viernes, 22 de septiembre de 2017

RAFAEL SANZIO: La Virgen del Jilguero

Realizado entre 1505 y 1506, es un óleo sobre tabla, de 107 X 77 cm.

Es un cuadro ideal para entender el arte del Cinquecento italiano. Los artistas buscaban un mayor naturalismo en las posturas y el movimiento de las figuras, pero no estaban dispuestos a prescindir del orden, el equilibrio y la simetría. Para solucionar esto, se les ocurrió la genial idea de enmarcar a los personajes dentro de figuras geométricas estables, como el triángulo o el cuadrado. De este modo, aunque sus gestos parezcan más naturales, el efecto general que transmite la obra es de reposo y armonía. En este caso, las tres figuras forman un triángulo perfecto. 

La Virgen está sentada en una roca leyendo un libro, mientras controla que su hijo y su sobrino no se desmadren. San Juan Bautista va vestido con su habitual traje de pieles. Con cara de emoción, le enseña a su primo un jilguero que ha conseguido atrapar. El Niño le mira a los ojos y alarga la mano para tocar al pajarillo, pero está serio y pensativo. El jilguero simboliza la Pasión y se supone que él ya conoce su futuro, es bastante común que el Niño Jesús tenga cara de resabiado en los cuadros, mientras que San Juan tiene un aspecto más infantil. Los tres personajes quedan unidos por sus miradas, que forman también un triángulo más pequeño. El detalle del Niño pisando a su madre es una delicia. Sus pies están colocados exactamente en la misma posición que los de ella, como si fuese un reflejo suyo. 


El paisaje recuerda un poco a los que pintaba Leonardo, con ese pequeño desnivel en primer término, a los pies de las figuras, como el de “La Virgen de las Rocas”. También por el uso del sfumato y la perspectiva aérea, que hace que las formas se desdibujen a medida que se alejan, tiñéndose de un tono azulado. A su maestro Perugino, le copió esos arbolillos de hojas escasas y troncos largos y delgados que siempre aparecen en sus obras y que parece imposible que puedan mantenerse erguidos. 

LA MARINA DE GUERRA DEL SIGLO XVIII: Una alianza no deseada

Príncipe de Asturias
Nos encontramos en plena Revolución Francesa. Hay pequeñas escaramuzas especialmente en la frontera catalana. La paz definitiva con Francia se firmó en Basilea el 22 de julio de 1792 y en un increíble cambio de alianzas, Carlos IV, se alió el año siguiente, con Francia, por el tratado de San Ildefonso de 18 de agosto de 1796. Esta alianza fue considerada por muchos "contra natura", algunos ante la mala situación de la Armada para afrontar una guerra contra los británicos,  se opusieron a ella. Tal es el caso de Alejandro Malaspina, quien pagó su osadía con el destierro a Italia. También José Mazarredo comunicó a sus superiores, el pésimo estado de la Armada, debido principalmente al desvío de recursos al Ejército, valiéndole el ser destituido como jefe de la escuadra de Cádiz, y conducido de cuartel al Ferrol.
Carlos IV

Nos encontramos en plena Revolución Francesa, hay pequeñas escaramuzas especialmente en la frontera catalana. La paz definitiva con Francia se firmó en Basilea el 22 de julio de 1792 y en un increíble cambio de alianzas, Carlos IV, se alió el año siguiente, con Francia, por el tratado de 1792 Ildefonso de 18 de agosto de 1796. Esta alianza fue considerada por muchos "contra natura", algunos ante la mala situación de la Armada para afrontar una guerra contra los británicos,  se opusieron a ella. Tal es el caso de Alejandro Malaspina, quien pagó su osadía con el destierro a Italia. También José Mazarredo comunicó a sus superiores, el pésimo estado de la Armada, debido principalmente al desvío de recursos al Ejército, valiéndole el ser destituido como jefe de la escuadra de Cádiz,  y conducido de cuartel al Ferrol.

Aun no había comenzado, oficialmente,  la guerra, cuando parte desde Cádiz la escuadra de don Juan de Lángara,  compuesta por 26 navíos y 14 fragatas, dando escolta hasta adentrarse en el Atlántico  a la francesa del contralmirante Richery, con 7 navíos y 4 fragatas, que se dirige a efectuar un raid sobre Terranova, que efectuará con éxito. 
Alejandro Malaspina

Al volver Lángara al Mediterráneo, dio caza a la escuadra de Mann, que se batió en retirada, perdiendo un transporte y un bergantín. Al poco se topó en Córcega, con la de Jervis, de sólo 15 navíos;  la ocasión era perfecta, pero Lángara,  la dejó pasar y fondeó en Tolón,  donde se reunió con la escuadra francesa de 12 navíos,  mandada por el contralmirante Villeneuve, escoltándola hasta el Atlántico en su viaje a Brest, volviendo después a su base. Los británico ante la situación, decidieron retirarse del Mediterráneo.
Juan de Lángara

Se producen continuos enfrentamientos aunque de escasa importancia. El 13 de octubre de 1796, a la altura del cabo de Gata, se encuentran la fragata española Mahonesa, de 34 cañones, al mando de don Tomás de Ayalde, y la inglesa Terpsícore de 40 al mando de Richard Bowen. El combate se prolongó por dos horas, con el resultado de la rendición de la fragata española. El 2 de diciembre fue apresado, sin apenas resistencia el bergantín Correo, por la fragata Southampton, de 34 cañones.

Pero no todo iban a ser descalabros para nuestros intereses. A finales de 1796, el ya capitán de navío Horacio Nelson,  regresaba de aguas italianas, con las fragatas Blanche de 32 cañones y la Minerve de 38, donde enarbolaba su insignia de comodoro. Y se iba a producir su única derrota naval. A eso de las 11 de la mañana del 19 de diciembre de 1796, a la altura de Cartagena,  avistaron dos fragatas españolas, la Santa Sabina de 40 cañones al mando de don Jacobo Stuart, y la Santa Matilde de 34, al mando de don Miguel Maria Gastón de Iriarte. Inmediatamente comenzó el combate entre la Minerve y la Santa Sabina por un lado, y entre la Blanch y la Santa Matilde por otro.
José Mazarredo

El combate se prolongó por unas tres horas, hasta que cedió el palo de mesana de la Santa Sabina. Se trasladó una tripulación de presa a la fragata española para darle remolque, debido al penoso estado de su aparejo. Pero Nelson conservó por poco tiempo su presa, a eso de las 04:30, apareció la Santa Matilde, Nelson  ordenó soltar el remolque y enfrentarse a la nueva fragata. Llevarían media hora zurrándose, cuando aparecieron varias velas españolas que salían de Cartagena. Eran las fragatas Ceres y Perla, seguidas de cerca por el formidable tres puentes, Príncipe de Asturias.

Nelson aunque se le había incorporado la Blanche, nada podía hacer ante la superioridad española, decidiendo batirse en retirada. En la apresada Santa Sabina, había quedado la tripulación de presa, al mando de Hardy, amigo personal de Nelson,  que mandó el Victory en Trafalgar,  y en cuyos brazos murió el almirante inglés, Hardy intentó la resistencia, pero tuvo que rendirse. A pesar de que el resultado no fuera importante, si que lo fue en cuanto a victorias.


Pero aun quedaría un combate más, cuando el navío de 74 cañones San Francisco de Asís, fondeado en Cádiz,  perdió sus anclas por una tempestad, teniendo que hacerse a la mar para no irse contra la costa. Nada mas dejar el abrigo de Cádiz,  su comandante, don Alonso de Torres Guerra,  se vio atacado el 26 de enero de 1797 por una división de cuatro fragatas enemigas, la superioridad de fuego de estas, estaba en parte compensada por el mayor calibre de la batería baja del navío español, en la robustez de sus costados, y en la pericia de Torres, que hizo retirarse a las cuatro fragatas, con daños considerables. 

JUAN NEGRIN

Científico y político español que presidió el último gobierno de la República (1937-1939). Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, el 3 de febrero de 1892. Procedente de una familia de comerciantes canarios acomodados, estudió medicina en la Universidad de Leipzig (Alemania). Desde 1922 fue catedrático de Fisiología en la Universidad de Madrid. Su procedencia de un ambiente conservador y su gran fortuna personal no impidieron que durante la dictadura de Primo de Rivera, ingresara en el Partido Socialista (PSOE), en el que se alineó con Indalecio Prieto.
Tras el advenimiento de la Segunda República sería elegido diputado de sus tres legislaturas, siempre representando a las islas Canarias. Aunque no tenía mucho peso político en el partido, cuando estalló la Guerra Civil, fue nombrado ministro de Hacienda en el gobierno presidido por Francisco Largo Caballero. Se ocupó de organizar la economía de guerra del bando republicano y de negociar la prestación de ayuda económica y armamentística por parte de la Unión Soviética, entregando a la URSS las reservas de oro del Banco de España. Ya entonces destacó por su insistencia en que la República tratara de atraerse el apoyo de las potencias occidentales, mostrándose como un régimen liberal-democrático reformista y moderado; para ello se esforzó por poner coto a los asesinatos políticos y a los excesos de la represión en la retaguardia, mostrándose como un escrupuloso defensor del respeto a la legalidad.

En 1937 sustituyó a Largo Caballero como presidente del gobierno, cargo en el que permaneció hasta el fin de la guerra. Empujado por la necesidad de la ayuda soviética, se apoyó en los comunistas del PCE, con los que coincidía en su línea de dar prioridad a la disciplina y la organización para ganar la guerra, postergando la revolución social, en contra de las pretensiones de los anarquistas de la CNT y de otros grupos políticos, como el POUM. En 1938, ante el curso desfavorable de la contienda para las armas republicanas, ofreció a los rebeldes entablar una negociación sobre la base de trece puntos que llevaran a una salida democrática del conflicto; pero la oferta fue rechazada por Franco, que exigió hasta el final una rendición sin condiciones.
Ante tal intransigencia, Negrín ordenó resistir para prolongar la guerra, con la esperanza de que las tensiones internacionales llevaran al estallido de una guerra general en Europa en la que la República entrara como aliada de las naciones democráticas contra los regímenes fascistas de HitlerMussolini. Pero tales esperanzas de intervención extranjera en defensa de la República se desvanecieron después de la política de apaciguamiento mostrada por Gran Bretaña y Francia frente a Alemania en el Pacto de Múnich.

Cuando la Segunda Guerra Mundial estalló en 1939, el ejército republicano ya había sucumbido. Negrín, opuesto a la rendición incondicional en defensa del principio de legitimidad democrática, fue depuesto poco antes de la definitiva victoria franquista por el golpe de Estado del general Casado, en marzo de 1939. Se exilió en México y luego en Francia, ejerciendo hasta 1946 el cargo de presidente del gobierno republicano en el exilio.
Falleció en París el 12 de noviembre de 1956. Está enterrado en el cementerio del Père Lachaise. Dejó dispuesto que su muerte se anunciara dos días después, y que sobre su lápida no se escribieran más que sus iniciales: J.N.L.


jueves, 21 de septiembre de 2017

RAFAEL SANZIO: El sueño del caballero

Realizado entre 1504 y 1505, es un óleo sobre tabla, de 17,1 X 17,1 cm.

“Sogno del cavaliere” es una pintura de la época temprana del artista, que se conserva en la National Gallery de Londres. La obra representa el tema del sueño de Escipión, historia contada por Cicerón sobre la juventud de Escipión el Africano, según la cual Minerva y Venus se le aparecieron en un sueño. La primera le ofreció una espada y un libro; la segunda, una rama florida. En un estudio sobre cartón, conservado también en la National Gallery, “la dama de la izquierda parece aún más adusta; la de la derecha, mas atrevidamente descubierta”. El caballero aparece dormido a los pies de un laurel entre las dos figuras femeninas, elementos interpretados respectivamente como la gloria, la virtud y el amor.


Se sabe que el cuadro formaba un díptico con Las tres Gracias. Se desconocen más datos sobre la relación entre ambas obras. Pertenecieron a la colección de pinturas Borghese hasta 1800, cuando fueron vendidas por separado. 

RAFAEL SANZIO: El Cardenal

Fechada entre 1510 y 1511, es un óleo sobre tabla, de 79 X 61 cm.

Desde que se atribuyó la pintura a Rafael y quedó claro que el retratado no era Antonio Granvela, la crítica ha intentado esforzadamente identificar a este prelado. Los candidatos más razonables son los cardenales Bendinello Suardi (retratado por Sebastiano del Piombo, Washington, National Gallery of Art) y, sobre todo, Francesco Alidosi, por su indudable parecido con el personaje del Museo del Prado.

Independientemente de la calidad de su ejecución, lo que más llama la atención de este retrato es la extraordinaria perspicacia icástica de Rafael, capaz de fijar la imagen definitiva y universal de un cardenal del Renacimiento, sin renunciar por ello a representar la singularidad de este individuo. La efectista recreación de las calidades de los tejidos, como los visos de la muceta de seda roja, demuestran un conocimiento directo de la pintura veneciana. No en vano se ha documentado a Lorenzo Lotto trabajando en el palacio vaticano en 1509, planteándose en más de una ocasión su posible influencia sobre Rafael.


La obra se fecha hacia 1510, un año antes de que Alidosi muriera, por su similitud con el retrato de León X (National Gallery), y su composición triangular deriva claramente de los motivos leonardescos y en particular de la Gioconda.

BATALLA DE ALMANSA

Para comenzar esta publicación, hemos de remontarnos a finales del siglo XVII, más concretamente al 1 de Noviembre de 1700, Carlos II “El Hechizado” ha muerto sin descendencia directa. Su legado, codiciado por todas las potencias, recae en manos de Felipe de Anjou, nieto de María Teresa, hermana del fallecido rey, Austria se opone, ya que de aceptarlo acabaría el reinado de la Casa Habsburgo en España. Intentan reemplazar a Felipe de Anjou por el Archiduque Carlos de Austria.
Felipe V
El Equilibrio Europeo se veía amenazado, a causa de que los tronos, español y francés, pudieran ser gobernados por un solo soberano, a lo que se añade el desasosiego de Inglaterra y Holanda por la apertura a Francia del mercado con las Indias.
La Guerra de Sucesión a la corona española, librada entre Felipe de Anjou y el Archiduque Carlos de Austria, tuvo en Almansa uno de sus más importantes teatros de operaciones. Tuvo lugar el 25 de abril de 1707, en las proximidades de la ciudad de Almansa, allí se reunieron importantes contingentes militares, mayoritariamente extranjeros, que algunos historiadores cifran en más de 50.000 hombres.
Al mando de los ejércitos del Archiduque Carlos, se encontraban los generales Galway y Das Minas, con un total aproximado de 16.000 hombres, y por la parte borbónica dirigidas las tropas de Felipe de Anjou, el Duque de Berwick, con unos 12.000 hombres. La
Carlos de Austria
línea Borbónica se extendía a lo largo del término municipal de Almansa, en dirección sur-norte en un frente de 6 Km, desde el cerro del Montizón hasta el de la Atalaya, atravesando parajes fácilmente identificables actualmente, con nombres tan sugerentes como la "Centinela", el "Cerro de los Prisioneros" o el "Camino de la Columna" como antiguamente se llamaba al monolito.
A pesar de que en un principio Barcelona acató al nuevo monarca Felipe V, lo cierto es que poco después se decantaría por el Archiduque Carlos al que nombró emperador en 1711. En Aragón y Valencia la situación era diferente ya que comenzaba a plantearse una cuestión de centralismo castellano frente al federalismo aragonés. Dada la proximidad de las tropas borbónicas que habían conseguido controlar territorios como Caudete, Villena, Elda, Novelda, Elche, etc y ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos a principios de 1707, el Archiduque Carlos decidió abandonar la ciudad de Valencia donde se encontraba para marchar hacia Barcelona con la intención de instalar su corte en estos territorios.
Los generales austracistas Galway y Das Minas se anticiparon al ejército borbónico y elaboraron un plan para asestar un duro golpe a las tropas de Berwick. Éste se encontraba en las proximidades de Almansa esperando los refuerzos que tenían que llegar por el norte a cargo del duque de Orleans. El factor sorpresa fue insuficiente para contrarrestar la superioridad de la caballería borbónica que acabó con el inexperto, variopinto y desorganizado ejército austracista. Su derrota despejó y allanó el camino de las tropas borbónicas hacia Valencia que cayó un mes más tarde, junto a numerosas ciudades y villas de toda la región.
Duque de Berwick
Berwick contó con la caballería española y la francesa, además de una unidad irlandesa. Formó su ejército en dos líneas justo enfrente de Almansa, con la caballería española en el ala derecha y la caballería francesa en el ala izquierda. La infantería en el centro. Mientras el orden de la disposición de Galway fue diferente. Dispuso sus fuerzas en dos líneas pero mezcló la caballería y la infantería en ambas alas.
La victoria de este últimos se cimento en una mejor disposición táctica de las tropas y en la superioridad de su caballería, y al llegar a la tarde del 25 de abril de 1707, la batalla concluyo con la desbandada de las tropas del Archiduque Carlos, entre las que se produjeron un elevado número de bajas y prisioneros; lo que dejaba abierto el camino hacia Valencia a las tropas de Felipe de Anjou.
Bomba de la época
El general octogenario Das Minas tuvo la desgracia de presenciar la muerte de su mujer que le acompañaba vestida de hombre. Galway sufrió un golpe de sable que le produjo una grave herida encima de los ojos en el momento más crítico de la batalla y por ello tuvo que abandonar la lucha. Según Berwick: “El enemigo tuvo 5000 muertos y cerca de 10000 prisioneros; perdió 120 pares de banderas y estandartes, toda su artillería y la mayoría de su bagaje... Nuestras pérdidas en total ascendieron a unos 2000 hombres”.
CONSECUENCIAS DE LA BATALLA DE ALMANSA
En primer lugar la caída de los reinos de Aragón y Valencia: El 26 de abril de 1707 llegaba a Almansa el duque de Orleáns; sus fuerzas, unidas a las de Berwick, marcharon el 27 de abril hacia Requena, que se rindió el 6 de mayo. Seis días después Valencia se sometía a Berwick, y el 26 del mismo mes el duque de Orleáns entraba en Zaragoza. Uno de los hechos más lamentable se produciría en Játiva. Fiel al archiduque hasta el último momento, soportó el sitio desde el 26 de mayo al 6 de junio. Sin atender los consejos del duque de Orleans y de numerosas personalidades del reino valenciano, Felipe V ordenó que la ciudad fuese quemada y le fuese cambiado el nombre por el de San Felipe.

Pérdida de los fueros: La frase pronunciada por Berwick al entrar en Valencia despejaba cualquier tipo de duda respecto al futuro de los fueros valencianos: "...este Reyno ha sido rebelde a Su Majestad y ha sido conquistado, haviendo cometido contra Su Majestad una grande alevosía; y así, no tiene más privilegios ni fueros que aquellos que Su Magestad quisiere conceder en adelante...". El 29 de junio de 1707, Felipe V promulgaba el Decreto de Nueva Planta, que venía a abolir los fueros de Aragón y Valencia. Como consecuencia, los valencianos perdían todas sus instituciones de gobierno y quedaban sometidos, tanto en el aspecto administrativo, como en el relativo al derecho privado, a las leyes de Castilla.

El recuerdo de aquella represión permitió acuñar una máxima que todavía suele escucharse hoy día, casi 300 años después: "Quan el mal ve d’Almansa a tots alcança".

Impacto para Almansa: El triunfo borbónico supuso para los almanseños el fin de la inseguridad y la tensión que existieron en la comarca desde que en 1705 las tropas aliadas desembarcaron en Denia. La presencia del ejército franco-español trajo consigo desagradables incidentes; algunos soldados incontrolados se dedicaron al robo de ganado, así como al asalto de casas de campo, molinos e incluso de la ermita de Nuestra Señora de Belén, aunque la imagen no estaba allí sino en la villa. A ello hay que unir los elevados gastos que supuso para los vecinos de Almansa su contribución al mantenimiento de un ejército tan numeroso y al sostenimiento de los hospitales improvisados para atender a los heridos. Así vemos como el 28 de abril de 1707, el caballero d’Asfeld, exigía al concejo 400 colchones, 200 doscientos jergones, 600 mantas, todo el lienzo y vendas disponibles y 400 escudillas con destino al hospital de franceses, además de las cuadrillas de hombres necesarias para enterrar a los muertos. Todo esto es prueba de que, al menos económicamente, los almanseños también sufrieron un duro quebranto.

Feria y título para Almansa: El 12 de agosto de 1707, una real cédula otorgaba a la villa de Almansa quince días de feria franca, a comenzar desde el día de San Marcos (25 de abril). Asimismo, con fecha 19 de julio de 1707, Felipe V concedía a la población el título de "Muy Noble, Muy Leal y Felicísima".

 
Retrato de Felipe V en Xátiva

FRANCISCO LARGO CABALLERO

Político y dirigente socialista, había nacido en Madrid, el 15 de octubre de 1869. A los nueve años se inició en el oficio de estucador, donde desarrollaría su actividad sindicalista. En 1890 ingresó en la Unión General de Trabajadores (UGT), fundada en 1888, y en ese mismo otoño participó en la organización de una huelga de escayolistas para reivindicar la jornada laboral de ocho horas. En 1894 ingresó en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), comenzando así su carrera política. Desde 1904 fue uno de los seis vocales de la Junta Directiva del Instituto de Reformas Sociales designado por los trabajadores; al año siguiente fue elegido concejal del Ayuntamiento de Madrid por el PSOE, cargo que siguió ocupando tras los comicios municipales de 1909 y 1913.
Miembro de la Comisión Ejecutiva de la UGT, fue detenido en 1909 acusado de preparar la huelga contra la guerra de Marruecos. En calidad de vicepresidente del Comité Nacional de la UGT, fue uno de los cuatro firmantes del manifiesto conjunto del PSOE y la UGT del 12 de agosto de 1917 para convocar una huelga general revolucionaria, que desencadenó la tercera fase de la crisis de 1917; como consecuencia de ello, fue detenido el 29 de septiembre de ese mismo año con los otros tres integrantes del comité de huelga y firmantes del manifiesto: Daniel Anguiano, vicesecretario de la UGT, y Julián Besteiro y Andrés Saborit, como vicepresidente y vicesecretario, respectivamente, del PSOE. Los cuatro fueron juzgados, condenados a cadena perpetua y trasladados al penal de Cartagena (Murcia).

En las elecciones de 1918 fue elegido diputado a Cortes, al igual que sus compañeros de presidio, por lo que fue excarcelado en mayo de 1918; en el XIII Congreso de la UGT, celebrado en julio de aquel mismo año, salió elegido secretario general, cargo  que ocupó durante veinte años. Como secretario general de UGT, asistió en 1919 al congreso de la II Internacional en Berna y al I Congreso de la Federación Sindical Internacional (FSI), que tuvo lugar en Ámsterdam. A su regreso, y contra los criterios de otros dirigentes socialistas, Largo Caballero se opuso a la integración del PSOE en la III Internacional, razón por la cual no formó parte de la ejecutiva del PSOE salida del congreso extraordinario de 1920, en el que eran mayoritarios los partidarios de la adhesión a la misma.
Durante la dictadura de Primo de Rivera apoyó, frente a la oposición de Indalecio Prieto y Fernando de los Ríos, la aceptación de cargos públicos por parte de los militantes del partido y del sindicato, hasta el punto de que él mismo formó parte, a partir de 1924, del Consejo de Estado. La pretensión de Primo de Rivera de perpetuar un régimen que había nacido con vocación de provisionalidad llevó a Largo Caballero a distanciarse de la postura del dictador y, finalmente, apoyó la tesis defendida por Indalecio Prieto de integrar al PSOE en el pacto de San Sebastián en  1930, cuyo objetivo era derrocar a Alfonso XIII y preparar el advenimiento de la república.

Tras las elecciones municipales de 1931, y ante la victoria de los republicanos en las principales capitales de provincia y la proclamación de la Segunda República, Alfonso XIII abandonó España. Los firmantes del pacto de San Sebastián constituyeron un gobierno provisional, presidido por Niceto Alcalá Zamora, en el que Francisco Largo Caballero se hizo cargo de la cartera de Trabajo. Tras la aprobación de la Constitución de 1931, se mantuvo al frente del mismo ministerio en el primer gabinete presidido por Manuel Azaña (1931-1933). En 1932 fue elegido presidente del PSOE, cargo en el que permanecería hasta su dimisión en 1935.
Tras la victoria conservadora en las elecciones de 1933, los dirigentes del PSOE tuvieran que abandonar el gobierno y pasar a la oposición. Largo Caballero, había ido evolucionando hacia posiciones cada vez más extremas, intervino de forma decisiva en los preparativos de la Revolución de Octubre de 1934, acelerada por la entrada de ministros pertenecientes a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) en el gobierno de Alejandro Lerroux. Sofocada la revuelta, fue juzgado y condenado por su implicación en los sucesos revolucionarios, pero quedó pronto en libertad. En 1936 fue elegido diputado por el Frente Popular.
Tras el estallido de la Guerra Civil, mientras los sublevados avanzaban sobre Madrid, Francisco Largo Caballero fue designado para presidir un gobierno de coalición, compuesto por las diferentes fuerzas políticas del Frente Popular, ocupando a la vez la cartera de Guerra; sin embargo, incapaz de resolver la crisis barcelonesa de mayo de 1937: enfrentamientos entre la Generalitat de Catalunya y los comunistas con los anarquistas y los militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista, POUM, se vio obligado a dimitir de la presidencia del gobierno y, carente incluso del apoyo de los tres ministros socialistas, a abandonar sus cargos en el PSOE y en la UGT.

En enero de 1939 abandonó España con destino a Francia, pero, tras la invasión de este país por las tropas alemanas en 1940, fue detenido por el gobierno colaboracionista de Vichy, entregado a los alemanes e internado en 1943 en el campo de concentración de Sachsenhausen, cerca de Oranienburg (Alemania), de donde fue liberado en 1945, poco antes de su fallecimiento, que se produjo en París, el 23 de marzo de 1946.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA MARINA DE GUERRA DEL SIGLO XVIII: Consecuencias de la Revolución Francesa

Toma de La Bastilla
A pesar de la opinión de los marinos españoles, británicos y españoles se aliaron en contra de los franceses. La opinión era contraria porque, Francia y España tarde o temprano,  estaban abocadas a entenderse, y una total o parcial destrucción de la Marina francesa, podría interesar mucho a los ingleses, pero poco a los españoles.
Ya de por si,  la Marina francesa había quedado muy debilitada a causa de la revolución, ya que numerosos mandos fueron ejecutados o debieron emigrar. A pesar de los esfuerzos de Napoleón, la Marina francesa nunca se recuperó.
De 1792 a 1795, perdieron 33 navíos y 31 fragatas, e incluso Tolón fue atrasado, en su recuperación brilló un joven oficial de artillería  llamado Napoleón Bonaparte. Es sorprendente que mientras el ejército, fue ganando confianza en sí mismo, en la Marina ocurrió todo lo contrario.
En lo que se refiere al ejército español, se vio obligado a un esfuerzo colosal para sus medios, en la "Campaña de los Pirineos". En un principio gracias al buen mando del general Ricardos y a la desorganización del ejército enemigo, se hicieron algunos avances. Justo hasta que Ricardos desapareció y los franceses se organizaron.
En cuanto a la Marina, no se construían nuevos buques desde 1798, ni había dinero para innovaciones técnicas, pero si para cambiar tres veces de uniformidad y pasar de 277 a 435 generales en cuatro años.
La Hacienda Real estaba agotada, tras la costosa Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Y la preocupación era lo mismo que había preocupado a Ensenada cincuenta años antes: tener que hacer frente a la Royal Navy a la vez que a un potentísimo ejército francés. Todo el mundo sabía que los franceses esperaban el momento idóneo Para, invadir la Península y cambiar el régimen.

Se optó por reforzar el ejército, aunque la medida fue insuficiente. Quedaba así un flojo ejército y una desamparada Marina.

JOSÉ GIRAL PEREIRA

Nacido en Santiago de Cuba, el 22 de octubre de 1879. Realizó estudios universitarios en Química y Farmacia y obtuvo en 1905 la cátedra de Química Inorgánica de la Universidad de Salamanca. En 1928 se trasladó a Madrid para ocupar la cátedra de Química Biológica de la Universidad Central.
Fue uno de los miembros más destacados del grupo de los novecentistas de la Unión Escolar, que contaba con la simpatía de personajes tan relevantes como Unamuno o Giner de los Ríos. Su militancia republicana y masona le llevó por primera vez a la cárcel en 1917, debido a su actividad en favor de la huelga general. Volvería a la cárcel en otras tres ocasiones durante las dictaduras de Primo de Rivera y Berenguer, por su apoyo a las ideas republicanas.

Legó a ser amigo íntimo de Manuel Azaña, participando junto con él en la creación del partido Acción Republicana. Tras la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931, Giral ocupó los puestos de consejero de Estado y de rector de la Universidad de Madrid. Fue ministro de Marina en todos los gobiernos presididos por Azaña.
Como diputado por Cáceres, representó en el Parlamento a Acción Republicana y posteriormente a Izquierda Republicana. Siguió siendo Ministro de Marina, en mayo de 1936, con el gobierno Casares Quiroga. Al conocerse la preparación de una sublevación militar contra la República, Giral, como ministro de Marina, fue responsable, en los días anteriores al levantamiento de julio de 1936, de la prohibición de las maniobras navales previstas en las costas marroquíes y canarias. Colocó en las estaciones radiotelegráficas, especialmente en la madrileña de Ciudad Lineal, a operarios de su absoluta confianza, con el fin de seguir de cerca cualquier movimiento de los militares rebeldes.

El 18 de julio de 1936, tras el alzamiento de las guarniciones de Marruecos, ordenó a los destructores Lepanto, Sánchez Barcaiztegui y Almirante Valdés, atracados en Melilla, así como al destructor Churruca y al cañonero Dato, próximos a la costa de Ceuta, abrir fuego sobre campamentos, destacamentos regulares, centros militares o cualquier agrupación de fuerzas sospechosa de secundar la rebelión. Los comandantes de los navíos no cumplieron la orden.
Ante el fracaso de las medidas adoptadas por el gobierno, el Presidente de la República, Manuel Azaña, encargó a Giral la formación de un nuevo gabinete. Éste decidió dar entrada a sectores más moderados. Giral siguió ostentando la cartera de Marina, además de asumir la presidencia del gobierno.
Como primera medida de su gabinete, Giral decidió armar a las masas obreras y a los sindicatos, para evitar que la sublevación se propagase sin resistencia. Esta medida resultó impopular entre los políticos, incluso entre los de su propio gobierno. Otra de sus disposiciones, fue ordenar la disolución inmediata del ejército sublevado. Giral se apresuró a solicitar la ayuda de Francia contra el avance del fascismo. Más tarde hizo la misma petición a la Unión Soviética. Sus siguientes actuaciones estuvieron encaminadas a normalizar la revolución libertaria que se estaba produciendo en muchos lugares de la zona republicana, mediante la incautación y expropiación de tierras e industrias. Destituyó a todos los funcionarios públicos sospechosos de apoyar el alzamiento y sustituyó a la Guardia Civil por la Guardia Nacional Republicana.
La situación crítica de la guerra provocó finalmente la dimisión de Giral como presidente del gobierno, el 5 septiembre de 1936. El encargado de sustituirle fue el dirigente socialista Largo Caballero. En los dos gabinetes que formó este último, Giral participó como ministro sin cartera. Durante el gobierno de Juan Negrín, de 1937 y 1938, Giral dirigió el ministerio de Estado y más tarde participó en los consejos de ministros sin cartera definida. Asimismo, tomó parte en la comisión de representantes republicanos que negoció el intercambio de prisioneros con el gobierno rebelde de Burgos. Estas conversaciones apenas dieron fruto debido a la negativa contumaz de los sublevados.

En 1939, Giral acompañó a Manuel Azaña al exilio francés. Ambos se refugiaron en la embajada española en París. Poco tiempo después, Giral se trasladó a México, país en el que residió hasta su muerte. Allí enseñó bioquímica en el Colegio de México, en el Instituto Politécnico y en la Universidad Nacional Autónoma. El 18 de septiembre de 1945 ocupó la presidencia del gobierno republicano en el exilio, con el reconocimiento único del gobierno mejicano. No dio entrada en este gabinete a los exiliados comunistas, apoyándose sobre todo en republicanos, socialistas moderados y algunos representantes del sindicato anarquista CNT.

Ello hizo que el movimiento de los exiliados españoles se dividiera y enfrentara. Giral no pretendía reanudar una nueva lucha intestina, pero, pensando en el apoyo de los estados aliados para derrocar al franquismo, dejó fuera a los comunistas totalitarios. En 1947 abandonó la presidencia del gobierno republicano. La muerte le llegó en su destierro mejicano el 23 de diciembre de 1962.

martes, 19 de septiembre de 2017

RAFAEL SANZIO: Caida en el camino del Calvario

Realizado entre 1515 y 1516, es un óleo sobre tabla pasada a lienzo, de 318 X 229 cm.

Encargada por Jacopo Basilio para el Monasterio de Santa Maria dello Spasimo en Palermo, de donde deriva su nombre popular, “El Pasmo de Sicilia”, que refleja el interés de Rafael por la representación de estados físicos y psicológicos extremos. El tono retórico de la obra y su compleja composición, distribuida en torno a dos diagonales que convergen en la figura de Cristo, remite a los cartones para tapices del Vaticano.

El Pasmo muestra la posición oficial de la Iglesia en el debate sobre la naturaleza del dolor de la Virgen durante la Pasión de Cristo, al mostrarla sufriente y compasiva pero consciente y no desmayada.

Cuadro alabadísimo desde su ejecución, recientemente se ha cuestionado la veracidad del naufragio que, según Vasari, sufrió en su traslado, demasiado coincidente con las milagrosas circunstancias que rodearon la llegada a Sicilia en la Edad Media de una de sus imágenes más famosas: la Annunziata de Trapani. El virrey de Sicilia logró la cesión del cuadro a Felipe IV, quien lo destinó en 1661 al altar mayor de la capilla del Alcázar.

Firmado en el centro del margen inferior sobre una piedra.

DEWOITINE D 520

Avión monoplaza francés, de construcción metálica que entró en servicio en 1940. Al contrario que el Morane-Saulnier MS 406 que era el caza más numeroso de la Armée de l'Air, el Dewoitine D 520 era capaz de enfrentarse con los cazas alemanes como el Messerschmitt Bf-109. A causa de retrasos en la producción, solo un pequeño número de ellos estuvieron listos para enfrentarse a la Luftwaffe. Nadie duda que el D 520, hubiera presentado serios problemas a la Luftwaffe de haberse construido en grandes cantidades.

El Ministerio del Aire Francés solicitó en 1934 el desarrollo de un caza destinado a sustituir los que se encontraban en servicio. En Junio de 1936, la Dewoitine, encargó al diseñador Robert Castello iniciar los estudios para el nuevo caza, el cual debería desarrollar una velocidad de 520 km/h, inicialmente no consiguió los requisitos solicitados, siendo necesarias modificaciones, hasta llegar al D 520 impulsado por un motor Hispano-Suiza de 900 hp. El 3 de Abril de 1938 la fábrica término el primer ejemplar D 520-01, siendo entonces encargado por el Ministerio del Aire francés.


El primer prototipo voló el 2 de octubre de 1938 en Toulouse-Francazals, pilotado por Marcel Doret,  impulsado por un motor Hispano-Suiza 12Y-21 con hélice bipala, alcanzando una velocidad de 480 km/h; se adoptó entonces el motor HS 12Y-29 con hélice tripala y se instaló un radiador único ventral, alcanzando los 513 km/h el 7 de Febrero de 1939. El nuevo prototipo fue desarrollado con una nueva deriva, cabina cerrada, tren de aterrizaje reforzado y se le armó con un cañón de 20 mm instalado axialmente al motor y dos ametralladoras subalares, este ejemplar voló el 28 de enero de 1939, alcanzando los 527 km/h al mando del capitán Rozanoff.

El tercer ejemplar D 520-03 mejorado con un sobrecompresor Szydlowski, voló en Septiembre de 1939. El primer D.520 de serie voló el 2 de Noviembre de 1939, cuando ya se había iniciado la guerra, el Arma de Caza había solicitado en Abril de 1939, 200 D 520; elevando la cifra finalmente a 2.200 para Mayo de 1940; previéndose un ritmo de producción de 350 mensuales para Noviembre de 1940. El 10 de mayo, cuando los alemanes iniciaron su ofensiva en Francia, el Grupo de Caza I/3 con base en Canner-Mandelieu solo disponía de 36 D 520, habiendo sido entregados algunos otros aparatos a los Grupos de Caza II/3, II/7 y III/3 para entrenamiento.


Logrando derribar 108 aviones más 39 probables, perdiendo 54 en combate. Tras el fin de las hostilidades, los GC I/3, II/3, III/3, III/6 y II/7 vuelan a Argelia para evitar la captura. Tres cazas del GC III/7 vuelan al Reino Unido, donde serán entregados a los Franceses Libres: 153 aviones quedaron en Francia.


Datos Tácticos Técnicos
Tripulación: 1 Tripulantes.
Longitud: 8,76 m.
Envergadura: 10,20.
Altura: 2,57 m.
Superficie Alar: 15,95 m².
Peso en Vacío: 2.125 kg.
Peso Máximo al Despegue: 2.790 kg.
Planta Motriz: Un Motor Lineal Hispano-Suiza 12Y-45.
Potencia: 850 CV.
Hélices: Un Hélice Tripala.
Velocidad Máxima Operativa (Vno): 535 km/h.
Alcance: 1.540 km.
Techo de Servicio: 10.250 m.
Régimen de Trepada: 14.3 m/s.
Carga Alar: 167 kg/m².
Potencia/Peso: 257 W/kg.
Ametralladoras: Cuatro Ametralladoras MAC 1934 M39 de 7,5 mm.

Cañones: Un Cañón Hispano-Suiza HS.404 de 20 mm.

RAFAEL SANZIO: La Virgen del Jilguero

Realizado entre 1505 y 1506, es un óleo sobre tabla, de 107 X 77 cm. Es un cuadro ideal para entender el arte del Cinquecento italian...