalm AN-M47 y AN-M69. Los primeros aviones, desde una altura de 1.500 a 2.800 metros, empezaron a producir incendios puntuales para señalar la posición al grueso de la formación, que la propia configuración de las ciudades japonesas – abigarradas masas de casas de madera – se encargaron de avivar con las repetidas oleadas de bombarderos, hasta convertirlos en un holocausto llameante totalmente descontrolado. Casi la cuarta parte de los edificios de Tokio desaparecieron y murieron 83.783 personas. Más de un millón quedó sin hogar. Y las incursiones incendiarias continuaron: durante el mes de marzo de 1945, se efectuaron cuatro ataques más sobre Nagoya, Osaka y Kobe. La destrucción producida en aquellas ciudades fue también terrible, y la producción industrial nipona quedó totalmente dislocada. Y si Le May dio una tregua al  Japón fue simplemente porque las existencias de bombas incendiarias, tanto las de napalm como las de magnesio, estaban totalmente agotadas.


A continuación, los B-29 fueron empleados para destruir los aeródromos japoneses situados en la isla de Kyushu e impedir que pudieran interceptar la invasión de Okinawa, a mediados de abril volvieron las campañas de bombardeo incendiario. A estas alturas, Le May contaba en las Marianas con medio millar de bombarderos y consideraba, con razón, que con ellos iba a arrasar toda capacidad industrial del enemigo. Cuando esta segunda oleada concluyó en junio, las seis mayores ciudades del Japón estaban destruidas, factorías paralizadas, almacenes consumidos y millones de civiles sin hogar. Japón se moría irremediablemente y el gobierno civil japonés buscaba la posibilidad de obtener una paz honrosa, mientras la población temía a los gigantescos B-29 más que ninguna otra arma norteamericana. La población huyó masivamente de las urbes, y la voluntad de luchar decayó definitivamente. El propio Le May indicó que en octubre ya no quedaría nada que bombardear.

Pero los aliados querían una rendición incondicional del Japón. De no ser así, tendrían que desembarcar en el archipiélago y luchar frente a tropas fanáticas dispuestas a inmolarse hasta el fin, tal como había sucedido en Iwo Jima y Okinawa. El nuevo presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, decidió que había que dar un golpe definitivo en la mesa y acabar con la guerra. Little Boy y Fat Man, las dos primeras bombas atómicas, fueron lanzadas contra dos ciudades que aún estaban indemnes, Hiroshima y Nagasaki, el 6 y el 8 de agosto de 1945. Por supuesto, lanzadas desde dos B-29 modificados. Enola Gay y Bock´s Car declararon al mundo civilizado que, los aliados estaban dispuestos a eliminar a Japón del mapa si la rendición no era inmediata e incondicional. Horas más tarde del ataque a Nagasaki, el emperador Hirohito anunció que el Japón debía “soportar lo inaguantable” y se cursó la petición de rendición.


El B-29 Superfortress, fue, tras el final de la guerra, prontamente superado por modelos mejorados del mismo (el llamado B-50, con motores más potentes, cola rediseñada y mejoras estructurales) o nuevos diseños acordes con las nuevas necesidades disuasorias de la Guerra Fría (B-36 Peacemaker, B-47 Stratojet o definitivamente B-52 Stratofortress), y a principios de los años 60, desapareció de los arsenales norteamericanos. Pero continúa vigente su halo de orgullo de la superioridad técnica e industrial norteamericana y de su terrible potencial, y por otro lado, se mantiene como un icono de terror en las generaciones pasadas de japoneses, la aplicación terriblemente real de lo que supone un arma disuasoria. Y es que, si tuviéramos que identificar el arma más terrible que acabó con el Japón, esa fue el B-29.

viernes, 19 de enero de 2018

JOSE SANTIAGO GARNELO Y ALDA: ¡A la guerra!

Óleo sobre lienzo de 222 X 148 cm. Su puede ver en el Museo Garnelo.

JOAQUIN AGRASOT JUAN: Un jardín valenciano

JOAQUIN AGRASOT JUAN

UN JARDÍN VALENCIANO: Óleo sobre lienzo de 61X116 cms 

En el Museo de Bellas Artes de Valencia.

LOS REINOS DE TAIFAS-La Taifa de Tortosa

Labib al-Fatá, era un eslavo, antiguo liberto de Almanzor, que detentaba el poder en aquella región hacia 1009. Cuando se produjeron los sucesos de Córdoba, constituyó inmediatamente su taifa titulándose malik (rey). Durante su mandato, el régulo de Zaragoza Mundir al-Mansur se apoderó de la ciudad y lo expulsó del reino, aunque por poco tiempo, ya que fue defendido y repuesto por Mubarak, régulo eslavo de Valencia que gobernaba conjuntamente con Muzaffar.

Entre los años 1017 y 1019 murieron los régulos de Valencia y sus ciudadanos ofrecieron el poder a Labib, que a su vez asoció el reino a Muyahid de Denia. En un principio gobernaron conjuntamente, pero las diferencias entre ellos hicieron que Labib abandonara pronto Valencia y regresara a Tortosa. Como todos los régulos eslavos de Levante, Labib reconoció en 1035 al falso califa Hisham II, patrocinado por el régulo de Sevilla.
Hacia 1039 o 1940, Labib murió, seguramente, en Tortosa.
Muqatil Sayf al-Milla, fue el segundo régulo, también eslavo liberto de Almanzor, y tomó el título honorífico de Sayf al-Milla (espada de la comunidad). Fue cliente de Almanzor en Córdoba y no se sabe si depuso a su predecesor o lo sucedió antes de morir. También reconoció al falso califa Hisham II. En 1053, a pesar de las buenas relaciones que tenía con los demás eslavos de Levante, fue atacado cerca de Tortosa por el ejército de un grupo de ellos aposentados en Játiva que lo derrotaron y mataron. Su cabeza fue entregada a Abd al-Aziz, régulo amirí de Valencia.
Yalá al-Amirí, fue el tercer régulo del reino de Tortosa y lo pusieron los amiríes de Valencia, cuando se deshicieron de Muqatil. Tomó el título honorífico de su predecesor. Debió morir en 1057, pues de este régulo sólo se sabe el inicio y final de su reinado por la acuñación de unas monedas con su nombre y con esas fechas. Todo lo demás se desconoce.
Nabil al-Fatá, fue el cuarto y último régulo eslavo de la taifa. El hecho de que Tortosa fuera una próspera ciudad con un puerto de gran actividad comercial, hizo que fuera muy apetecida por al-Muqtadir de la taifa de Zaragoza y por el conde de Barcelona Ramón Berenguer I. La estrecha amistad y la actitud de casi sumisión que Nabil mantuvo con el conde, motivó que los habitantes de la ciudad creyeran que el régulo entregaría la ciudad al conde cristiano. Ello provocó una sublevación de la población que acabó con el asesinato de Nabil en 1060. 
En aquel año y después de aquellos sucesos, los tortosinos, que compartían intereses políticos y económicos con el reino taifa de Zaragoza, ofrecieron el reino a al-Muqtadir.
Ahmad ben Sulayman al-Muqtadir, régulo de Zaragoza, ocupó, al parecer de forma pacífica, el reino de Tortosa. A partir de aquella fecha de 1060, éste quedó englobado en el reino taifa de Zaragoza hasta 1081, fecha en la que murió al-Muqtadir.
Mundir, a la muerte de su padre al-Muqtadi en 1081, se hizo, en un reparto con su hermano Yusuf, con los territorios de Tortosa, Lérida y Monzón, convirtiéndolos en una nueva taifa separada de la de Zaragoza. También, desde aquella fecha, reinó en la taifa de Denia, de la que ya era gobernador por mandato de su padre en 1076. En 1087, Mundir intentó, con la ayuda del conde de Barcelona Berenguer Ramón II, apoderarse de Valencia, pero tuvo que retirarse ante la llegada de tropas toledanas y castellano-leonesas.
Mundir murió en 1090 y fue sucedido por su hijo Sulayman.
Sulayman ben Mundir Sayyid (o Sad) al-Dawla, sucedió a su padre siendo un niño y tomó el título honorífico de Sayyid (o Sadal-Dawla. Reinó bajo la tutoría de una poderosa familia hasta que el reino fue conquistado por los almorávides. Primero cayó Denia en 1092, y luego, entre 1102 y 1110, el resto del reino.


JUAN DE FLANDES: Santiago Peregrino

Realizado aproximadamente en 1507. Es un óleo sobre tabla, de 49 X 37 cm. Representa a Santiago el Mayor como peregrino, con el báculo...